Crece la especulación sobre la salud del nuevo líder supremo de Irán: qué se sabe de Mojtaba Khamenei
Según servicios de inteligencia de EE.UU. e Israel, sufrió heridas leves en el mismo ataque que murió su padre; su silencio y ausencia pública alimentan el misterio
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DUBAI.- Tres días después de haber sido proclamado nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei sigue sin aparecer en público ni emitir mensajes, mientras fuentes iraníes e israelíes coinciden en que resultó herido en el mismo ataque que mató a su padre, el ayatollah Ali Khamenei, al inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel.
Funcionarios iraníes citados por distintos medios señalaron que Khamenei, de 56 años, sufrió heridas principalmente en las piernas durante el bombardeo del 28 de febrero contra el complejo donde residía y trabajaba su padre en Teherán. El ataque aéreo, lanzado el primer día de la ofensiva occidental contra Irán, destruyó el recinto y mató a varios miembros de la familia del líder, además de altos responsables militares.
Según esas fuentes, el nuevo dirigente se encuentra consciente y resguardado en un lugar altamente protegido, con comunicaciones limitadas para evitar que su ubicación sea detectada.
Información recopilada por la inteligencia israelí apunta en la misma dirección: funcionarios militares de ese país consideran que Khamenei también resultó herido en el ataque, incluso antes de que fuera designado el domingo como sucesor de su padre.
El propio gobierno iraní ha dejado entrever su condición física. La televisión estatal y la agencia oficial IRNA lo describieron como un “veterano de guerra herido”, una expresión que en la tradición política y religiosa del país evoca a quienes han sobrevivido a ataques en defensa de la República Islámica.
Un líder invisible
Desde su nombramiento, Khamenei no ha pronunciado discursos ni difundido mensajes escritos, algo inusual para un dirigente que concentra el poder religioso, político y militar del país.
Voceros del gobierno han evitado confirmar explícitamente si ya asumió plenamente sus funciones. Consultado por periodistas, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní se limitó a responder que “quienes debían recibir el mensaje, ya lo han recibido”.
La ausencia pública del nuevo líder alimentó durante días las especulaciones sobre su estado de salud, incluso rumores de que podía estar gravemente herido. Diplomáticos iraníes han confirmado posteriormente que las heridas serían leves, aunque algunos funcionarios sugieren que todavía podría estar recuperándose.
Otra razón clave para su silencio sería la seguridad. Tanto Estados Unidos como Israel han advertido que consideran al nuevo líder un objetivo legítimo. El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró tras su designación que se trata de una “elección inaceptable”, mientras que el ministro de Defensa israelí afirmó que cualquier sucesor del régimen iraní podría ser eliminado.
El ataque que cambió el liderazgo iraní
El bombardeo del 28 de febrero, que inauguró la campaña militar contra Irán, acabó con la vida de Ali Khamenei y de varios miembros de su familia, entre ellos su esposa, su nuera y un nieto adolescente, además de altos mandos militares que se encontraban en el complejo.
Mojtaba Khamenei se encontraba también en el lugar cuando ocurrió el ataque y sobrevivió por poco, según funcionarios iraníes.

El nuevo líder había permanecido durante años en segundo plano dentro del sistema político iraní, aunque era considerado una figura influyente en el aparato de seguridad y en la Guardia Revolucionaria, desde donde coordinaba asuntos militares y estratégicos para la oficina de su padre.
Una sucesión polémica
Su designación también abrió un debate dentro del propio establishment iraní. La elección del hijo del líder fallecido alimenta críticas sobre una posible deriva “dinástica” del sistema, algo especialmente sensible en un régimen que nació tras derrocar a la monarquía del sah en 1979.
Algunos analistas señalan que, pese a esas objeciones, el nombramiento buscó proyectar continuidad y cohesión en medio de la guerra. En los últimos días, manifestaciones organizadas por el gobierno en distintas ciudades del país han mostrado a simpatizantes del régimen portando retratos del nuevo líder y jurando lealtad a su autoridad.
Mientras tanto, su rostro ya aparece en carteles y murales en Teherán. Pero el hombre que ahora concentra el poder en la República Islámica sigue sin ser visto ni escuchado, en medio de una guerra que ha redefinido el liderazgo del país y que aún mantiene en vilo a toda la región.
Agencias AP y Reuters y diarios The New York Times y El País
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