Desaceleración. La economía global pierde fuerza y se encienden luces rojas

Los mercados, víctimas de la desaceleración de la economía global
Los mercados, víctimas de la desaceleración de la economía global Fuente: Reuters - Crédito: Jeenah Moo
Lejos del optimismo de hace un año, los mercados están sufriendo por un abrupto freno en el crecimiento; Trump culpa a la Fed por la debilidad de Wall Street; malas señales de China y de la eurozona
David J. Lynch
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27 de diciembre de 2018  

WASHINGTON.- La economía global, que hasta hace poco picaba en punta, de pronto se frenó, un abrupto contraste con el panorama de hace apenas un año, cuando el mundo experimentaba su mejor índice de crecimiento desde 2010 y parecía incluso encaminado a crecer todavía con más fuerza.

En Estados Unidos los efectos ya se sienten en la construcción, donde los desarrolladores inmobiliarios están construyendo menos viviendas unifamiliares. En Alemania, las fábricas sufren, y en China, las ventas minoristas crecen a su menor ritmo de los últimos 15 años.

La abrupta ralentización está fogoneando un desprendimiento de activos financieros a nivel mundial que empujó a la baja los indicadores bursátiles de muchas empresas norteamericanas, con pérdidas de más del 20% en sus acciones. Este puede ser el peor diciembre que vive Wall Street desde 1931.

Queda claro que Donald Trump tenía en mente la actual turbulencia económica cuando durante una aparición en el Salón Oval, el mismo día de Navidad, sembró nuevas dudas sobre el desempeño del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, a quien viene culpando desde hace tiempo por la debilidad de los mercados.

"Bueno, habrá que ver", respondió Trump cuando un periodista le preguntó si confiaba en Powell. "Están elevando la tasa de interés demasiado rápido, esa es mi opinión. Pero por cierto que tengo confianza... Pienso que van a entenderlo rápidamente. Lo creo realmente".

La corrida causó un inusual frenesí de actividad en la Casa Blanca, donde los esfuerzos para calmar los temores parecen no haber hecho más que profundizarlos. La agitación política en los más altos niveles de Estados Unidos y otros países desarrollados, reflejada en el cierre parcial del gobierno norteamericano y las manifestaciones callejeras en Francia, alimentan aún más la inquietud de los inversores.

Existen otros factores que amenazan con transformar la gradual desaceleración mundial en algo más serio. Los bancos centrales, que llegaron a límites extraordinarios para estimular el crecimiento luego de la crisis de 2008, ahora se muestran menos proclives a hacerlo: la semana pasada, la Reserva Federal anunció una nueva suba de su tasa de interés de referencia. Además, las tensiones por la ofensiva comercial de Trump bajo el lema "Estados Unidos primero" están socavando la confianza empresaria en todos los continentes.

"Cuando arrancó el año, la idea generalizada era que todo estaba sincronizado, que todo iba bien en todas partes", dice Torsten Slok, economista en jefe de Deutsche Bank Securities. "Ahora, está todo mal en todas partes".

Tal vez sea una exageración, pero apenas. Fuera de Estados Unidos, el panorama es cada vez más negro. Para colmo, la mayoría de los economistas dicen que en 2019 la economía de Estados Unidos sufrirá una desaceleración.

Datos

En noviembre pasado, los datos económicos de Estados Unidos, Japón y la eurozona parecieron empecinados en no cumplir con las expectativas de los analistas, como lo refleja el índice de sorpresas económicas del Citigroup Global Markets. Los resultados de China también empezaron a desilusionar a partir del 10 de diciembre, ante la evidencia de que la ralentización de su economía está siendo más abrupta que lo anticipado.

Las señales adversas son lo suficientemente claras como para que economistas como Megan Green, del Manulife Mutual Fund, adviertan sobre una "ralentización sincronizada". Son pocos los economistas que anticipan directamente una recesión en Estados Unidos o un "aterrizaje forzoso" de China, donde el gobierno está intentando manejar gradualmente la desaceleración.

Pero un rendimiento anémico de los principales motores de la economía global podría hacer tambalear el sistema político en varios países donde ya hay tensiones, entre ellos Estados Unidos, donde Trump tendrá que prepararse para la campaña por su reelección.

"El riesgo político de una ralentización o incluso de una recesión durante 2019 es que fogonee aún más los ya preocupantes niveles de nacionalismo", dice George Magnus, autor de Banderas rojas: por qué la China de Xi corre peligro. "El riesgo es que se dejen de lado las herramientas macroeconómicas que se usan para resolver ese tipo de problemas y que se caiga en la fuerte tentación política de poner más barreras, incluidas las comerciales. China puede volverse especialmente impredecible", dice Magnus.

En Estados Unidos, a pesar de casi una década de crecimiento económico ininterrumpido, casi el 55% de los norteamericanos dice que el país va por mal camino, según una encuesta de RealClearPolitics. Una abrupta desaceleración económica pondría en jaque la demorada mejora del salario de los trabajadores, que según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, ahora estaban recibiendo un incremento anual promedio del 3,1%, el más alto de los últimos nueve años.

"Si esa mejora no continúa, lo que continuará será la polarización política", dice Peter Harrell, miembro del Centro para una Nueva Seguridad en Estados Unidos. "La desaceleración económica es un gran dolor de cabeza para el gobierno de Trump".

Según Harrell, la ralentización de la economía, combinada con un derrumbe de las acciones, también podría empujar a Trump a mostrarse más permeable a un rápido acuerdo en su guerra comercial con China. "Están inquietos por los mercados y también por el parate económico, y en Pekín pasa lo mismo", agrega Harrell.

El ensombrecimiento del panorama económico puede verse en los balances de multinacionales como FedEx. La semana pasada, la empresa global de entrega de encomiendas sufrió un desplome del precio de sus acciones por el espanto de los inversores ante los pronósticos pesimistas de los ejecutivos.

La situación de FedEx ilustra a las claras que la debilidad económica fuera de Estados Unidos tiene una onda expansiva que afecta a todo el mundo de las corporaciones.

En Europa, la producción de las automotrices se vio trastocada por la introducción de nuevas regulaciones sobre las pruebas de emisión de gases de los vehículos, que entraron en vigor el 1° de septiembre. Las ganancias de BMW durante el tercer trimestre de 2018 cayeron casi un 24%. Y la producción alemana en su conjunto cayó durante 7 de los últimos 11 meses.

Mientras tanto, el nuevo gobierno populista de Italia sigue trabado en su disputa presupuestaria con la Unión Europea, por más que su economía vaya camino a la recesión. En Gran Bretaña, las demoradas negociaciones por el Brexit están empujando a bancos como el JP Morgan Chase a mover algunas de sus oficinas a países que usan el euro, moneda que Gran Bretaña nunca adoptó.

En China, las autoridades han tratado de que la economía se libere de su dependencia del endeudamiento, que ya es astronómico. Era previsible que esas medidas llevarían a una desaceleración económica, pero la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos sobre más de 250.000 millones de dólares de importaciones chinas ha empeorado esa caída.

"Históricamente, el ciclo de negocios global nunca está del todo sincronizado", dice Andrew Kenningham, economista global en jefe de Capital Economics, de Londres. "Pero tal vez ahora el mundo se haya sincronizado un poco más".

El derrumbe del 41% en el precio del crudo que se produjo desde principios de octubre es un vuelco económico de envergadura que dejará grandes ganadores y perdedores.

La caída del precio del crudo frenará las inversiones de las empresas de petróleo y gas en todo el mundo. Según un informe investigativo de Carl Weinberg, economista internacional en jefe de High Frequency Economics, la caída de los ingresos de los países que son grandes productores de petróleo y que tienen una pesada carga de deuda será mayor a cualquier ganancia que obtengan los consumidores.

"La economía global estará más en riesgo con esta redistribución del ingreso", señala Weinberg en su informe, y menciona la turbulencia en Venezuela y Nigeria, y la creciente carga de la deuda de Arabia Saudita.

El objetivo del gobierno de Trump de lograr un crecimiento anual sostenido de la economía norteamericana del 3% durante varios años ahora parece esfumarse, mientras que la Reserva Federal rebajó de un 3% a un 2,3% su pronóstico de crecimiento para 2019. "La economía se está enfriando, y eso hace que la Reserva sea más cauta para no subir demasiado la tasa", dice Christopher Rupkey, financista en jefe del MUFG Union Bank.

Aunque la gran mayoría de los economistas creen que la economía norteamericana seguirá creciendo durante 2019, según la Reserva Federal del Banco de Nueva York ahora las chances de una recesión en los próximos 12 meses son de 1 a 6, la probabilidad más alta desde el inicio de la recuperación, allá por mediados de 2009.

La semana pasada, al elevar su tasa de referencia en un 0,25%, la Reserva Federal pareció tomar nota del cambio de situación global. El Comité Federal de Mercado Abierto, el organismo dentro de la Reserva Federal que se ocupa de establecer la tasa de interés de referencia, agregó una frase en el documento que emite después de cada una de sus reuniones, donde llama a Estados Unidos "a monitorear de cerca la economía global y la evolución financiera, y a evaluar sus implicancias".

"Nunca agregamos una frase como esa porque sí, y esa frase es para que todo el mundo sepa que estamos muy atentos a eso y muy advertidos de que el panorama puede cambiar en los meses venideros, así que estaremos muy enfocados en analizar cómo evolucionan las cosas y abiertos a reconsiderar todas nuestras opiniones", dijo John Williams, presidente de la Reserva Federal del Banco de Nueva York, a la cadena de noticias CNBC.

Traducción de Jaime Arrambide

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