El proteccionismo de Trump, un arma de doble filo para las industrias a las que prometió ayudar

Las aranceles podrían afectar el aluminio y las automotrices, donde son claves los derivados
Coral Davenport
Ana Swanson
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6 de julio de 2018  

WASHINGTON.- "El ataque contra la industria automotriz norteamericana ha terminado", declaró hace apenas unos meses en Detroit el presidente Donald Trump , y les prometió a los ejecutivos de las autopartistas que retrotraería las regulaciones impuestas durante la era Obama a la contaminación vehicular.

Esas declaraciones fueron la encarnación de una de las principales promesas políticas de Trump: impulsar políticas pronegocios que destraben el crecimiento de la industria y la economía. Trump se había comprometido a fomentar un boom del petróleo y el gas que generaría "ingentes nuevas riquezas" y a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) para eliminar las "grandes barreras comerciales" a los productos de Estados Unidos. Según ha manifestado la Casa Blanca, los nuevos aranceles a la importación de metales "ya han producido efectos positivos de envergadura" en las industrias tradicionales de la región conocida como el Rust Bell, centradas en la fabricación de acero y aluminio.

Si bien la postura pronegocios de Trump cuenta con la amplia aprobación de las corporaciones, en algunos casos significativos esas mismas industrias que Trump se comprometió a ayudar dicen que sus propuestas, en realidad, terminarán perjudicándolas. También advierten que las políticas diseñadas para ayudar a un grupo corroerán el negocio de otros, algo que los planificadores políticos no previeron.

"Me gustaría decirle al presidente que está generando un caos en nuestro mercado", dice Kevin Scott, un productor sojero de Dakota del Sur y secretario de la Asociación Sojera de Estados Unidos.

Scott votó por Trump y aprueba los intentos de su gobierno por dar marcha atrás con las regulaciones medioambientales, "pero si perdemos esos mercados en China y México, será muy difícil recuperarlos", señala el productor agropecuario. China y México son los dos mayores compradores de los porotos de soja norteamericanos.

El presidente Trump ha prometido hasta el cansancio que protegería las metalúrgicas, industrias insignia del Rust Belt, que, según el gobierno, sufren debido a las importaciones baratas de países como China.

Los trabajadores metalúrgicos de Estados Unidos han celebrado esas medidas. "Los aranceles al acero importado son fundamentales para el crecimiento y la supervivencia de la industria local, debido al inmenso desafío que representa la sobrecapacidad de producción global", dice Scott Paul, presidente de la Alianza Manufacturera de Estados Unidos. "Hay algunas evidencias de que esa estrategia estaría funcionando, porque ya se observa la reapertura de varios siderúrgicas".

Pero no todos los productores metalúrgicos están de acuerdo con la estrategia oficial. "Los amplios aranceles a la importación de aluminio son desalentadores", dice Marco Palmieri, presidente de la fábrica de aluminio Novelis North America. "Esa medida no implica ningún alivio ante el principal problema comercial que enfrenta nuestra industria, que es la sobrecapacidad de producción del aluminio chino subsidiado. Por el contrario, los aranceles conllevan un potencial aumento de los precios para los consumidores".

A fines de marzo, el gobierno de Trump empezó a aplicarles un arancel del 25 por ciento al acero y del 10 por ciento al aluminio procedentes de países como Rusia, China, Turquía y Brasil. El 1° de junio, extendió el gravamen a Canadá, México y la Unión Europea.

Aunque la industria del acero apoya esos aranceles, la del aluminio mayoritariamente se opone. Esos aranceles aumentan el precio del aluminio importado, lo que ayuda a las fundidoras norteamericanas que fabrican aluminio en crudo. Sin embargo, en Estados Unidos quedan apenas un puñado de fundiciones de aluminio.

La Asociación del Aluminio, que representa al grueso de esa industria en Estados Unidos, dice que el 97 por ciento de la mano de obra del aluminio en Estados Unidos se concentra en el negocio de sus derivados, empresas que moldean el metal para convertirlo en autopartes y otros productos. Y esas empresas que fabrican derivados son las más afectadas por los aranceles de Trump, ya que ahora deben pagar más cara su materia prima.

Por el contrario, la demanda de aluminio se incrementó bajo los duros estándares para los combustibles de la era Obama, lo que generó un mercado de vehículos más livianos, que usan aluminio en vez de acero. Según la asociación, la propuesta de retrotraer los estándares para los combustibles muy probablemente perjudique a los fabricantes de aluminio, al igual que la perspectiva de una batalla legal entre Washington y el gobierno de California, que ya ha prometido que seguirá aplicando los estrictos controles de la época de Obama.

Si California aplica la estricta normativa referida a la contaminación, en los hechos se generarían dos mercados de autos por separado.

En cuanto a la idea de Trump de aplicar aranceles a los autos importados, la vocera de la Alianza de Fabricantes de Autos de Estados Unidos, Gloria Berquist, dice que "los aranceles no son el abordaje correcto". Esa medida aumentará el precio de los vehículos, dice Berquist, "y es una invitación para que nuestros socios comerciales nos impongan represalias comerciales".

Los ejecutivos y lobistas de las big three -General Motors, Ford y Fiat Chrysler- mantuvieron rondas de negociaciones con la Casa Blanca y la Agencia de Protección Ambiental para pedirles a Trump y a sus funcionarios que no avancen agresivamente contra las reglas sobre contaminación y que, en cambio, se aboquen a lograr un acuerdo con el estado de California.

Sin embargo, los aliados y asesores de Trump insisten en que la medida beneficiará al conjunto de la economía, por más que perjudique a algunas industrias a las que el presidente dijo querer ayudar.

"Si sacamos cuentas, los esfuerzos del presidente Trump por revocar las normativas de la era Obama y generar un mejor marco regulatorio son provechosos para esas industrias", sostiene Thomas J. Pyle, asesor de campaña de Trump.

Una política con consecuencias globales

  • 34 países: Son los que sienten el impacto de los aranceles al acero y al aluminio: Rusia, China, Turquía, Brasil, México, Canadá y los 28 Estados que conforman la Unión Europea, aliada de la Casa Blanca
  • 97% - Trabajadores del aluminio: Esa cifra de la mano de obra de la industria del aluminio en Estados Unidos se concentra en el negocio de sus derivados, empresas que moldean el metal para convertirlo en autopartes y otros productos

Traducción de Jaime Arrambide

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