La vía de escape de Trump en Irán riesgosa. Pero no tiene una alternativa mejor
El marco de paz del gobierno les pide a los mullahs que elijan la prosperidad por encima de la ideología
6 minutos de lectura'
El presidente Donald Trump parece estar cerca de encontrar una rampa de salida de la guerra con Irán, pero se trata de una apuesta riesgosa: confiar en que el liderazgo dividido de Teherán opte por la modernización de posguerra en lugar de continuar el conflicto con Estados Unidos e Israel.
Como ocurre con la mayoría de los acuerdos de paz, el marco descrito el domingo por funcionarios estadounidenses implicaría una serie de concesiones, muy lejos de la capitulación que Trump buscaba cuando se sumó a Israel para lanzar la guerra el 28 de febrero. El régimen iraní puede reivindicar una victoria simplemente por haber sobrevivido al ataque. Sin embargo, si estos líderes de línea dura continúan desestabilizando la región, el acuerdo probablemente colapse en una nueva ronda de enfrentamientos.
El acuerdo de alto el fuego que me describieron el domingo varios funcionarios al tanto de las conversaciones se centra en varios puntos centrales: el compromiso iraní de reabrir de inmediato el estrecho de Ormuz, sin peajes, y la promesa de Irán de no buscar armas nucleares, a cambio del cese de las hostilidades, la liberación de fondos congelados y el levantamiento gradual de las sanciones estadounidenses.
Los detalles de la desnuclearización de Irán se negociarían durante los próximos 60 días, en un proceso que, en el mejor de los casos, sigue siendo impreciso. Se dice que Irán aceptó disponer de su stock de uranio altamente enriquecido, pero aún no aceptó la exigencia de Trump de que ese material sea entregado a Occidente. Este problema podría sortearse mediante un plan para diluir el uranio enriquecido o enviarlo a un tercer país, si Trump acepta. El Organismo Internacional de Energía Atómica verificaría el cumplimiento.
La línea de base de Trump es que los líderes iraníes “deben entender... que no pueden desarrollar ni adquirir un arma o bomba nuclear”, como escribió el domingo en una publicación en Truth Social. Pero el diablo está en los detalles. Irán no aceptó públicamente renunciar a su “derecho a enriquecer” uranio y, después de esta guerra, su deseo de contar con un elemento de disuasión nuclear probablemente sea más fuerte que nunca.
Para lograr que Irán cumpla durante la negociación de 60 días sobre los detalles nucleares, Estados Unidos propuso incentivos basados en resultados: “recibís más si entregás más”, según la fórmula que utilizan los funcionarios. Durante esos 60 días, Washington retirará gradualmente las sanciones económicas si Irán cumple. Pero volverá a imponerlas —hasta el punto de asfixiar la economía— si se resiste.
Trump y sus asesores parecen haber decidido que reanudar la acción militar para imponer condiciones más duras no vale el enorme riesgo que eso implicaría para la economía global y para la suerte política del propio Trump. Pero su decisión de poner fin al bloqueo preocupa a Israel y a sus aliados en el Congreso, como el senador Lindsey Graham, republicano por Carolina del Sur. Trump intentó calmar esos temores con su publicación del domingo, en la que afirmó que no se “apresuraría a cerrar un acuerdo”.
El equipo de Trump cree que los precios globales de la energía caerán rápidamente una vez que se reabra el estrecho de Ormuz. Un funcionario dijo que los barcos actualmente varados en el Golfo Pérsico transportan 150 millones de barriles de petróleo; cuando ese crudo llegue al mercado, pronosticó, los precios bajarán. De los 20 millones de barriles que circulaban diariamente por el estrecho antes de la guerra, el funcionario dijo que se encontraron medios alternativos de entrega para todos menos 7 millones. Otros tienen pronósticos menos optimistas sobre la rapidez con la que se recuperará el mercado energético mundial.
Uno de los aspectos más fascinantes de las negociaciones es que el equipo de Trump jugó algo parecido a un juego de tronos con los elementos fragmentados del nuevo liderazgo iraní. Se comunicaron con una variedad de funcionarios iraníes, incluidos algunos altos miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica, utilizando contactos desarrollados por intermediarios clave, especialmente Qatar, Turquía, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Pakistán.
La propuesta del equipo de Trump se centró en las oportunidades económicas que seguirían a un acuerdo. El premio para los mullahs, argumentaron, sería una inversión significativa de posguerra en la golpeada pero potencialmente próspera economía iraní. “Actúen como un país normal y serán tratados como tal” fue parte del mantra negociador. Los negociadores explicaron que los inversores exigirán Estado de derecho, políticas previsibles y una gobernanza estable antes de comprometer capital.
Esa visión de un país moderno y próspero entusiasmaría a la mayoría de los iraníes. Pero resulta anatema para muchos sectores de línea dura, que desde 1979 temen que la modernización socave la revolución. Los mullahs temen la “contaminación cultural” de Occidente, que podría debilitar los valores islámicos. Pero deben lidiar con una población exhausta por la guerra, ansiosa por llevar a Irán hacia los paisajes urbanos relucientes de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
Al mirar hacia atrás, después de tres meses de guerra y bloqueo, lo asombroso es la poca claridad que tenían Israel y Estados Unidos sobre cómo ayudar al pueblo iraní a crear ese Estado moderno y posrevolucionario. Cuando decenas de miles de iraníes estaban en las calles en enero denunciando al régimen, Trump prometió que la ayuda estaba en camino.
Pero llegó el 28 de febrero con ataques de decapitación, un plan a medio cocinar para armar a rebeldes kurdos y una idea disparatada de instalar a Mahmoud Ahmadinejad, el expresidente de línea dura, como agente del cambio. Ese camino hacia un cambio de régimen, que nunca fue realista, se derrumbó mientras el régimen masacraba a miles de manifestantes de enero.
Si Trump consigue un acuerdo de paz, habrá escapado de lo que se había convertido en un pantano militar y un callejón estratégico sin salida. Como dijo una fuente involucrada en la planificación de la guerra: “Tenemos la capacidad de bombardear cualquier cosa. Pero ¿qué podemos hacer que cambie la toma de decisiones iraní?”.
La apuesta de que los cuadros triunfalistas de la Guardia Revolucionaria y sus aliados dentro del régimen se sumen a la construcción de un Estado moderno es remota. Pero Trump no parece tener ninguna opción mejor disponible.
Otras noticias de Guerra en Medio Oriente
Minuto a minuto. Guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán: tensión en Medio Oriente hoy, lunes 25 de mayo
Parte de guerra, día 87. Conflicto en Medio Oriente: todo lo que hay que saber
“Será grandioso o no será”. Trump amenaza con volver al “frente de batalla” y salen a la luz detalles de las negociaciones con Irán
1Cómo la familia Andic construyó el imperio de la moda Mango y qué poder tiene Jonathan, el heredero acusado de la muerte
- 2
Se desmorona la estrategia electoral del “Bolsonaro moderado” y Lula vuelve a tomar ventaja
3Cómo es Bután, el esquivo y exclusivo reino del Himalaya que ahora se abre al mundo
4Rubio dijo que Estados Unidos está preparado para posteriores conversaciones nucleares si Irán abre estrecho de Ormuz

