El futuro ya es otro para dos países enredados en el pasado

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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23 de marzo de 2016  

LA HABANA.-Durante tres días, La Habana fue testigo de la historia, inmortalizada en imágenes y hechos que debieron aguardar casi un siglo: un presidente norteamericano subiendo las escalinatas del Palacio de la Revolución, miles de periodistas en la ciudad o un coro entonando el himno de Estados Unidos en un estadio de béisbol, ante miles de cubanos de pie.

Hubo otro hecho inédito. Raúl Castro tuvo que responder no una, sino dos veces una pregunta de un periodista norteamericano acerca de los presos políticos en la isla. Y en su propia casa de gobierno. Incómodo y ofuscado, terminó por aceptar su nueva realidad a regañadientes.

Otras escenas, añejas, resistieron el inicio del "nuevo día" que inauguraron Obama y Castro, artífices del deshielo entre Washington y La Habana. Horas antes de que aterrizara el avión presidencial de Obama, el domingo, el gobierno cubano arrestó a más 50 disidentes que chocaron con partidarios de los Castro en las calles de la ciudad. "¡La calle es de Fidel!", les recordaron.

El futuro y el pasado convivieron en La Habana. Estos días ofrecieron, quizá, la ojeada más nítida de lo que cabe esperar de ahora en más en la relación entre Cuba y Estados Unidos. Para la Casa Blanca, la apertura ya es irreversible. Sólo los más intransigentes ponen en duda que es un franco avance respecto del congelamiento que gobernó el vínculo entre ambos países durante más de medio siglo. Pero, como reconocieron Obama y Castro, la nueva etapa tendrá avances y retrocesos.

Como era de esperar, los derechos humanos y el embargo -y, en menor medida, los futuros y prometedores negocios en Cuba- dominaron la agenda. Nadie esperaba grandes concesiones por parte del gobierno cubano en derechos humanos. Pero, con todo, la visita de Obama forzó a Castro a responder una pregunta sobre las libertades políticas. Abrió un diálogo, apuntaron funcionarios de la Casa Blanca.

Esa novedad, marcaron, es fruto del deshielo, de la gira del presidente, y de su política de "involucramiento con asociación respetuosa" que gobierna los lazos con América latina bajo Obama.

"El viaje del presidente Obama representó el entierro de una política anacrónica y fracasada de aislamiento, y dificultará que el gobierno de Castro siga presentándose al mundo como una víctima de Estados Unidos para justificar sus políticas represivas", evaluó el director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, una de las voces más respetadas a la hora de hablar de derechos humanos en la región.

Vivanco dejó también una crítica: dijo que Obama debió haber sido "mucho más claro y específico", y debió exigir reformas. Lamentó, por ejemplo, que Obama no se refiriera al bloqueo en el acceso a páginas web de periodistas o intelectuales independientes.

El otro tema fue el embargo. La delegación que acompañó al presidente se mostró optimista respecto de su final. Nancy Pelosi, máxima figura demócrata en la Cámara de Representantes, dijo a LA NACION antes del discurso que el viaje había sido un "progreso magnífico" y había ayudado a "galvanizar" apoyo para removerlo. Jeff Flake, senador republicano de Arizona, dijo en el mismo lugar que creía que levantarlo "aceleraría los cambios en Cuba".

"Nuestra política en Cuba ha sido irritante en toda América latina. El giro, claramente, ayuda", indicó Flake.

Obama y Castro fueron ovacionados cuando ingresaron al Estadio Latinoamericano (Castro más que Obama), para ver el partido entre los Tampa Bay Rays y la selección cubana. Los Obama se sumaron a la "ola" del público, y Obama celebró con un apretón de manos con Castro el primer tanto del partido. "La diplomacia del béisbol", bromeó una periodista.

Lázaro Armando Apiaú Vázquez, un disidente cubano, dijo que Obama generaba "la esperanza de que hubiera algún tipo de cambio". Antonio Rojas, estudiante, de 22 años, mostró otra cara: "El restablecimiento de las relaciones puede ayudar al mundo y a Cuba. Pero los cubanos somos fieles a nuestra historia. No vamos a renunciar nunca a nuestros principios". Para ambos, el futuro ya es otro.

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