Desesperados, cientos de venezolanos rompen un bloqueo militar en la frontera

Centenares de venezolanos rompieron ayer las barreras de seguridad de la Guardia Nacional en el Puente Simón Bolívar
Centenares de venezolanos rompieron ayer las barreras de seguridad de la Guardia Nacional en el Puente Simón Bolívar Fuente: Reuters
Una avalancha de gente logró cruzar a la fuerza a Colombia por el Puente Simón Bolívar, cerrado por Maduro desde el intento de ingreso de ayuda humanitaria
Daniel Lozano
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3 de abril de 2019  

VILLA DEL ROSARIO, Colombia .- Cientos y cientos de venezolanos atravesaron ayer a la fuerza el Puente Internacional Simón Bollívar, que une San Antonio con la colombiana Villa del Rosario. Una avalancha empujada por la desesperación eludió el "muro" fronterizo levantado hace 40 días por el gobierno bolivariano, convertido en el símbolo de la "victoria" revolucionaria sobre el Parlamento y sus aliados internacionales, que intentaron introducir ayuda humanitaria para el país.

Los ciudadanos desoyeron las órdenes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y se lanzaron en estampida por los escasos huecos que dejan los contenedores colocados por las fuerzas gubernamentales sobre el puente, tanto por los laterales, apenas un metro y medio, como por encima de ellos: los contenedores de cinco metros de altura, instalados para impedir el paso de la ayuda humanitaria, no pudieron contener ayer a la gente. Los protagonistas de la rebelión ciudadana, encaramados sobre los simbólicos contenedores, repitieron estampas parecidas a las que cambiaron la historia de Berlín en 1989, durante la caída del Muro.

El objetivo de todos ellos era desplazarse desde la venezolana San Antonio hasta la colombiana Villa del Rosario para vender sus productos, ya sea pan o fruta, y adquirir, a la vez, las medicinas y los alimentos que no tienen en su país. Una forma de romper el bloqueo ante la negativa gubernamental a reabrir la frontera. Antes de su cierre, al menos 20.000 personas cruzaban los puentes fronterizos todos los días.

"¡Se ha colapsado, ya no se puede pasar ni llegar hasta aquí!", explicó Alexis a LA NACION, cargado con una bolsa de paltas, en el lado colombiano, tras sufrir apretujones y empujones, y con la camiseta empapada de sudor. El joven, nacido en Caracas, vio cómo un niño se subió al contenedor para tocar el cuatro, instrumento de cuerda de la música llanera. Al final, al niño también lo sacaron como pudieron ante el empuje de los demás, que tomaron los techos del gigante metálico como si se tratara del Muro de Berlín.

Algunos guardias nacionales acudieron al socorro de los lesionados, a quienes entregaron a la policía colombiana para que los atendieron al otro lado. Reinaba la desesperación, como casi siempre en los límites del norte de Santander y del Táchira. En las últimas semanas, los agentes solo permiten pasar a colegiales, enfermos y gente mayor, por lo que el resto se ve obligado a usar las trochas, pasos clandestinos donde deben pagar a unos y otros para llegar a su destino.

"La gente se decidió a saltar porque no podía cruzar el río y porque está cansada de pagar a los grupos irregulares. Se cansaron y la indignación los empujó a hacerlo. Calculamos que pueden ser varios miles, buena parte de los que cruzan todos los días", precisó el dirigente opositor Carlos Chacón a este periódico.

El día amaneció más tenso que de costumbre en la frontera cerrada. La naturaleza conspiró para dificultar aún más el paso de los venezolanos , ya que la lluvia torrencial caída durante la noche provocó la crecida del río Táchira, el mismo que se atraviesa para pasar a Colombia. La imposibilidad de utilizar los pasos clandestinos provocó la desesperación y el colapso final sobre el puente, aunque los más atrevidos se lanzaron con flotadores y cuerdas para instalar un pequeño paso sobre las aguas turbias del río, que bajaban a toda velocidad.

" Maduro está jugando con la vida de los venezolanos y esto debe ser rechazado por la comunidad internacional", protestó Christian Krüger, director de Migración de Colombia, que insistió en que los militares venezolanos también intervienen en el cobro por el paso de las trochas.

"Los tres puentes están abiertos para algunos casos específicos, no para la mayoría, que trabaja de manera informal en Cúcuta o que se abastecen de alimentos y medicamentos. Estos están cansados de tener que pasar por las trochas, donde además de peligroso es necesario contar con efectivo en pesos colombianos para pagar", explicó a LA NACION el activista Gustavo Contreras.

El gobierno de Caracas mantiene cerrados los tres pasos fronterizos de la zona como castigo por el intento de entrada de la ayuda internacional el 23 de febrero. Aquel día lo impidió a sangre y fuego, pero desde entonces mantiene la frontera cerrada.

Mientras tanto, Cúcuta languidece económicamente sin que el gobierno de Iván Duque tome medidas para reactivar un comercio que depende totalmente de las relaciones con sus vecinos.

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