El presidente de Tabarnia y su humor contra el secesionismo catalán
Madrid.- A los 75 años, el cómico y dramaturgo español Albert Boadella es la pesadilla de los independentistas catalanes, de quienes propone "independizarse" para no contagiarse de la locura y del "virus de la xenofobia" que propugnan.
Boadella ha hecho del humor "la catarsis por la tangente" de la "gravísima" situación que viven España y Cataluña por su deriva independentista.
Para eso, se ha declarado "presidente en el exilio" de Tabarnia, una nueva entelequia geográfica formada por territorios de las provincias de Barcelona y Tarragona con voto mayoritariamente contrario a los independentistas en el poder.
"Si ellos quieren independizarse de España, nosotros quereos independizarnos de ellos", dice. "Ya que claman tanto por ese derecho, ¿no los darán a quienes no queremos saber nada con ello?", explica.
Devuelve, con la ironía y el sarcasmo, la tragedia que vive la región. "Esto es una humorada, por supuesto. Pero si el drama sigue, será en serio", advierte. La humorada no deja de tener un llamado de advertencia.
Independizarse hasta por barrios
Con sus límites bien precisos, el territorio ideal congrega las regiones y comarcas más prósperas de la región. ¿Qué pasaría si se separan del resto de Cataluña?
"Como que sigamos así, hasta por barrios nos vamos a separar", previene Boadella, como quien devuelve la misma medicina.
La broma probó tener mucha más fuerza de la esperada. Más de 15.000 personas marcharon por el centro de Barcelona aglutinados por la bandera de Tabarnia, con consignas en contra del independentismo.
Anonadados, los partidos políticos –y sobre todo, los secesionistas- contemplan el fenómeno y, desconcertados, no saben cómo tomarlo.

-¿Cuál es el límite de todo esto? ¿Hasta dónde piensan llegar?, pregunta La Nación.
-El humor no tiene límites. Sólo existe en la medida en que tenga belleza e inteligencia. Por el momento, somos un bastión, un refugio, una catarsis para salvar esta situación frente al cuento del catalanismo, del cuento al derecho a decidir, del cuento del victimismo catalán que tan bien explotan los nacionalistas", contesta.
Boadella se define como "exiliado laboral" en Cataluña. No puede trabajar allí. Pero no puede desde hace mucho. Cuando con la obra teatral "Operación Ubú" satirizaba a Jordi Pujol, el destituido presidente catalán acusado de corrupción, y a toda su familia.
Fue profético. Mucho antes de que la Justicia probara nada, la obra describía al clan Pujol con todos los vicios de los excesos del poder, que detentó durante 21 años. No lo nombra en forma directa como tampoco a su partido, Convergencia y Unión (CIU), el mismo en el que abrevó el ahora destituido independentista Carles Puigdemont.
Censura y adoctrinamiento
La obra fue un éxito, hasta que alguien del entorno del entonces "president" la vio, y se acabó la fiesta. Desde entonces Boadella viene denunciado el nacionalismo y su carácter "xenófobo y profundamente reaccionario, pero perfectamente disimulado" que se ha instalado en la región. "Cataluña era algo maravilloso hasta que estos trajeron este virus", dice.
- ¿Cómo puede ser que tanta gente inteligente y sensata lo siga?
- Salvando las distancias y sin que se tome el ejemplo al pie de la letra, lo mismo ocurrió en la Alemania de 1930. Mucha gente sensata, bien puesta, con carreras desarrolladas cayó en aquella cloaca. Se trata de una locura colectiva".
El llamado contra todo eso tomó fuerza y se convirtió, en clave de humor, en ese territorio ideal que quiere cortar con todo aquello. "¡Viva Tabarnia!" es el libro que Boadella acaba de presentar en esta ciudad, en el que reflexiona en voz alta sobre lo que califica como "el problema más grave al que se ha enfrentado España desde la Transición".
Tiene prólogo del Nobel Mario Vargas Llosa, algo que agradece especialmente "porque Vargas Llosa no hace muchos prólogos, con lo cual el honor es todavía mayor." El escritor peruano suscribe allí la tesis de que el nacionalismo "es incompatible con la democracia y fuente de las peores violencias."
Boadella Carga especialmente contra los medios de comunicación públicos en Cataluña y, en particular, contra su televisora TV3. "No informa sino que adoctrina". Lo mismo con la educación. ¿"Cómo se ha permitido que durante años se impriman libros de texto que dicen disparates sobre nuestra historia?"

El odio une
Describe lo vivido en la región como años de odio. "El odio une mucho y en Cataluña existe mucho odio hacia todo lo español por las mentiras muy bien redactadas por TV3, que es una cadena golpista y que lo que hace es promover sentimientos golpistas en toda la población".
¿Qué pasará en el futuro? A dónde va todo esto? No lo sabe. Pero tiene esperanza y por eso pelea. No cree, eso sí, que se desarrolle una espiral violenta. "Hay mucho que perder. Las revoluciones ocurren cuando no hay nada que perder y esa no es la situación. Autos, casas en la playa, buenos sueldos. La gente no quiere perder eso", explica.
Por lo pronto, no le queda más que el humor. Hace poco viajó a Waterloo, donde el destituido presidente Carles Puigdemont –ahora retenido con medidas cautelares en Alemania- había fijado su residencia. La idea era tener "una reunión al más bajo nivel" entre presidentes.
Puigdemont no asomó la cabeza. Pero tuvo que soportar durante horas el megáfono con el que Boadella lo llamaba al pie de su ventana. "Sal Carlitos, ven a ver el follón (despelote) que has montado".
El humor y la denuncia satírica son lo suyo y su propuesta ha calado con fuerza. Como una bocanada de oxigeno entre quienes "piensan distinto". Pero, por las dudas, no desecha que, en un futuro, si el "virus" sigue, Tabarnia sea la solución. "Es que es una broma, claro. Pero va en serio".
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