De la solidaridad con EE.UU. al odio y las divisiones

La empatía inmediata que generó el ataque dejó lugar a un legado de nuevos conflictos
Eric Pfanner
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11 de septiembre de 2011  

PARIS.- En Nueva York era de mañana, en París de tarde y en Tokio bien entrada la noche cuando dos aviones comerciales se estrellaron contra el World Trade Center, el 11 de septiembre de 2011. Estados Unidos estaba bajo ataque, y el mundo estaba cabeza abajo.

Entre las casi 3000 víctimas -las de Nueva York, las del Pentágono y las de Shanksville, Pensilvania- había más de 300 que no eran estadounidenses, provenientes de más de 90 países distintos. Al día siguiente, mientras los escombros en el lugar del impacto seguían desprendiendo columnas de humo, el diario francés Le Monde proclamaba en un editorial en su tapa: "Todos somos norteamericanos".

El entonces primer ministro Tony Blair prometía que Gran Bretaña "no se apartaría un centímetro" de la superpotencia herida y desde Rusia, el presidente Vladimir Putin, denunciaba los ataques como "actos barbáricos".

El presidente de Siria, Bashar al-Assad, apelaba a la "cooperación mundial para erradicar toda forma de terrorismo" y Cuba ofrecía asistencia médica.

Qué fugaz y lejano parece hoy aquel momento de solidaridad. Una década más tarde, el mundo contempla más bien las divisiones que se generaron o profundizaron con el 11 de Septiembre: Al-Qaeda contra Estados Unidos, George W. Bush contra Saddam Hussein, cristianos contra musulmanes, musulmanes contra judíos, sunnitas contra chiitas, Estados Unidos contra Europa, la Vieja Europa contra la Nueva Europa, norteamericanos contra norteamericanos, y la lista sigue.

Una década después, el 11-S no es sólo la abreviatura de un ataque terrorista. También es sinónimo de la respuesta norteamericana, incluida su guerra global contra el terrorismo, las guerras en territorio afgano e iraquí, y las restricciones a las libertades ciudadanas en Estados Unidos. La pesadilla de aquel día también conjura imágenes de la prisión de Abu Ghraib y de la bahía de Guantánamo.

"Convertimos ese día en una fecha temible", dijo James Zogby, presidente del Instituto Arabe Norteamericano de Washington, "en vez de un día para el recuerdo".

Pero el miedo es contagioso, y se diseminó por Bali, Madrid y Londres, lugares en donde el terrorismo asesinó a varios centenares de personas más. En Occidente, creció la animadversión contra los musulmanes. En Noruega, un ciudadano nativo, extremista de derecha, preparó un ataque al estilo Al-Qaeda aduciendo "la islamización de Europa Occidental".

Ciclos

Sin embargo, el odio y la división no son los únicos legados del 11 de Septiembre. Diez años después, algunos ciclos parecen haberse completado, o casi. Los vínculos entre Estados Unidos y Europa parecen haberse restablecido. El choque de civilizaciones de nuestros tiempos que para muchos se avecinaba -entre el Occidente laico y el Oriente religioso, entre el Norte rico y el Sur pobre- nunca ocurrió. Estados Unidos ha evitado otro ataque terrorista de gran escala.

El hombre que ordenó los ataques del 11 de Septiembre, Osama ben Laden, fue asesinado por fuerzas especiales norteamericanas y su cuerpo fue sepultado en el mar. Su ideología ha caído en el descrédito, incluso entre aquellos a los que hubiese podido seducir.

De hecho, millones de árabes, ignorando el llamado de Ben Laden a emprender una Guerra Santa contra Occidente, se han alzado, en cambio, contra sus propios líderes.

En algunos lugares, el 11-S incluso compite con otros aniversarios de igual o mayor relevancia local. Veinte años desde el fallido golpe que condujo a la desintegración de la Unión Soviética. Cincuenta años de la construcción del Muro de Berlín. En muchos países árabes, donde se están produciendo revoluciones en la puerta de la casa de la propia gente, el 11 de Septiembre bien podría pasar inadvertido.

Los expertos, sin embargo, aseguran que la amenaza de Al-Qaeda sigue presente. Pero los habitantes de los países ricos de Occidente están más preocupados por sus desafíos económicos actuales, tal como ocurría en vísperas de los ataques del 11 de Septiembre a causa de la caída de las acciones de las empresas puntocom.

"Lo que queda claro, diez años después del 11 de Septiembre, es que no hubo ganadores", dijo Lutz Hachmeister, director del Instituto de Políticas Mediáticas y Comunicacionales de Berlín. "Tanto Al-Qaeda como Estados Unidos son combatientes cansados, y tanto Europa como Estados Unidos atraviesan una profunda crisis. Tal vez la ganadora sea China."

Hace una década, Estados Unidos era la única superpotencia, respetada, envidiada y a veces temida por su poderío económico y militar. Ahora, sobre todo, es la debilidad de Estados Unidos la que preocupa al resto del mundo.

Ese nuevo sentimiento abre una nueva perspectiva sobre el 11 de Septiembre. Diez años después, finalmente, el 11 de Septiembre ha pasado de alguna manera a los libros de historia.

99

Días


Pasaron desde los ataques hasta que se extinguieron las llamas en el World Trade Center.

93

Nacionalidades


De las 2977 víctimas de los atentados.

18

Personas


Escaparon de la parte superior a la zona del impacto en la Torre Sur; nadie logró hacerlo en la Torre Norte.

6215

Militares norteamericanos


Murieron en las guerras de Irak y Afganistán; más de 102.000 civiles iraquíes murieron desde la invasión norteamericana, en 2003.

Traducción de Jaime Arrambide

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