El intento de Netanyahu de rediseñar Medio Oriente se le está volviendo en contra
El ejército israelí está sobreextendido y su popularidad en Estados Unidos se desploma
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NUEVA YORK.- “Ante todo, librémonos del error absurdo de creer que solo con el Ejército podemos mantener la seguridad del Estado”, advirtió en 1951 el primer ministro israelí, David Ben-Gurion. “La seguridad se apoya en una política exterior de paz: una intención sincera de estar en paz con nuestros vecinos y con todas las naciones”.
El actual primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, alguna vez prestó atención a la advertencia de su antecesor. Aunque Netanyahu siempre fue un halcón, era uno prudente. Socavó los Acuerdos de Oslo, pero no los abandonó. En el pasado, cuando libraba guerras, eran guerras cortas, diseñadas para “cortar el pasto”, no para erradicar el jardín. Su logro más significativo fueron los Acuerdos de Abraham de 2020, que establecieron relaciones diplomáticas formales con varios Estados árabes, y aspiraba a extender ese acercamiento a Arabia Saudita.
Todo eso cambió el 7 de octubre de 2023, cuando un ataque terrorista de Hamas provocó la peor pérdida de vidas judías en un solo día desde el Holocausto. Los israelíes quedaron traumatizados y radicalizados en busca de seguridad absoluta y venganza total. Desde entonces, Israel emprendió acciones militares en la Franja de Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Irán, Irak y Yemen. En lugar de buscar disuadir y degradar a los enemigos de Israel, Netanyahu habló de “aniquilarlos”. Prometió cambiar “el rostro de Medio Oriente” y “redibujar” el mapa de la región.
El deseo de Netanyahu de golpear en todas direcciones después de un ataque sorpresa tan devastador —la versión israelí del 11 de Septiembre— es perfectamente comprensible, pero le está saliendo mal. En busca de seguridad absoluta, está debilitando los intereses de largo plazo de Israel. Está sobreextendiendo a las fuerzas armadas israelíes y convirtiendo al Estado en un paria global. También está haciendo que Israel dependa más que nunca de la protección de Estados Unidos, incluso cuando la impopularidad de su país crece en Estados Unidos.
El conflicto persistente de Israel con Irán muestra lo difícil que es para un Estado tan pequeño, incluso cuando trabaja codo a codo con una superpotencia, alcanzar sus objetivos. En junio pasado, después de 12 días de ataques aéreos contra Irán, Netanyahu proclamó “una victoria histórica, que perdurará por generaciones”.
Sin embargo, apenas ocho meses después, llevó a Israel, aliado con Estados Unidos, a otro conflicto con Irán, mucho más ambicioso. Esta vez, el objetivo era destruir sus programas nuclear y misilístico y cambiar su régimen. Ninguno de esos objetivos se logró, e Irán respondió cerrando el estrecho de Ormuz.
Netanyahu presionó a favor de la guerra, pero perdió el control sobre ella. Su aliado, el presidente Donald Trump, marginó a Netanyahu de las negociaciones de paz e intenta humillar al orgulloso primer ministro diciendo: “Hará lo que yo quiera que haga”. El mes pasado, Trump obligó a Israel a aceptar un alto el fuego en Líbano que Netanyahu claramente no quería. Es probable que un nuevo acuerdo entre Estados Unidos e Irán traiga una repetición de esa escena.
Pero Netanyahu no tiene más opción que sonreír y aguantar, porque —en violación del viejo mantra sionista de autosuficiencia, “nos defenderemos por nosotros mismos”— convirtió a Israel en un país peligrosamente dependiente de Estados Unidos.
The Post informó la semana pasada que las fuerzas armadas estadounidenses gastaron “muchas más municiones de alta gama defendiendo a Israel en medio de las hostilidades con Irán que las propias fuerzas israelíes”. El artículo citó a un funcionario del gobierno que dijo: “Israel no es capaz de librar y ganar guerras por sí solo, pero nadie lo sabe realmente, porque nunca ven la trastienda”.
Ese es un gran problema de largo plazo para Israel, porque su apoyo en Estados Unidos se está desplomando, en parte por el aumento del antisemitismo, pero también por toda la cobertura negativa sobre las víctimas civiles en Gaza. Gallup informa que, por primera vez, los estadounidenses simpatizan más con los palestinos que con Israel. El Pew Research Center señala que el 60% de los estadounidenses tiene una visión desfavorable de Israel, frente al 42% en 2022.
A veces parece que el gobierno de Netanyahu se esforzara por ganarse el repudio internacional. La semana pasada, fuerzas de seguridad israelíes encabezadas por el ministro de extrema derecha Itamar Ben-Gvir inmovilizaron con precintos y se burlaron de activistas internacionales que formaban parte de una “flotilla de paz” que intentaba desafiar el bloqueo israelí de Gaza. Incluso el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, calificó las acciones de Ben-Gvir de “despreciables”. El propio Netanyahu reconoció en internet que “la forma en que el ministro Ben-Gvir trató a los activistas de la flotilla no está en línea con los valores y normas de Israel”. Sin embargo, Ben-Gvir sigue en el gabinete.

Ganar una enemistad tan extendida podría valer la pena si Israel estuviera consiguiendo realmente la seguridad absoluta que busca Netanyahu. Pero no es así. Israel ocupó más de la mitad de la Franja de Gaza, pero Hamas todavía controla a casi toda la población. Israel llevó adelante en 2024 una operación brillante con bípers explosivos y ataques aéreos para eliminar a buena parte del liderazgo de Hezbollah, pero el grupo terrorista sigue siendo una amenaza potente. Las tropas israelíes están ahora empantanadas en lo que parece ser una ocupación de largo plazo del sur del Líbano, que las deja vulnerables a ataques con drones de Hezbollah. Y CNN informa que, después de más de un mes de ataques aéreos israelíes y estadounidenses, “el Ejército de Irán se está reconstituyendo mucho más rápido de lo estimado inicialmente”.
Mientras tanto, sigue creciendo la presión sobre unas fuerzas armadas israelíes sobreexigidas. En marzo, el jefe del Estado Mayor, teniente general Eyal Zamir, dijo al gabinete de seguridad que estaba “levantando 10 banderas rojas” y que el Ejército se estaba “desmoronando por dentro” debido a la carga de combate ininterrumpido desde el 7 de octubre de 2023.
Extraño al viejo Netanyahu, que reconocía los límites de Israel. Una nación de unos 10 millones de personas, por más fuerte que sea, no puede dominar una región de más de 500 millones. Intentar alcanzar ese objetivo quimérico solo agotará la fuerza y la seguridad de Israel.
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