2004, un año de elecciones clave en el mundo
En Rusia y España se prevé un triunfo del oficialismo el 14 del actual; la izquierda podría ganar en Uruguay y El Salvador
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La consagración de John Kerry como candidato demócrata esta semana en Estados Unidos marcó el inicio de lo que se anticipa como un feroz duelo de ocho meses contra George W. Bush, y llevó la febril carrera por la Casa Blanca al centro de la atención mundial.
Pero los norteamericanos no son los únicos que acudirán a las urnas este año. Elecciones cruciales en países como Rusia, España, Afganistán o Uruguay prometen, de hecho, hacer del calendario electoral de 2004 uno agitado. Y en algunos casos hasta preocupante.
Es el caso de Rusia, donde se da por descontado que el presidente Vladimir Putin logrará extender su mandato por otros cuatro años en la votación del 14 del actual, que tanto la oposición como distintas organizaciones internacionales denuncian como una farsa. La cita, advierten, será una repetición de las controvertidas elecciones parlamentarias de diciembre, cuando el partido del jefe del Kremlin arrasó tras una campaña que, según acusaron observadores europeos, exhibió dudosas credenciales democráticas.
Ahora, con el Parlamento a sus pies, el control casi absoluto de los medios, y un índice de aprobación del 79 por ciento, el ex espía de la KGB ni siquiera hará propaganda o participará en los debates televisivos, como hizo durante la campaña de 2000. Y muestra todas las señales de estar tranquilo tras la feroz ofensiva para deshacerse de sus potenciales rivales, sobre todo los llamados "oligarcas".
La Casa Blanca, que no oculta su consternación por los sucesos en Rusia, también sigue de cerca, y con creciente inquietud, las elecciones que tendrán lugar por esa época -el 20 del actual- en Taiwan. No por los comicios en sí, en los que el presidente Chen Shui-bian buscará su reelección, sino por el referéndum que el mandatario planea convocar en forma simultánea, supuestamente para exigir a China que retire los misiles que tiene apuntando a la isla.
Pekín, no obstante, ve en el llamado a esa consulta un paso hacia la independencia formal de Taiwan - que funciona como entidad autónoma desde 1949, pero que China continental aún considera parte de su territorio-, y amenazó con atacar la "provincia rebelde" en caso de separación oficial.
Estados Unidos, por su parte, instó a ambas partes a frenar la retórica belicista. Y pese a ser el mayor proveedor de armas y socio comercial de Taipei, lanzó una severa advertencia contra cualquier decisión unilateral que pudiera alterar el status-quo en la región.
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Las elecciones que sí promueve Washington con entusiasmo son las que programó para junio en Afganistán, donde las bombas norteamericanas arrasaron con el régimen talibán en octubre de 2001. Sin embargo, la lenta marcha del proceso de reconstrucción, las profundas divisiones étnicas y tribales de la población y, sobre todo, la violencia que continúa jaqueando al país asiático, pueden retrasar los primeros comicios democráticos en la turbulenta historia de Afganistán.
En la vecina Irán, la decisión del poderoso Consejo de Guardianes de excluir a cientos de candidatos reformistas de las recientes elecciones parlamentarias del 20 de febrero -cuando los fundamentalistas recuperaron el control del Parlamento- sumió a la república teocrática en unas de las mayores crisis gubernamentales de los últimos años.Y no sólo exacerbó la enconada lucha por el control político que libran reformistas y conservadores desde 1997, cuando el liberal Mohammed Khatami llegó a la presidencia, sino que suscitó una ola de condenas internacionales, agudizando las ya tirantes relaciones entre Teherán y Washington.
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Las presidenciales de julio en Indonesia, el cuarto país más poblado del mundo y el de mayor número de musulmanes, tampoco escaparán a las pugnas entre conservadores y moderados, sobre todo en momentos en que el radicalismo islámico está ganando terreno. De hecho, el terrorismo fundamentalista (responsable de los feroces atentados en Bali en octubre de 2002), al que se suman las constantes revueltas separatistas, una corrupción endémica e índices económicos preocupantes, ha conspirado contra las promesas de reforma que, hace cinco años, llevaron al poder a Megawati Sukarnoputri, hija del legendario líder de la independencia y primer presidente del archipiélago, Sukarno.
En España, en tanto, el nombre que más suena para suceder al presidente de gobierno José María Aznar en los comicios del 14 del actual es el de su delfín, Mariano Rajoy.
Aunque los socialistas prometen unirse para dar batalla en las urnas, no lograron capitalizar hasta ahora el descontento de la población por el apoyo incondicional que brindó Aznar a la ofensiva militar estadounidense en Irak, ni tampoco su indignación por el desastre ecológico del petrolero Prestige (que según los críticos fue mal manejado por el gobierno). En cambio, el Partido Popular hace de la buena marcha de la economía española un caballito de batalla infalible -hasta ahora- en la campaña electoral.
La contienda que ya entró en la recta final es la griega, donde en las elecciones legislativas de pasado mañana todos los partidos prometen cambios radicales después de casi 20 años de gobierno socialista.
Y a dos semanas de los comicios regionales en Francia, que aunque no son presidenciales serán una prueba crucial al mandato de Jacques Chirac, las encarnizadas disputas en el seno del gobierno de derecha están beneficiando a la izquierda y a la extrema derecha, según sondeos recientes.
Chirac, que libra una silenciosa, pero intensa batalla por la sucesión presidencial con su ambicioso ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, ahora debe concentrarse además en buscar reemplazante para 2007. Su sucesor designado y aliado más estrecho, el ex premier Alain Juppé, fue condenado a 18 meses de prisión condicional en la causa por "empleados falsos" del ex partido neogaullista. Hartos de tantas internas, escándalos y acusaciones cruzadas, el 65% de los franceses espera que los electores aprovechen los comicios "para expresar su descontento" hacia el gobierno, según advirtió una encuesta de Le Monde.
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En América latina, los comicios presidenciales de octubre en Uruguay, cuando llegue a su fin la gestión de Jorge Batlle, podrían quebrar con el centenario bipartidismo. Es que por primera vez en la historia del país, la izquierda, liderada por el carismático médico Tabaré Vázquez, se perfila como probable ganadora, siguiendo una tendencia que ya se repitió en otros estados latinoamericanos.
Vázquez ya se anotó un significativo triunfo en diciembre cuando lideró la campaña que logró revocar, en un referéndum clave, la privatización parcial de la petrolera estatal Ancap. El resultado de la consulta -considerada un termómetro de las elecciones generales- no sólo afianzó la posición de la coalición izquierdista, sino que puso de relieve el desgaste que han ido sufriendo los dos partidos tradicionales, el Colorado y el Nacional, y que se ha acentuado tras cuatro años de sostenida recesión y magros logros económicos.
También en la república centroamericana de El Salvador, que el 21 del actual abrirá las urnas para elegir al sucesor del presidente Francisco Flores, la izquierda -representada por el ex guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)- avanza a paso firme en las preferencias electorales y, desde la firma de los acuerdos de paz en 1992, se ha consolidado como la segunda fuerza política del país.
En la caribeña República Dominicana, el presidente Hipólito Mejía pretende ganar un segundo mandato en las elecciones del 16 de mayo pese a una crisis económica asfixiante y las recurrentes huelgas contra su gobierno, que en enero último dejaron siete muertos.
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Por último, el continente africano tampoco se queda atrás de la "fiebre" de elecciones. Entre ellas, Sudáfrica fijó para el 14 de abril los terceros comicios democráticos en la historia del país -en los que Thabo Mbeki aspira a ser reelecto-, en coincidencia con el décimo aniversario del fin del apartheid.
Más controvertida se anuncia la contienda en Argelia, donde el fantasma de un posible fraude electoral -una constante en la ex colonia francesa- sobrevuela la votación del 8 de abril, a pesar de que el presidente Abdelaziz Bouteflika exhortó a los militares a no intervenir en el escrutinio.



