El acuerdo sigue siendo posible, pero es más improbable
PEKÍN.- La amenaza del presidente norteamericano Donald Trump de subir los aranceles a las importaciones chinas ensombrece las perspectivas de un acuerdo comercial entre ambos países, aunque los preparativos de los enviados de Pekín para las conversaciones que tendrán lugar esta semana en Washington alientan la esperanza de algún avance que ponga fin a la guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo.
Pekín "está tratando de recabar más información", dijo un vocero del ministro de Relaciones Exteriores de China, Geng Shuang, después de que Trump anunciara que a partir de este viernes aumentaría de un 10 a un 15% los aranceles de importación de productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares. El anuncio de Trump fue leído como un intento de forzar a Pekín a aceptar un acuerdo comercial a gusto del presidente norteamericano.
De todos modos, Geng no dio detalles sobre el reinicio exacto de las charlas ni sobre la composición de la delegación china. Tampoco dijo si viajaría a Washington el viceprimer ministro Liu He, que lideró al equipo chino en las rondas anteriores.
Esa falta de detalles sugiere que Pekín enfrenta un conflicto interno: por un lado, China ansía poner fin a una riesgosa guerra comercial que viene castigando sus exportaciones, y por el otro, teme parecer cediendo a las demandas de mayores concesiones del gobierno de Trump.
"Tenemos la esperanza de que Estados Unidos sume esfuerzos con China para encontrarnos en un punto medio y así llegar a un acuerdo mutuamente provechoso, donde todos ganen y sobre la base del respeto mutuo", dijo Geng.
En su disputa, ambos países han elevado los aranceles de cientos de miles de millones de dólares en importaciones mutuas, una guerra que se centra en las quejas del gobierno de Trump sobre la agresiva estrategia de Pekín para alcanzar la supremacía tecnológica mundial a través de medios ilícitos. El enfrentamiento ha perturbado el intercambio comercial de productos tan variados como el poroto de soja y el equipamiento médico.
Anteayer, Trump subió la apuesta con su amenaza de aumentar de un 10 a un 15% los aranceles de importación de productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares, e imponer aranceles sobre 325.000 millones de dólares de otros productos importados, lo que en los hechos implica gravar todos los envíos chinos a Estados Unidos. Su gobierno ya había impuesto un 25% de arancel sobre 50.000 millones de importaciones chinas, mientras que Pekín lo hizo sobre productos norteamericanos por valor de 110.000 millones de dólares.
Ayer por la mañana, Trump subió la presión con un tuit: "Hace años que Estados Unidos pierde entre 600.000 y 800.000 millones de dólares anuales en intercambios comerciales. Lo lamento, ¡eso se acabó!"
Anteriormente, Trump ya había prolongado los plazos para alcanzar un acuerdo comercial, en un intento por ganar tiempo para las negociaciones. Pero anteayer se quejó por Twitter de que el acuerdo con Pekín "va muy lento porque ellos intentan renegociar. ¡No!"
La repentina retórica combativa de Trump fue una sorpresa, ya que hace semanas que los funcionarios de la Casa Blanca dejan entrever que las negociaciones avanzaban a paso firme.
Michael Pillsbury, director del Centro sobre Estrategias Chinas del Instituto Hudson y asesor del gobierno de Trump, dice que los tuits del presidente sugieren que los líderes chinos "intentan desdecirse de concesiones que ya hicieron".
Trump ya había aumentado los aranceles a China el 6 de julio, como respuesta a quienes se quejan de que Pekín roba tecnología o presiona a las empresas extranjeras para que se la entreguen. La Casa Blanca y otros socios comerciales también quieren que Pekín reduzca sus planes de crear empresas estatales globales que salgan a competir en robótica y tecnología. Aseguran que eso viola los compromisos de libre mercado asumidos por el gobierno comunista de Pekín.
Ambos bandos dicen estar haciendo avances, pero no han revelado ningún detalle. Los negociadores de Pekín han acordado achicar el políticamente sensible superávit comercial de China con Estados Unidos a través de la compra de más poroto de soja, gas natural y otros productos. También ofrecieron modificar su estrategia comercial, pero no están dispuestos a descartarla de plano.
Otro punto peliagudo es la insistencia de Estados Unidos sobre la aplicación de un mecanismo de multas en caso de que Pekín no se atenga a los compromisos que asuma.
Los economistas sugieren que Trump tal vez quiera aumentar la presión porque la economía de China se está recuperando, y por lo tanto Pekín tiene menos urgencia en llegar a un acuerdo.
El último trimestre la economía china mostró un crecimiento sostenido, a pesar de la caída de las exportaciones a Estados Unidos. Eso sugiere que las medidas oficiales por revertir la caída están funcionando.
"Es posible que China se muestre menos dispuesta a hacer mayores concesiones", dijeron los economistas del Citygroup en su informe.
Según Jake Parker, vicepresidente del Consejo Empresarial Estados Unidos-China, la amenaza de Trump hace que las negociaciones se vuelvan "políticamente muy difíciles" para el gobierno de Xi Jinping. Si Pekín cerrara una acuerdo antes del plazo de este viernes que puso Trump, la opinión pública china "podría verlo como una capitulación", dice Parker.
Por otra parte, si Trump cumple su amenaza, las más preocupadas serán las empresas norteamericanas en China, "por temor a las represalias", señala Parker.
Para los economistas, si China abandona la mesa de negociaciones, las consecuencias se harán sentir globalmente, con turbulencia en los mercados y retardo en el crecimiento.
"Los riesgos de una guerra sin cuartel entre Estados Unidos y China han aumentado significativamente", escribieron en su informe los economistas Tao Wang y Ning Zhang, de UBS.
Traducción de Jaime Arrambide
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