Celos, odios y traiciones, el drama detrás de escena de los grandes clanes europeos

Lliliane Bettencourt vivió entre lujos y tormentos
Lliliane Bettencourt vivió entre lujos y tormentos
De los dueños de Fiat a los herederos de L'Oréal y los banqueros Rothschild, las familias más renombradas del mundo se desgarran por pasiones e intereses encontrados
Luisa Corradini
(0)
31 de marzo de 2019  

PARÍS.- ¿Por qué lo propio del paraíso es su fugacidad? Princesas de la misma familia que no se soportan, herederos de inmensas fortunas que se desgarran ante los tribunales para obtener todavía más, clanes históricos desmantelados por las adicciones y la desventura... Junto al fasto y la leyenda, la vida íntima de las grandes dinastías termina siendo igual (¿o peor?) que la del resto de los mortales: la persecución sin fin del afecto, marcada por los celos y las traiciones.

"Móntenlo a caballo y parecerá un rey", decía Federico Fellini cuando se refería al hombre que convirtió Fiat en una potencia planetaria. Gianni Agnelli, leyenda de la industria y patriarca de Italia, fallecido en enero de 2003, no era solo un heredero con un destino trazado. Los italianos adoraban tanto al empresario inteligente, que tanto contribuyó después de la guerra a izar al país al rango de quinta potencia mundial, como al seductor inveterado.

Y como detrás de todo gran hombre suele haber una gran mujer, en la familia Agnelli estaba Marella Caracciolo Di Castagneto, que, junto al Avvocato, reinó sobre "todo lo que contaba" en Italia durante más de medio siglo. Inmortalizada por el fotógrafo Richard Avedon, esa bellísima princesa a quien su amigo el escritor Truman Capote había bautizado "el último cisne" por la elegancia de su porte, falleció el mes pasado a los 91 años.

Pero la cara oscura de esa existencia fastuosa y legendaria no tardó en aparecer en su vida. Apenas casada, la joven aristócrata descubrió las dificultades de vivir junto a un hombre, seductor y magnético, que nunca se privó de infringir públicamente sus votos matrimoniales.

Después se produjo el suicidio de su hijo, Edoardo, de 34 años. Poeta, literato, inestable y dependiente de las drogas duras, en noviembre de 2000 el varón mayor de los Agnelli fue hallado sin vida en una ruta italiana, después de que su padre le anunció su intención de desheredarlo. La vida de Lapo, el menor de los hermanos no fue más serena: alcohol, drogas y curas de desintoxicación a repetición marcaron su juventud.

A la muerte de Gianni, una implacable batalla financiera enfrentó para siempre a Marella con su hija, Margherita, convencida de que su madre había hecho todo lo posible para despojar a los hijos de su segundo matrimonio de la inmensa herencia dejada por su padre.

Pelea de madre e hija

Porque revelan el sitio que cada uno ocupó en el corazón de aquel que acaba de partir, las herencias provocan dramas en todas las familias.

En septiembre de 2017, Liliane Bettencourt, la mujer más rica del mundo, heredera de L'Oréal, murió en París a los 94 años. Ese fue el punto final de una vida de trabajo, de fasto, de mundanidades, pero también de escándalos judiciales y tormentos familiares.

Como en el caso de Marella Agnelli, al lujo que marcó su vida siguieron para ella períodos de tormentos. Sus últimos años estuvieron marcados por dramas que la enfrentaron con su hija Françoise y la propulsaron justamente ahí donde siempre detestó estar: bajo los reflectores mediáticos.

En 2008, Françoise radicó una denuncia por abuso de debilidad contra el fotógrafo Jean-Marie Banier, amigo muy cercano de su madre. La joven estaba segura de que ese bon vivant, célebre en los círculos nocturnos parisinos, aprovechaba el Alzheimer de Liliane para obtener cuantiosos beneficios financieros. Además de nombrarlo su legatario universal -antes de retractarse-, la anciana le había acordado más de 1000 millones de euros en obras de arte y dinero en efectivo.

Después de dos años de dramas judiciales y desgarramientos, madre e hija se reconciliaron en 2010. Un año más tarde, Françoise obtuvo su tutela.

Benjamin Rothschild, el más rico de la familia
Benjamin Rothschild, el más rico de la familia Fuente: Archivo

Pocos apellidos en el mundo son capaces de hacer soñar como el de Rothschild, una auténtica marca secular. Mientras Alexandre acaba de suceder a su padre, el influyente David, al frente del banco Rothschild & Co., el riquísimo primo Benjamin dejó el mando de la rama franco-suiza, el grupo Edmond de Rothschild (EDR), a su esposa Ariane. Benjamin es el más rico de todos. Su fortuna ascendería a 2000 millones de dólares. El hombre fuerte del clan y su familia son dos veces más pudientes que su primo David. Moraleja: ser el más influyente de la familia no hace de uno obligatoriamente el más rico. Porque el poderoso es David.

Cuando estaba dirigido por Guy, el padre de David, Rothschild & Co. ya había tenido como empleado a un futuro presidente francés: Georges Pompidou. Su hijo fue jefe de Emmanuel Macron. ¿Qué le enseñó? Tal vez el arte de la negociación.

"David es una formidable máquina de producir consenso", dice uno de sus grandes amigos, el pensador y ensayista Alain Minc.

Pero aunque las buenas maneras y la cordialidad permitan pensar que entre los Rothschild todo es harmonía, no es tan así. Benjamín y David, que tuvieron hasta hace nueve meses cada uno 7,2% de participación en el establecimiento del otro, hacía tiempo que se habían dejado de hablar. ¿La razón? Una intensa batalla jurídica lanzada por Arianne en torno a la utilización de la marca "Rothschild". Ni siquiera la intervención de sus mejores amigos había conseguido ponerlos de acuerdo.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.