El papa Francisco les lavó los pies a refugiados de diferentes religiones

El Papa Francisco lava los pies de una refugiada durante el ritual del lavado de pies en el centro de refugiados en  Castelnuovo di Porto
El Papa Francisco lava los pies de una refugiada durante el ritual del lavado de pies en el centro de refugiados en Castelnuovo di Porto Fuente: Reuters - Crédito: OSSERVATORE ROMANO
Francisco lavó los pies a 11 migrantes, entre los cuales había musulmanes, coptos, hindus y católicos
Elisabetta Piqué
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24 de marzo de 2016  • 15:43

ROMA.- En un gesto que vale mil palabras –y que representó un mensaje muy fuerte a los líderes políticos de todo el mundo en un momento de tensión sin precedente tras los atentados de Bruselas y una oleada de refugiados inédita en Europa-, el Papa le lavó hoy los pies a 11 migrantes –entre los cuales había musulmanes, coptos, hindus y católicos- y a una operadora de un centro de acogida de la periferia de esta capital. Y, evocando los atentados de Bruselas, hizo un fuerte llamado a la paz y a la hermandad: "Somos diferentes, tenemos diversas culturas y religiones, pero somos hermanos y queremos vivir en paz".

Para señalar una vez más el drama de 50 millones de personas que huyen de sus países por guerras, miseria y conflictos –muchos a Europa, que, en cambio, les cierra las puertas-, Francisco decidió celebrar la tradicional ceremonia del Jueves Santo en un centro de acogida de Castelnuovo di Porto, a 30 kilómetros de Roma. Este sitio, donde los migrantes suelen esperar meses para obtener el status de asilado y luego seguir viaje, hospeda 900 personas de diversos países, la mayoría musulmanes.

En señal de servicio y evocando lo que hizo Jesús durante la Última Cena, durante una misa conmovedora, en la que hubo cantos y lecturas en diversos idiomas, Jorge Bergoglio le lavó los píes a cuatro jóvenes católicos de Nigeria, a tres mujeres coptas ortodoxas de Eritrea –dos con sus bebes en brazos-, a una operadora italiana que trabaja con los migrantes, a tres musulmanes –uno de Siria, uno de Pakistán y otro de Mali- y a un joven hindú.

Llegados a Italia luego de odiseas extenuantes y con historias traumáticas sobre sus espaldas, casi todos tuvieron que contener sus lágrimas cuando Francisco, ayudado por algunos colaboradores, se arrodilló ante cada uno de ellos. Y, con rostro serio, pero cálido, les lavó los pies, se los secó con una toalla blanca y luego se los besó. Reinaba entonces el silencio. Los demás migrantes presentes en la misa al aire libre sacaban fotos, admirados antes ese hombre de 79 años que había querido ir hasta allí, en otro mensaje en contra de la indiferencia que reina ante el drama de los refugiados, como el mismo Papa denunció el domingo pasado, en la Misa de Domingo de Ramos.

Antes de lavar los pies, en un breve sermón Francisco explicó el significado de lo que iba a hacer y evocó los atentados del martes último en Bruselas. Hablando sin texto preparado, sino improvisando, arrancó diciendo que "los gestos hablan más de las imágenes y de las palabras". Y destacó que en el Evangelio recién escuchado había dos gestos: "Jesús, que sirve, que lava los pies. Judas, que va con los enemigos de Jesús, los que no quieren la paz con Jesús, a tomar el dinero con el que lo traiciona, las treinta monedas". "También hoy, aquí, hay dos gestos", siguió. "Éste, todos nosotros, juntos, musulmanes, hindúes, católicos, coptos, evangélicos, pero hermanos, hijos del mismo Dios, que queremos vivir en paz, integrados", dijo. Y señaló, en contraposición, el "gesto de guerra y destrucción, de gente que no quiere vivir la paz, de hace tres días en una ciudad de Europa", en alusión a Bruselas. "Detrás de ese gesto, como detrás de Judas, había otros. Detrás de Judas estaban los que le dieron dinero para que Jesús fuera entregado. Detrás de ese gesto están los traficantes de armas que quieren la sangre, no la paz; que quieren la guerra, no la hermandad", denunció. "Hoy, cuando yo haré el mismo gesto de Jesús de lavar los pies a ustedes doce, todos nosotros estaremos haciendo el gesto de la hermandad. Y todos nosotros decimos: ‘somos diversos, somos diferentes, tenemos diversas culturas y religiones, pero somos hermanos y queremos vivir en paz’. Es éste el gesto que yo hago con ustedes", explicó. "Cada uno de nosotros tiene una historia encima, cada uno de ustedes tiene una historia encima. Tántas cruces, tántos dolores. Pero también tienen un corazón abierto que quiere hermandad", siguió. "Que cada uno, en su lengua religiosa, rece al Señor para que esta hermandad se contagie en el mundo, para que no hayan más las 30 monedas para matar al hermano, para que siempre haya hermandad y bondad. Que así sea", concluyó.

El papa Francisco celebra la Santa Misa Crismal del Jueves Santo en la basílica de San Pedro del Vaticano
El papa Francisco celebra la Santa Misa Crismal del Jueves Santo en la basílica de San Pedro del Vaticano Fuente: EFE

Finalizada la misa, después de recibir diversos obsequios típicos de parte de algunos migrantes, al despedirse el Papa volvió a reiterar el mismo concepto: "Recordemos, es bueno vivir juntos, como hermanos, con nuestras culturas y tradiciones. Y esto tiene un nombre: paz y amor", afirmó.

Antes de emprender el regreso al Vaticano, mientras los parlantes en diversos idiomas advertían a los presentes que se quedaran sentados en sus sillas de plástico, el Papa volvió a sorprender a los migrantes al pasar a saludarlos, uno por uno, sonriente y generoso con selfies y demás fotos.

El año pasado el Papa le había lavado los pies a 12 reclusos de una cárcel, el anterior, a doce enfermos, y antes, a 12 menores de un penal. Eso mismo solía hacer en Buenos Aires, siendo arzobispo de la ciudad.

Por la mañana, durante la misa crismal - celebración en la que se bendicen los óleos sacros que se utilizan en bautismos, confirmaciones, ordenaciones y para los enfermos, y los sacerdotes renuevan sus votos sacerdotales- en la Basílica de San Pedro, Francisco habló de la importancia de la misericordia de Dios. Y criticó "el exceso de teologías complicadas", de "espiritualidades gaseosas" y "de espiritualidades light" de muchos sacerdotes. "También nos sentimos prisioneros –dijo-, pero no rodeados como tantos pueblos, por infranqueables muros de piedra o de alambrados de acero, sino por una mundanidad virtual que se abre o cierra con un simple click", dijo, aludiendo, una vez más, a los refugiados, muchos varados en campos e imposibilitados de cruzar fronteras. "Estamos oprimidos pero no por amenazas ni empujones, como tanta pobre gente, sino por la fascinación de mil propuestas de consumo que no nos podemos quitar de encima para caminar, libres, por los senderos que nos llevan al amor de nuestros hermanos, a los rebaños del Señor, a las ovejitas que esperan la voz de sus pastores".

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