América latina no necesita reyes
MEXICO.- La boda del príncipe Felipe y la princesa Letizia en España no sólo fue seguida apasionadamente por los medios latinoamericanos, sino que también llevó a muchos líderes de opinión a preguntarse -un poco en broma- si sus respectivos países no estarían mejor bajo una monarquía.
En México, que tuvo una breve experiencia con la monarquía bajo el emperador austríaco Maximiliano de Habsburgo entre 1863 y 1867, el diario Reforma publicó 14 historias sobre la boda el día anterior al evento. El historiador Enrique Krauze me comentó que su mentor, el fallecido ganador del premio Nobel Octavio Paz, le dijo una vez que "México nunca se ha consolado de no haber sido una monarquía’’.
Aunque sin proponer un sistema monárquico, la mayoría de los analistas políticos mexicanos señaló que el rey de España, Juan Carlos, es el padre indiscutible de la democracia española, entre otras cosas, porque abortó un golpe de Estado en 1981.
"Parece incongruente que un nieto de la República Española, como yo, festeje este hecho, pero sería miope no reconocer los beneficios que la monarquía parlamentaria le ha traído a España’’, escribió el columnista Sergio Sarmiento, de Reforma.
En Colombia, El Tiempo dijo un día antes de la boda que millones de latinoamericanos tenían pensado madrugar para no perderse el casamiento en vivo por televisión.
"Hay que entender el significado de las monarquías democráticas en la Europa actual’’, decía en un editorial. "Varias de las naciones más democráticas, libres y avanzadas del mundo, como el Reino Unido, España, Suecia, Holanda, Dinamarca y Bélgica, están regidas por familias (reales) que habitan en palacios.’’
Agregó que estas monarquías, aunque arcaicas, tienen el mérito de que "al poner la jefatura del Estado en cabeza de un representante decorativo y la del gobierno en manos de un representante político, ofrecen estabilidad institucional’’.
¿Deberían los países de América latina, especialmente aquellos que sufren de inestabilidad institucional, pensar seriamente en convertirse en monarquías democráticas? Definitivamente, ¡no! Sería un derroche de dinero monumental, y tentaría a más de un caudillo local a proclamarse "emperador del Caribe’’, o algo así.
Sin embargo, hay algo muy rescatable en esta idea de la separación de los poderes presidenciales, al estilo europeo. Sería buenísimo para América latina tener presidentes dedicados a trazar las políticas a largo plazo y ocuparse de las tareas ceremoniales, y primeros ministros nombrados por el Congreso a cargo de los asuntos diarios del gobierno, como en Francia.
La ingobernabilidad
"El presidencialismo, tal como está concebido hoy, está en crisis’’, dijo Daniel Zovatto, director para América latina del Instituto Internacional de Democracia y Asistencia Electoral, con sede en Suecia. "Necesitamos un sistema semipresidencial, como tienen Francia o Finlandia, con un presidente y un primer ministro.’’
¿Por qué? Porque uno de los principales problemas de América latina es la ingobernabilidad, por tener presidentes sin mayoría en el Congreso. Como resultado, países como México, Perú y Ecuador están sufriendo casos severos de parálisis política, donde no se pueden aprobar reformas de fondo.
"Un primer ministro designado por el Congreso, que refleje la correlación de fuerzas, podría gobernar más fácilmente", dice Zovatto. "El presidente tendría las funciones de Estado: la representación del país, las relaciones exteriores y la defensa. Y el primer ministro tendría labores de gerente.’’
Algunas constituciones latinoamericanas permiten tener un "jefe de gabinete’’, como en la Argentina, o un "presidente del Consejo de Ministros’’, como en Perú, pero en la mayoría de los casos no son cargos nominados por el Congreso. Como resultado, quienes los ocupan no tienen el apoyo legislativo que necesitan para gobernar eficientemente.
Además, crear el cargo de primer ministro tendría una ventaja adicional: en caso de crisis, los primeros ministros son descartables. Durante una crisis política, el primer ministro es un fusible que puede ser desechado sin poner en peligro la estabilidad política y económica del país.
Países como la Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia y otros en que presidentes democráticamente elegidos fueron forzados a renunciar en medio de revueltas sociales en años recientes podrían ser más estables hoy si hubiesen tenido primeros ministros para pagar el costo político de los problemas en sus países.
En resumidas cuentas, hay que desearles lo mejor a Felipe y a Letizia, y a la monarquía española. Pero América latina no necesita reyes, ni bodas reales. Lo que necesita son presidentes políticamente estables y primeros ministros con apoyo en el Congreso.







