Chile y la Argentina, procesos diferentes
El proceso a Pinochet en Chile y el que se realizó a las juntas militares en la Argentina en los años ochenta tienen efectos y consecuencias diferentes en las sociedades de ambos países.
La primera diferencia es la derrota de las Fuerzas Armadas argentinas en la Guerra de Malvinas. Esta dejó a los militares sin capacidad de negociación con los partidos políticos.
Mientras en el resto de los países de América latina los gobiernos de facto entregaron el poder a los civiles con distinto tipo de condiciones, esto no se dio en la Argentina. En el caso chileno, los militares entregaron el poder con su prestigio profesional intacto y esto marca una diferencia sustancial.
La segunda es que el régimen militar chileno logró modernizar el país desde el punto de vista económico. Ante gran parte de la sociedad, fue un proceso exitoso en este campo. La situación fue diferente en la Argentina, donde el régimen militar terminó con un fracaso en el terreno económico.
En el caso chileno, las fuerzas armadas mantuvieron un alto grado de cohesión interna durante el régimen de facto, siendo Pinochet el líder indiscutido durante un cuarto de siglo y ejerciendo tanto la presidencia como la comandancia en jefe del ejército durante casi dos décadas.
En cambio, en la Argentina fue un régimen más corto, en el que se sucedieron cuatro presidentes y una cantidad similar de titulares de cada una de las fuerzas, en un contexto de luchas e intrigas que afectó la cohesión militar.
Adhesión política
Otra diferencia es el grado de organización e identificación de los sectores conservadores o de centroderecha en el sistema político y su alianza con los militares.
Chile cuenta históricamente con una derecha con posibilidad de llegar al poder a través de la vía electoral, lo que otorga a los militares un aliado relevante dentro del sistema político. Ello no se dio en el caso argentino, donde ni el radicalismo ni el justicialismo fueron aliados políticos de las Fuerzas Armadas, ya que ambos partidos fueron víctimas políticas de los golpes militares.
La posición de las fuerzas armadas chilenas tuvo la adhesión de un sector importante de la sociedad, con peso en el sistema político, tanto en el Congreso como en las administraciones ejecutivas en el período posterior a la democratización.
Opinión pública
En términos de opinión pública, los últimos sondeos muestran que si bien hay un 50% de la población que apoya el enjuiciamiento a Pinochet, hay un 33% que se opone, mientras que el resto no tiene posición tomada. En el caso argentino, la relación de quienes estaban en favor de enjuiciar a los militares era de cuatro a uno en contra de ellos.
El rol del empresariado también ha sido diferente. En el caso chileno, asume compromisos políticos e ideológicos mucho más firmes y Pinochet ha contado con este respaldo durante un largo período. En cambio, en la Argentina, los sectores económicos que apoyaron el gobierno militar, en cuanto entró en el período de declinación después de la derrota en Malvinas, tomaron distancia, adecuándose con pragmatismo al cambio de situación política.
Es así como mientras en la Argentina los militares entregaron el poder en un marcado aislamiento político y social, en el caso chileno lo entregaron formalmente, reteniendo resortes importantes de poder.
Tal es el caso de la relativa autonomía para designar los mandos militares por parte de las instituciones castrenses y una presencia en el Senado que garantizó por un largo período la vigencia de una Constitución que favorecía una suerte de autarquía militar.
Respaldo del empresariado
Esta posición militar contó, durante los años noventa, con un respaldo homogéneo por parte del empresariado y la derecha política de Chile, situación que no se dio en la Argentina.
Pero más allá de estas diferencias y las modalidades que la cultura política y la situación de cada país tiene, Chile y la Argentina van convergiendo hacia la plena vigencia de la democracia.




