El diálogo por la guerra en Siria, clave para acercar posiciones entre viejos rivales

Hace unos meses, EE.UU. recurrió a Irán, lo que fortaleció el acercamiento
Germán Padinger
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17 de enero de 2016  

El año pasado concluyó con grandes logros para la teocracia chiita de Irán, que pudo cerrar un acuerdo nuclear con las potencias occidentales para levantar las sanciones económicas y fue invitada a participar de las negociaciones para alcanzar una solución al conflicto en Siria, cuyo gobierno es uno de los aliados más antiguos de Teherán.

Y ahora, en el primer mes de este año, el anuncio en Viena del levantamiento formal de las sanciones parece coronar esos esfuerzos.

En julio pasado las gestiones para limitar el programa nuclear iraní a cambio de terminar con las sanciones que afectaron su economía fueron exitosas, y el grupo de las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania (Grupo 5+1) acordó con Teherán el Plan Integral de Acción Conjunta.

Incluso el nombre del comandante de la fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, Qassem Solei-mani, que dirige las operaciones iraníes en Siria, se coló en el borrador del acuerdo nuclear dentro de la lista de individuos y organizaciones a los que se les levantarían esas sanciones.

En septiembre, tras confirmar el acuerdo en el Parlamento iraní, Teherán pareció aumentar la apuesta con el envío de tropas, un compromiso que nadie hasta entonces estaba dispuesto a hacer, y que puede tensar relaciones con sus rivales en la región, Arabia Saudita e Israel.

"Las relaciones entre Irán y Arabia Saudita fueron un factor determinante, se podría decir el más determinante, en la evolución, militarización y el estancamiento del conflicto sirio", dijo a LA NACION Yezid Sayigh, investigador del Carnegie Middle East Center. No estuvo solo. Moscú pateó la balanza al comenzar en octubre su campaña, coordinada con Irán, de bombardeo aéreo contra Estado Islámico (EI), pero también contra rebeldes que acechan al presidente Bashar al-Assad; algunos de los mismos rebeldes apoyados por Turquía, Arabia Saudita y Estados Unidos.

Muchos países europeos, especialmente Francia, quisieron sumarse a esa campaña tras los ataques en París que en noviembre pasado dejaron 129 muertos y llevaron la crisis en Siria y el auge de EI a lo más alto de la agenda de las mayores potencias.

Teherán, que desde la revolución islámica de 1979 -y especialmente tras ser incluida en el "eje del mal" de Geoge W. Bush- fue considerada un obstáculo para la paz, fue una de las primeras potencias regionales en entrar en Siria. Muchos recuerdan los vínculos del país con organizaciones islamistas, como el grupo libanés Hezbollah.

"Irán está detrás de la mayoría de las organizaciones terroristas en esta parte del mundo, como Hezbollah. ¿Cuántas veces capturamos barcos en alta mar cargados con armas desde Irán hasta estas organizaciones terroristas?", dijo a LA NACION Yossi Gal, ex director del Servicio Exterior de Israel.

Irán apostó fuerte en Siria y contra el jihadismo sunnita. Lo hizo con fondos, armas y asesores para apoyar al gobierno de Al-Assad, aquejado por rebeldes, jihadistas e independentistas kurdos por igual. Y fue uno de los más comprometidos en la lucha contra EI.

Según Sayigh, la inclusión de Irán por primera vez en las negociaciones para llegar a la paz es una corrección histórica, ya que una solución al conflicto es imposible sin la participación de Teherán.

"Hay un interés en común en la comunidad internacional y entre el Grupo 5+1 en mantener el acuerdo nuclear y encontrar la estabilidad en Siria. En vez de ser un punto problemático será un punto de coo-peración", dijo a LA NACION el doctor Paulo Botta, coordinador del Departamento Eurasia en la Universidad Nacional de La Plata.

Más allá de intereses, estrategias y métodos, todos los actores involucrados parecen estar en busca de la estabilidad en la región. "Los países importantes en la comunidad internacional tienen intereses globales y Siria es uno de ellos", señaló Botta.

Washington, por otro lado, parece tener tanto razones para dialogar con Teherán como para confrontar. El acuerdo es considerado un éxito de la política exterior de Barack Obama, pero fue resentido por los republicanos, que podrían ver los últimos movimientos iraníes en contra de milicias entrenadas por el Pentágono como una confirmación de sus temores.

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