Cierre de la cumbre sobre abusos: "La Iglesia nunca intentará encubrir ningún caso", dijo el Papa

Fuente: AFP
Elisabetta Piqué
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24 de febrero de 2019  • 09:07

ROMA.- El Papa cerró hoy la histórica cumbre sobre abusos sexuales de menores haciendo un llamado a todas las autoridades y a todas las personas a "extirpar de la faz de la tierra estos crímenes abominables", una plaga que también consideró una "manifestación del espíritu del mal", del diablo, algo que indignó a los grupos de víctimas.

En un discurso de siete páginas, que leyó después de celebrar una misa en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano junto a los 190 cardenales y obispos que asistieron a un encuentro sin precedentes, Francisco reiteró lo que había dicho a la curia en diciembre pasado. "La Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia cualquiera que haya cometido abusos. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso".

Pese a estas definiciones, su discurso fue muy criticado por todos los grupos de víctimas llegados a Roma, que volvieron a denunciar que sólo había palabras y faltaban medidas concretas y que la gran ausente era la "tolerancia cero", que el Papa no mencionó.

Las víctimas también criticaron que el Papa citara a Satanás como responsable de los abusos y que, por otro lado, destacara, citando estadísticas y números de diversos organismos internacionales, que "la gravedad de la plaga de abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades". "Estamos ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes", dijo Francisco. Pero reconoció también que "la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad" dentro de la Iglesia. "La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética", sostuvo el Papa.

Francisco, que convocó a una cumbre que hace años hubiera sido impensable porque el escándalo de abusos era un tema tabú, reiteró que "si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso, que representa ya en sí mismo una monstruosidad, ese caso será afrontado con la mayor seriedad". "En la justificada rabia de la gente la Iglesia ve el reflejo de la ira de Dios", admitió.

Por otra parte, destacó que no se puede comprender el fenómeno de los abusos sexuales a menores sin tomar en consideración el poder, en cuanto estos abusos son siempre la consecuencia del abuso de poder, "aprovechando una posición de inferioridad del indefenso abusado que permite la manipulación de su conciencia y de su fragilidad psicológica y física". Recordó asimismo que el abuso de poder "está presente en otras formas de abuso de las que son víctimas casi 85 millones de niños, olvidados por todos: los niños soldado, los menores prostituidos, los niños malnutridos, los niños secuestrados y frecuentemente víctimas del monstruoso comercio de órganos humanos, o también transformados en esclavos, los niños víctimas de la guerra, los niños refugiados, los niños abortados y así sucesivamente".

Fue entonces que habló del "espíritu del mal", de Satanás, para explicar semejante crueldad: "En estos casos dolorosos veo la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los pequeños", señaló. Y agregó: "De la misma manera que debemos tomar todas las medidas prácticas que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad, no debemos perder de vista esta realidad y tomar las medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña: humillación, acto de contrición, oración, penitencia. Esta es la única manera para vencer el espíritu del mal".

Francisco aseguró que "el objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren". "Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y de la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos", aseguró.

En este contexto, anunció que la Iglesia utilizará las "Best Practices" formuladas bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud, por un grupo de diez agencias internacionales que ha desarrollado y aprobado un paquete de medidas llamado INSPIRE, con siete estrategias para erradicar la violencia contra los menores. Mencionó la importancia de la protección de menores, de la formación de los candidatos al sacerdocio y de reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales.

No encubrir ni subestimar

En tanto, llamó a "reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación". "Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado, como ha sido costumbre en el pasado, porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo", indicó.

También habló de la importancia de acompañar a las personas abusadas: "El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. Por lo tanto, la Iglesia tiene el deber de ofrecerles todo el apoyo necesario, valiéndose de expertos en esta materia. Escuchar, dejadme decir: "perder tiempo" en escuchar", recomendó.

Luego de llamar a luchar contra los peligros del mundo digitial, que permite el acceso incontrolado a la pornografía, y contra el tursimo sexual, Francisco pasó a agradecer "de corazón" a todos los sacerdotes. "La gran mayoría, que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos", sostuvo, y añadió: "Todos —Iglesia, consagrados, Pueblo de Dios y hasta Dios mismo— sufrimos las consecuencias de su infidelidad. Agradezco, en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos —pero siempre demasiados— hermanos suyos".

Críticas

Luego de un discurso esperado con inmensa expecativa, los grupos de víctimas que llegaron a Roma para reclamar "acciones contundentes" no ocultaron su enojo. "Hoy el Papa Francisco ha dado un guantazo a todas las víctimas de pederastia que hemos venido de los cinco continentes para exigir explicaciones. Se ha pasado en mitad del discurso hablando de los abusos fuera de la Iglesia. Nosotros hemos sido abusados dentro de la Iglesia, por sacerdotes católicos, por maestros católicos, por lo tanto esperábamos una respuesta que Francisco no nos ha dado", dijo a los periodistas Miguel Hurtado, sobreviviente español y vocero de ECA (Ende Clergy Abuse).

"El Papa ha intentado externalizar el tema, como que la pederastia es la acción del diablo, miren ustedes", comentó, indignado. "El problema de la pederastia es que obispos, abades y cardenales, siguiendo las indicaciones del Vaticano, han aplicado a rajatabla un manual de encubrimiento; priorizar el poder, el prestigio y la reputación de la institución, por encima de los menores", agregó. "Por lo tanto, como no asuman la responsabilidad de lo que ha pasado, como no asuman que esto ha pasado por su culpa, por su grandísima culpa, no vamos a ser capaces de solucionar el problema", sostuvo.

Hurtado consideró que los puntos mencionados por el Papa en su discurso eran "demasiado genéricos" porque "no ponían ninguna medida concreta sobre la mesa".

"Como siempre, no hemos sido escuchados", aseguró. En ese sentido, recordó que el miércoles pasado, cuando se reunió junto a otras 11 víctimas con los organizadores de la cumbre, presentaron una serie de propuesta. "Pero fue en vano", concluyó.

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