Efecto colateral: cómo la Fed altera la vida de millones

Su decisión de subir las tasas de interés hace temblar a los países emergentes
Keith Bradsher
Neil Gough
Peter S. Goodman
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18 de marzo de 2017  

CIUDAD JUÁREZ.- Francisca Hervis Reyes y su familia han perseverado en la frontera, trabajando en fábricas situadas a más de 2000 kilómetros de su ciudad natal. No se fueron a pesar de la letal guerra entre cárteles de la droga que convirtió esta ciudad en una de las más peligrosas del planeta. Pero lo que la familia Reyes tal vez no pueda superar son las cambiantes preferencias de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed).

A Francisca le pagan en pesos, una moneda que viene perdiendo valor como consecuencia de la intención de la Reserva Federal (el banco central) de seguir aumentando su tasa de interés a lo largo de este año. En la franja de tierra justo al sur de la frontera de los Estados Unidos, los precios de los alimentos y otras necesidades siguen el ritmo del dólar, cuyo valor viene subiendo. Es como si la Fed hubiese recortado el salario de Francisca Reyes.

Al igual que millones de otros habitantes del sudeste asiático y América latina, los Reyes sufren las consecuencias de profundos cambios en la economía global.

El miércoles pasado, cuando la Reserva Federal subió sus tasas de interés, fogoneó el constante flujo de divisas que abandonan los mercados emergentes para desembarcar en las costas de los Estados Unidos. Y como está previsto que la Reserva Federal vuelva a subir sus tasas a lo largo de año, los países en desarrollo ya se preparan para el impacto adicional: menos llegada de inversiones, más depreciación de sus monedas, mayor fragilidad de sus economías.

En toda China, millones de personas que invirtieron sus ahorros en inmuebles son vulnerables si gran cantidad de dinero sale del país y los precios de la vivienda se desploman. En Turquía, los comerciantes que ya sufrieron un intento de golpe de Estado , la consecuencia represión y los incesantes atentados terroristas, ahora deben hacer frente al derrumbe de la lira, que a su vez hizo subir el precio de los insumos y bienes importados.

En Malasia, a los negocios les cuesta subir el precio de los artículos importados mientras el valor de la moneda local cae. En México, las familias sufren la volatilidad de una moneda que ya tambaleaba antes las amenazas de Trump de aplicarle un impuesto a los bienes que atraviesan la frontera.

"Cuanto más baja el peso mexicano, menos cosas podemos comprar", dice Francisca en las desérticas afueras de Ciudad Juárez. "Estamos pensando en volvernos a Veracruz. La gente está abandonando las fábricas y se vuelve a su pueblo", se lamenta.

Las fuerzas que pone en movimiento la Reserva Federal pueden tener efectos traumáticos, especialmente en los países menos ricos. Cuando se desató la crisis financiera de 2008, la Reserva tomó medidas extraordinarias para que el flujo del crédito no se cortara. El resultado fue un auge de inversiones en los mercados emergentes.

En 2009, más de 259.000 millones de dólares ingresaron en los países en desarrollo, según el Instituto para las Finanzas Internacionales, una asociación de comercio internacional. Entre 2010 y 2015, el flujo anual de capitales hacia esos mercados promedio los 328.000 millones de dólares.

En la primavera boreal de 2013, la Reserva Federal sorprendió a los mercados con sus planes de ir moderando ese estímulo financiero. Entonces los inversores abandonaron en estampida los países emergentes, lo que produjo el derrumbe de las monedas del Brasil, la India, Indonesia, Sudáfrica y Turquía.

"El efecto del aumento de la tasa de interés de la Fed sobre los mercados emergentes es sorprendentemente fuerte", dice Gary Clyde Hufbauer, del Instituto Peterson de Economía.

La mayoría de los economistas supone que la nueva alza de tasas prevista para este año tendrá un efecto mucho menos dramático. La Reserva ya avisó, dando tiempo a los inversores para prepararse. Muchos países han acumulado grandes reservas en dólares, lo que les permite tener un colchón para mitigar la caída de sus monedas. Sin embargo, hay países que siguen mostrando señales de tensión.

Desde mayo pasado, la lira turca ha perdido un 25% de su valor frente al dólar, y el gobierno de Ankara tiene un margen de reservas relativamente escaso. El peso mexicano viene cayendo desde que Trump comunicó su intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Y el jueves, tras el comunicado de la Reserva, China reaccionó con su propio aumento de las tasas.

En el mundo inversor, el peso mexicano funciona como una moneda testigo de todos los países emergentes: la moneda contra la que se apuesta cuando las cosas vienen mal. "Es lo primero que hacen cuando sienten que algo malo está por pasar en los mercados emergentes", dice Mark Weisbrot, director del Centro de Investigaciones Políticas y Económicas.

Los líderes de China también albergan miedos sobre un éxodo descontrolado de efectivo. Un derrumbe de yuan haría subir los precios para los consumidores chinos, con el consiguiente malestar popular. También podría hacer estallar las burbujas inmobiliarias que se han formado en varias ciudades de China. Eso dejaría millonarias pérdidas a los bancos chinos y al mismo tiempo barrería con los ahorros de millones de personas que vieron en el mercado inmobiliario un camino hacia la prosperidad personal.

China conserva un enorme poder para hacer frente al embate de la Reserva Federal: está sentada sobre unos 3 billones de dólares en reservas internacionales, dinero que puede usar para salir a comprar su propia moneda en los mercados mundiales.

Pero sostener el yuan implica controlar férreamente la fuga de divisas, como sucedió en noviembre, cuando el gobierno decretó que para hacer transferencias al extranjero de más de cinco millones de dólares era necesario un permiso de los organismos de control. Un enfoque que ahuyenta las inversiones.

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Traducción de Jaime Arrambide

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