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Al-Baghdadi: el jihadista que se forjó al calor de la invasión norteamericana

El jefe del Estado Islámico y sus aliados supieron aprovechar el vacío que dejó en Irak el derrocamiento de Saddam Hussein
Eric Schmitt
Tim Arango
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12 de agosto de 2014  

BAGDAD.- Cuando las fuerzas norteamericanas hicieron una redada en una vivienda cerca de Fallujah, durante la turbulenta ofensiva de 2004 contra la insurgencia sunnita iraquí, atraparon al núcleo duro de milicianos que buscaban. También se llevaron a un aparente entenado, un iraquí de unos 30 años del que nada sabían.

Los norteamericanos anotaron debidamente su nombre, y lo procesaron junto al resto en el centro de detención Camp Bucca: su nombre era Ibrahim Awad Ibrahim al-Badry.

Aquella figura entonces periférica ahora se ha hecho famosa para el mundo como Abu Bakr al-Baghdadi, el autoproclamado califa del Estado Islámico (EI) y arquitecto de su violenta campaña para redibujar el mapa de Medio Oriente.

"Cuando lo capturamos era apenas un matón callejero", dijo un funcionario del Pentágono. "No teníamos una bola de cristal que nos advirtiera que se convertiría en el jefe del EI."

Cada una de las instancias que condujeron al ascenso de Al-Baghdadi respondió a la acción de Estados Unidos en Irak: la mayoría de los cambios políticos que alimentaron su lucha o que condujeron a su encumbramiento son fruto de alguna acción norteamericana. Y ahora Al-Baghdadi forzó un nuevo capítulo de esa intervención, después de que los éxitos militares del EI y sus brutales matanzas impulsaron a Barack Obama a ordenar ataques aéreos sobre Irak. Al-Baghdadi parece disfrutar de esta lucha y promete que su grupo muy pronto estará "en combate directo" con Estados Unidos.

Norteamericanos e iraquíes tienen equipos de inteligencia y agentes dedicados a seguirle el rastro. Su reciente aparición en una mezquita de Mosul para dar un sermón fue la primera vez que muchos de sus seguidores pudieron verlo.

Se dice que Al-Baghdadi tiene un doctorado en estudios islámicos de una universidad de Bagdad y que fue predicador en una mezquita de su ciudad natal, Samarra. También tiene un pedigrí interesante, ya que afirma que sus orígenes se remontan a la tribu Quraysh, a la que pertenecía el profeta Mahoma. Más allá de esos datos, casi todos los puntos de su biografía son oscuros o confusos.

El Pentágono dice que tras ser capturado en Fallujah, en 2004, Al-Baghdadi fue liberado en diciembre de ese año junto con un enorme grupo de prisioneros considerados de baja peligrosidad. Pero Hisham al-Hashimi, un académico iraquí que investigó la vida de Al-Baghdadi, dijo que pasó cinco años en un centro de detención norteamericano.

Al-Hashimi señaló que Al-Baghdadi creció en el seno de una familia pobre de una aldea rural cercana a Samarra y que su familia era sufí, una rama del islam conocida por su tolerancia y moderación. A principios de la insurgencia, el actual líder se inclinaba por un nuevo grupo de jihadistas conducido por el extravagante miliciano jordano Abu Musab al-Zarqawi. El operativo norteamericano que en 2006 terminó con la vida de Al-Zarqawi fue un golpe terrible para la cúpula de Al-Qaeda en Irak. Pero no fue hasta años después que Al-Baghdadi tuvo la oportunidad de tomar las riendas.

Las tribus sunnitas del este de Siria y de las provincias iraquíes de Anbar y Nínive hace tiempo que mantienen lazos que traspasan las fronteras nacionales, y el EI se construyó sobre esos lazos. Así, a medida que su suerte fue menguando en Irak, el grupo encontró una nueva oportunidad en la lucha contra Bashar al-Assad.

A medida que los grupos rebeldes moderados de Siria fueron derrotados por Damasco, el actual EI fue tomando el control de la batalla, en parte debido a su fortaleza armamentística y a los fondos que le llegaban de sus operaciones en Irak.

Pero mucho antes de eso, la acción de Estados Unidos había sido clave, en más de un sentido, para el ascenso de Al-Baghdadi, un iraquí hasta la médula. La invasión norteamericana les sirvió en bandeja a Al-Baghdadi y sus aliados un enemigo ya listo y un señuelo para reclutar adeptos. Y el derrocamiento de Saddam Hussein dio libertad para que las ideas de Al-Baghdadi florecieran. En contraste con Al-Zarqawi, que siempre buscó apoyo en los líderes de fuera de Irak, Al-Baghdadi se rodeó de un estrecho círculo de ex militares y agentes de inteligencia del Partido Baath que participaron del régimen de Hussein y que sabían combatir. Al-Baghdadi ha sido criticado por su cercanía con los ex integrantes del Baath. Para otros, los éxitos de Al-Baghdadi callaron las críticas.

"Tiene credibilidad porque gobierna la mitad de Siria y la mitad de Irak", dijo Brian Fishman, investigador de antiterrorismo de la Nueva Fundación Norteamericana.

Siria tal vez haya sido un refugio y un terreno de pruebas, pero Irak siempre fue su bastión y su fuente de financiamiento. Y ahora Irak también se convirtió en la principal fuente de ingresos para su experimento de construcción de un Estado.

Aunque la toma por parte del grupo de la segunda ciudad de Irak, Mosul, pareció sorprender a la inteligencia norteamericana y al gobierno iraquí, las operaciones cuasi mafiosas de Al-Baghdadi en esa ciudad son desde hace tiempo cruciales para su estrategia de establecer un califato.

Según Washington, su grupo se alzó con 12 millones de dólares mensuales por sus actividades extorsivas en Mosul, dinero que usó para financiar sus operaciones en Siria. "Se estaba preparando para romper con Al-Qaeda", dice Al-Hashimi.

Ahora, Al-Baghdadi no sólo está al mando de una organización terrorista, sino que, según Brett McGurk, el máximo funcionario en cuestiones iraquíes del Departamento de Defensa norteamericano, "también comanda un ejército con todas las letras". Durante una reciente audiencia en el Congreso, McGurk dijo: "El grupo es peor que Al-Qaeda".

De procesado a líder jihadista

Miliciano

Detenido por las fuerzas norteamericanas en 2004, Al-Baghdadi era "apenas un matón", según funcionarios

Terrorista

Hoy conduce un grupo con miles de hombres y busca expandir su control en el mundo islámico

Traducción de Jaime Arrambide

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