Ante la falta de respuestas por el avión, crece la tensión entre los familiares

Las vagas y contradictorias explicaciones de las autoridades exasperan a quienes aún se aferran a la remota esperanza de encontrar con vida a los pasajeros del vuelo MH370
Edward Wong
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19 de marzo de 2014  

PEKÍN.- Las familias reunidas en el salón principal del Hotel Lido quieren respuestas. Hace más de una semana que el avión que transportaba a sus seres queridos está desaparecido , y hace también una semana que los funcionarios de la aerolínea que dan la cara frente a ellos les cuentan historias diferentes y a veces contradictorias.

"Lo que usted nos dice ahora es distinto de lo que nos dijo ayer", reclamó un hombre que había esperado durante todo el fin de semana junto a otros cientos más para recibir alguna noticia. "¿Cómo puede ser que no sepan después de tantos días?", exclamó otro.

Mientras el mundo entero se pregunta por el destino del vuelo MH370 de Malaysia Airlines, que desapareció en el aire rumbo a Pekín el 8 del actual, las familias de las 239 personas a bordo del Boeing 777-200 quedaron atrapadas en un infierno de bronca y dolor, aferradas a la más remota esperanza de que sus familiares puedan seguir vivos, mientras las autoridades brindaban hipótesis confusas y discordantes.

El avión cayó en el Golfo de Tailandia. No, tal vez haya terminado mucho más al Oeste, en el Estrecho de Malaca, y a los militares de alguna manera se les pasó en el radar. No, en realidad el avión siguió volando mucho más, incluso ocho horas más. Y una o más de las 239 personas a bordo tuvo el control del avión todo el tiempo. Y ahora resulta que una señal satelital muestra que podría estar prácticamente en cualquier lugar del amplio arco abarcado desde el Himalaya hasta la Antártida.

El sábado pasado, el anuncio de que el avión habría sido desviado deliberadamente les cortó la respiración a todos los presentes en el Hotel Lido, pero en general fue recibido como una noticia positiva. Un secuestro, por perturbador que sea, dejaba espacio a la esperanza de que los pasajeros siguieran con vida. "Si no hay noticias, es buena noticia", dijo una mujer.

Las explicaciones aparecieron y se desvanecieron tan rápidamente como la estela de vapor de los aviones en el cielo. Anteayer, en el salón donde los familiares y allegados se encuentran a diario con los empleados de la aerolínea, una mujer dijo basta. "No me importa no comer o dormir acá mismo", señaló. "¡Lo único que quiero es que los encuentren!"

Decir que los chinos están exasperados, pasmados y hartos por el modo en que las autoridades malayas manejan la investigación y las tareas de búsqueda sería quedarse corto.

La semana pasada, los familiares congregados en el Lido arrojaron botellas de plástico a los ejecutivos de la aerolínea. Ahora, piden la cabeza de quien sea que haya tenido que ver con lo que para ellos ha sido una trágica farsa, desde el personal de radares que haya podido quedarse dormido en su puesto de trabajo, hasta el ministro de defensa malayo, Hishammuddin Hussein, cuyo anuncio del domingo sobre la secuencia de eventos en los minutos cruciales en que se perdió contacto con el avión fue contradicho anteayer por el director ejecutivo de la aerolínea.

Las familias de los pasajeros se siguen haciendo entre ellas las mismas preguntas que dan vueltas desde hace más de diez días, como "¿creen que el gobierno de Malasia está ocultando algo?" y "¿no lo habrán derribado y ahora lo ocultan?"

En el salón del hotel, los familiares soportan informe tras informe de la aerolínea, del embajador malayo y de los funcionarios de aviación, y se van indefectiblemente con más preguntas que antes.

Un hombre dijo que las familias seguirán unidas hasta saber la verdad definitiva. "Si hace falta, saldremos a marchar por las calles", advirtió. Ayer, además, algunos familiares amenazaron con protagonizar una huelga de hambre hasta que el gobierno de Malasia les proporcione información veraz sobre el paradero de sus allegados.

La tensión en el hotel, en tanto, va en aumento. El jueves, varios empleados de Malaysia Airlines se quebraron ante las incesantes críticas de los familiares chinos reunidos en el salón. Durante la lectura del parte de la noche, Ignatius Ong Ming Choy, un alto ejecutivo de la aerolínea, rompió en llanto, mientras un colega lo consolaba con palmadas en el hombro. Los familiares seguían preguntando por qué los militares malayos no hicieron nada cuando sus radares detectaron una aeronave no identificada volando hacia el Oeste sobre Malasia peninsular.

Al día siguiente, los presentes acosaron nuevamente a los ejecutivos de la aerolínea con cuestionamientos a su inacción e incompetencia. Un hombre le preguntó a Hugh Dunleavy, un ejecutivo de la aerolínea, qué habían hecho los militares tras detectar ese parpadeo no identificado en los monitores del radar. A esa altura, ya muchos lloraban.

La líneas que siguen los investigadores

Secuestro

La teoría que mantenían los familiares, y que les da esperanza de hallar a sus seres queridos con vida, ahora está sobre la mesa de los investigadores.

Atentado

En China y en Malasia hubo especulaciones sobre un acto terrorista; Pekín se inclinaba por la minoría musulmana uigur, mientras que Malasia culpaba a los chiitas, arrinconados por la mayoría sunnita en el país.

Suicidio

Los investigadores vietnamitas se inclinaban por un acto deliberado de uno de los pilotos, pese a su impecable hoja de servicios.

Traducción de Jaime Arrambide

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