El Papa llamó al mundo a una urgente revolución verde

En su encíclica Laudato si vincula el cambio climático, la degradación ambiental y la extrema pobreza con el actual sistema económico; habló de una “conversión ecológica”
Elisabetta Piqué
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19 de junio de 2015  

ROMA.– "Escuchar el clamor de la Tierra como el clamor de los pobres." Es el grito que lanzó ayer Francisco en Laudato si, sobre el cuidado de la casa común, su primera gran encíclica, ya que la anterior, Lumen Fidei, fue escrita con su predecesor, Benedicto XVI.

Con este esperado documento, el Papa irrumpió en el debate sobre el cambio climático e hizo un llamado a una "conversión ecológica". Además, volvió a denunciar un sistema mundial sin ética dominado por "poderes económicos".

"Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política a la tecnología y las finanzas se muestra con el fracaso de las cumbres mundiales sobre medio ambiente", acusa el Papa en la encíclica, de 187 páginas, que según el propio Vaticano fue el documento papal más esperado de la historia.

"Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, en el que priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad y el medio ambiente", advierte. "De ese modo se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas".

La encíclica fue considerada una virtual "bomba" por sectores conservadores de Estados Unidos, pero recibió elogios de los científicos, las Naciones Unidas y los activistas ambientales. En el documento, el Papa invita a todos, no sólo a los católicos, a una "valiente revolución cultural" que implique un cambio radical en el comportamiento de la humanidad, con un estilo de vida más sobrio, solidario y menos consumista.

"La salvación de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene fu¬turo y que sólo podrá generar nuevas crisis des¬pués de una larga, costosa y aparente curación", advierte, al aludir a la crisis financiera.

Citando la exhortación apostólica Evangelii gaudium (La Alegría del Evangelio), el documento programático de su pontificado, Francisco también arremete contra el laissez faire de nuestros días. "Hoy, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertido en regla absoluta." "Es previsible que ante el agotamiento de algunos recursos se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones", alerta.

Presentado ayer en sociedad en una conferencia de prensa de altísimo nivel en el Vaticano, en este documento magisterial el papa del fin del mundo no habla sólo de ecología, sino que traza un planteo mucho más amplio, que tiene que ver con la "familia humana" y su casa común.

Destaca que "la crisis ecológica actual es una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad". E invita a todos, no sólo a los católicos, a una "valiente revolución cultural", que implique un "cambio radical en el comportamiento de la humanidad" -con un estilo de vida más sobrio, simple, solidario, menos acelerado y consumista-, así como a un cambio del sistema mundial, "insostenible desde diversos puntos de vista".

"Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la Tierra como el clamor de los pobres", escribe el Papa, con lenguaje accesible. "Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos", denuncia. "Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero sí es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera, recoger los avances positivos y sostenibles y, a la vez, recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano", sugiere.

Titulada como el famoso cántico de las criaturas de San Francisco Laudato sí (Alabado seas), en la que se habla de la "hermana y madre Tierra", la encíclica subraya "las raíces humanas" del deterioro ambiental de nuestro planeta. Esto es resultado de la revolución primero industrial y luego tecnológica, que ha provocado un calentamiento global que puede llegar a ser catastrófico, según la mayoría de los científicos, y cuyos efectos devastadores castigan a los más pobres del planeta.

"La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería", dispara el ex arzobispo de Buenos Aires, que en la primera parte del documento hace un análisis de la situación actual de la Tierra, azotada por diversas formas de contaminación, calentamiento global, constante crecimiento del nivel del mar, eventos meteorológicos extremos, agotamiento de recursos vitales como el agua potable, disminución de selvas, bosques y biodiversidad.

"Se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de anhídrido carbónico y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente", asegura el Papa, que llama a la utilización de fuentes de energía limpias y renovables. El mismo Francisco había dicho en enero que esperaba que este documento pudiera ayudar a lograr un acuerdo en la cumbre sobre cambio climático que tendrá lugar en París en diciembre próximo.

El Papa menciona "la pobreza del agua", que se da especialmente en África, así como el gravísimo problema de la calidad de agua disponible para los pobres. Y critica la tendencia a privatizar este recurso: "En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico", sentencia, fustigando a la vez su derroche.

En todo el texto insiste en que "el deterioro del ambiente y de la sociedad afecta de un modo especial a los más débiles del planeta" y que todo es consecuencia del antropocentrismo, es decir, de haber puesto al hombre como el centro de todo.

Como siempre atento a los más postergados, Francisco asegura que hay una "deuda ecológica" entre el Norte y el Sur. "La tierra de los pobres del Sur es rica y poco contaminada, pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satisfacer sus necesidades vitales les está vedado por un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso", afirma.

También critica duramente al "paradigma tecnocrático" actual, que tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política.

Francisco subraya asimismo que "los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes, aunque deban analizar el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados de su población y controlar mejor su corrupción".

Caos urbano y barrios cerrados

  • En Laudato Si, el Papa se refiere también al crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, e incluye una crítica a la proliferación de barrios cerrados.
  • "En algunos lugares, la privatización de los espacios ha hecho que el acceso de los ciudadanos a zonas de particular belleza se vuelva difícil", dice Francisco en el documento. "No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto con la naturaleza", agrega.
  • "En otros, se crean urbanizaciones ecológicas sólo al servicio de unos pocos, donde se procura evitar que otros entren a molestar", remarca en referencia a los barrios cerrados, realidad que ha ido creciendo en los últimos años. "Suele encontrarse una ciudad bella y llena de espacios verdes en algunas áreas seguras, pero no tanto en zonas menos visibles, donde viven los descartables de la sociedad."

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