Avaló el Papa una intervención en Irak: "Es lícito parar al agresor"

En otra rueda de prensa en pleno vuelo, se opuso a un bombardeo unilateral para frenar a los jihadistas, pero respaldó una acción internacional consensuada
Elisabetta Piqué
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19 de agosto de 2014  

ROMA.- No a los bombardeos norteamericanos en Irak, sí a una intervención de algún tipo, r espaldada por la ONU, que logre detener al agresor injusto. Durante el vuelo de regreso desde Corea del Sur, en una nueva conferencia de prensa a 10.000 metros de altura en la que contestó preguntas de todo tipo, Francisco marcó claramente cuál es su posición ante la cada vez más dramática situación en Irak , donde Estados Unidos intenta desde el aire frenar la avanzada de los jihadistas del Estado Islámico, que están haciendo estragos en el norte del país. "Cuando hay una agresión injusta sólo puedo decir que es lícito parar al agresor injusto. Y subrayo el verbo parar, no digo bombardear, hacer la guerra, sino parar", afirmó.

"Una sola nación no puede juzgar cómo se para esto, cómo se para a un agresor injusto. Después de la Segunda Guerra Mundial surgió la idea de las Naciones Unidas. Ahí se debe discutir y decir: «¿Hay un agresor injusto? Parece que sí. ¿Cómo lo paramos?». Solamente eso, nada más", agregó.

Además, se manifestó dispuesto a viajar a la zona en conflicto, el Kurdistán iraquí, aunque admitió que "no es lo mejor en este momento". Y no dudó en definir el actual momento político, con el planeta en llamas, como una "Tercera Guerra Mundial, pero a pedazos".

En la tercera rueda de prensa que brinda a bordo de un avión -esta vez, un Boeing de Korean Airlines-, Jorge Bergoglio , que siendo arzobispo era reacio a los medios, volvió a demostrar que se desbloqueó totalmente. Como en las dos veces anteriores, se mostró relajado y dispuesto a quedarse en la "fosa de los leones que en verdad no muerden" durante todo el tiempo necesario.

Pese al cansancio acumulado en una gira que agotó a los 72 periodistas del vuelo papal, se quedó una hora por reloj parado en la parte trasera del avión, a la que llegó media hora después del despegue desde Seúl. Cuando, a la media hora de haber empezado a ser bombardeado por preguntas, el vuelo atravesó una fuerte zona de turbulencia y un asistente le aconsejó volver a su lugar, en la parte delantera del avión, el Papa se negó. Y bromeando, le dijo: "La turbulencia está acá", apuntando con los ojos a los periodistas.

Al hablar de diversos temas de política internacional no dudó en dar definiciones contundentes, como cuando dijo que "no fue absolutamente un fracaso" la oración por la paz junto a los presidentes de Israel y Palestina en los jardines del Vaticano o cuando confesó que iría mañana mismo a China, país con el que la Santa Sede no mantiene relaciones diplomáticas, de ser posible. Ostentó gran cintura, normalidad, buen humor y humildad. Volvió a decir que si llegan a faltarle fuerzas seguiría el ejemplo de Benedicto XVI , habló de la encíclica que está preparando sobre el ambiente, admitió tener una neurosis –ser alguien demasiado apegado a su hábitat– y confesó que no cree que vivirá mucho más que dos o tres años más (ver Pág. 4).

Al final del encuentro , después de 15 preguntas, hasta pidió disculpas a los periodistas por no quedarse más tiempo. Y entre aplausos se despidió diciendo: "¡Buen almuerzo!"

–Como sabe, las fuerzas militares de EE.UU. hace poco comenzaron a bombardear a los terroristas en Irak. Para prevenir un genocidio, para proteger el futuro de las minorías –pienso también en los católicos bajo su guía–. ¿Aprueba usted este bombardeo norteamericano?

–Gracias por la pregunta tan clara. En estos casos, donde hay una agresión injusta, solamente puedo decir que es lícito parar al agresor injusto. Subrayo el verbo: parar. No digo bombardear, hacer la guerra... Parar. Los medios con los que se puede parar deberán ser evaluados. Parar al agresor injusto es lícito, pero debemos tener memoria también. ¿Cuántas veces, con esta excusa de parar al agresor injusto, las potencias se han apoderado de los pueblos y han hecho una verdadera guerra de conquista? Una sola nación no puede juzgar cómo se para a un agresor injusto. Después de la Segunda Guerra Mundial surgió la idea de las Naciones Unidas. Ahí se debe discutir y decir: "¿Hay un agresor injusto? Parece que sí. ¿Cómo lo paramos?". Solamente eso, nada más. Segundo: las minorías. Gracias por la palabra. Porque a mí me hablan de "cristianos, pobres cristianos". Es verdad, sufren. ¿Hay mártires? Sí, hay mártires. Pero aquí lo que hay son hombres y mujeres. Minorías religiosas, no todos cristianos. Y todos son iguales delante de Dios. Parar al agresor injusto es un derecho que tiene la humanidad, pero también es un derecho que tiene el agresor: ser parado para que no haga el mal.

–¿Usted estaría dispuesto a apoyar una intervención militar sobre el terreno, en Irak, para parar a los jihadistas? ¿Piensa que podrá ir algún día a Irak, quizá al Kurdistán, para apoyar a los prófugos cristianos, que lo esperan, y rezar con ellos en esta tierra donde viven desde hace miles de años?

–Pensamos muchas cosas: lo primero de todo fue un comunicado que hizo el padre Lombardi en mi nombre. Después, este comunicado se envió a todas las nunciaturas para que fuera comunicado a los gobiernos. Después, escribimos una carta al secretario general de la ONU. Y, al final, dijimos: mandemos un enviado personal, el cardenal Filoni. Luego, decidimos: "Si fuese necesario, cuando regresemos de Corea podemos ir allí". Era una de las posibilidades. Ésta es la respuesta: estoy disponible. En este momento no es lo mejor, pero estoy dispuesto.

–¿Qué sintió al saludar a las siete esclavas sexuales japonesas en su última misa en Seúl?

–Cuando estaban estas mujeres ancianas ante mí durante la misa, pensaba que en la invasión fueron arrancadas de sus casas siendo chicas para ser llevadas a las casetas, pero ellas no perdieron la dignidad. Hoy estaban dando la cara. Es un pueblo fuerte en su dignidad. ¡Éstos son los frutos de la guerra! Hoy estamos en un mundo en guerra por todas partes. Alguien me ha dicho que parece que estamos en la Tercera Guerra Mundial, pero a pedazos. Es un mundo en guerra donde se cometen estas crueldades. Antes se hablaba de la guerra convencional, pero esto ya no cuenta. No estoy diciendo que las guerras tradicionales sean buenas, pero hoy va la bomba y asesina al inocente, con el culpable, con la abuela y con la madre. Debemos detenernos y pensar un poco en el nivel de crueldad al que hemos llegado. Esto nos puede asustar, pero no es para tener miedo. Se puede hacer un estudio empírico del nivel de crueldad de la humanidad en este momento, que asusta un poco. Y la otra palabra sobre la que querría decir algo es la tortura. Hoy, la tortura es uno de los medios casi cotidianos de comportamiento de los servicios de inteligencia, de procesos judiciales... Y la tortura es un pecado contra la humanidad. A los católicos yo les digo: torturar a una persona es pecado mortal, es pecado grave, es un pecado contra la humanidad.

–Vista la situación en Gaza, ¿fue un fracaso la oración interreligiosa por la paz?

–No fue absolutamente un fracaso. La iniciativa no salió de mí. Salió de los dos presidentes, el presidente de Israel y el de Palestina. Ellos me hicieron llegar esta inquietud, pero no encontrábamos el lugar justo; lo querían hacer allá, pero el costo político era muy alto si se hacía de un lado o del otro. La nunciatura era un sitio neutral, pero el presidente de Palestina tenía que entrar a Israel. Y así ellos tuvieron la idea de hacerlo en el Vaticano. Éstos son hombres de paz, que vivieron cosas feas y están convencidos de que el único camino para resolver este problema son las negociaciones, el diálogo y la paz. ¿Un fracaso? No, se abrió la puerta de la oración. La paz es un don que se merece con nuestro trabajo. Decir a la humanidad que, aunque haya negociaciones, también está el camino de la oración. Ahora hay una situación de coyuntura, lo que hicimos no fue coyuntural. Ahora el humo de las bombas y de las guerras no nos dejan ver la puerta abierta, pero el Señor mira esa puerta.

–Usted habló de martirio. ¿En qué punto está el obispo Oscar Romero?

–El proceso estaba en la Congregación para la Doctrina de la Fe, bloqueado por prudencia. Ahora está desbloqueado y pasó a la Congregación de los Santos y sigue el camino normal del proceso. Depende de cómo se muevan los postuladores. Es muy importante hacerlo rápido. Para mí, Romero es un hombre de Dios. Pero se debe ir al proceso, y el Señor tiene que dar su señal ahí.

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