Biden: "Mi corazón me dice que yo sería un buen presidente"
El vice de Obama no descartó la idea de postularse para las elecciones de 2016
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WASHINGTON.- Fue una sentencia poco menos que candorosa. "Mi corazón me dice que yo sería un buen presidente", confesó el actual "número dos" de la Casa Blanca, Joe Biden .
Así, con ese audaz y en los hechos nada inocente giro, el vicepresidente se convirtió en el primer demócrata que, abiertamente, fantasea con la posibilidad de suceder a Barack Obama en las elecciones de 2016.
Faltan aún más de dos años y mucha agua puede correr. Pero, por lo pronto, las encuestas coinciden en que este abogado de 71 años, nacido en Pensilvania, tendrá que contar con mucho más que su corazón. Un sondeo reciente de Reuters indicó que apenas el 8% de los demócratas estaría dispuesto a votarlo para el cargo.
La gran favorita, en cambio, sigue siendo la más sigilosa. De acuerdo con ese mismo sondeo, la ex secretaria de Estado Hillary Clinton cuenta con la simpatía de más del 60% de los potenciales votantes demócratas.
Hasta ahora, la ex responsable de la diplomacia norteamericana no dijo nada sobre su eventual candidatura. Pero la posibilidad es anhelada por la mayoría de los demócratas y temida por los republicanos, sabedores de que sería una figura difícil de contrarrestar.
Biden no se amilanó por lo que pueda hacer Hillary. "No creo que su eventual postulación sea decisiva para que yo decida mi candidatura", dijo, convencido, el compañero de equipo de Obama, en un reportaje televisivo.
Más allá de lo que el destino -y las ambiciones- depare para el futuro político de Estados Unidos, el caso de Biden es revelador por la capacidad para construir poder que tuvo desde que llegó a la Casa Blanca.
En sólo cinco años junto al presidente, se convirtió en un compañero con capacidad de influencia en un amplio abanico de cuestiones. Es difícil que haya una decisión de peso en materia de política exterior, de defensa, de economía o de finanzas en la que Biden no tenga voz.
Es todo un avance si se considera que llegó a la oficina bajo la caricatura de poco menos que un bufón que metía la pata cada vez que abría la boca.
"Oso Figaredo", fue el apodo que recibió en sus primeros días, en alusión al célebre personaje de los Muppets que se caracterizaba por abrir la enorme boca para hacer el ridículo.
Hoy, las cosas son muy distintas. "El acuerdo que tenemos con Obama es que, en una reunión con el presidente, soy el último hombre en dejar la habitación", reveló. La figura apunta a la capacidad de influencia de quien se queda con el hombre más poderoso del país cuando todos los demás ya se han ido.
Poder
El cargo de vicepresidente no tiene función específica en Estados Unidos, sino que depende del poder que esté dispuesto a compartir el presidente.
Hasta ahora, el caso más citado como constructor de poder dentro de la fórmula fue el de Dick Cheney, a quien muchos consideraron de enorme influencia -y no siempre buena- sobre el ex presidente George W. Bush.
El caso de Biden podría superarlo. "Él opina en todo", confirmó el ex secretario de Defensa Robert Gates en su reciente libro de memorias. "Y en casi todo lo que dice, opina mal", añadió, en una crítica lapidaria.
Quien salió en su defensa fue el propio Obama. "No hay tema en el que yo haya pedido consejo a Joe en el que se haya equivocado. Es un excelente compañero", dijo el presidente, en una nueva prueba del lugar que se ganó Biden en su estima. Por lo pronto, no parece molestarle que fantasee con su puesto.
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