
El riesgo de las "bombas sucias"
Grupos terroristas tendrían ya material radiactivo necesario para su fabricación
1 minuto de lectura'
Rusia podría lanzar hoy un misil nuclear intercontinental con destino a alguna ciudad norteamericana. Llegaría en unas horas y devastaría la metrópoli. El ataque sería mortal para Estados Unidos y suicida para Moscú.
En la post-Guerra Fría esa posibilidad está más cerca de lo descabellado que de lo cierto. Vladimir Putin bien se cuidaría de dar esa orden. Ayer, al firmar el tratado de desarme nuclear, buscó demostrarle al mundo -a Washington y la OTAN, en realidad- que no lo hará.
Pero el acuerdo enfrenta a Putin y a George W. Bush por igual a un problema que Moscú y Washington ya conocen: evitar que los materiales radiactivos reducidos por Rusia caigan en manos terroristas. No para construir misiles -que necesitan demasiada tecnología y conocimiento científico-, sino para "bombas sucias", la versión barata y fácil de las bombas atómicas.
"El tratado es un paso modesto en la dirección correcta, pero fracasa en eliminar de raíz la amenaza nuclear entre ambas potencias y abre el riesgo a futuro de que los materiales de fisión sean blanco de los terroristas", dijo Daryl Kimball, director de la Asociación de Control de Armamento.
El desarme ruso y norteamericano incluye tanto la reducción de cabezas nucleares como su almacenamiento. Y el "riesgo a futuro" está precisamente en el almacenamiento de los materiales radiactivos en Rusia. Acosado por la crisis financiera, Moscú tiene cada vez más dificultad en destinar fondos a la seguridad de sus silos, bases y centrales nucleares.
"En la cumbre (de este fin de semana) ambas partes deberían dedicarse a discutir el mejoramiento de la protección de los materiales radiactivos; ése es el blanco de los terroristas", agregó Kimball en diálogo telefónico con LA NACION, desde Washington.
La vulnerabilidad de su seguridad nuclear no es nada nuevo para Rusia. La ex Unión Soviética desplegó centrales nucleares y bases de lanzamiento a través de varias de sus repúblicas. Al desmembrarse abruptamente la URSS, en Occidente comenzaron los temores sobre el contrabando de ojivas nucleares desde las nuevas repúblicas independientes a organizaciones terroristas. Pero en realidad fueron más los rumores de tráfico que el contrabando en sí mismo.
"Si algún grupo terrorista hubiese robado ojivas nucleares las tendría que haber usado en estos últimos meses -opinó el especialista ruso Nikolai Sokov, del Instituto Monterrey de Estudios Internacionales, en California, en diálogo telefónico con LA NACION-. Hay más posibilidades de que hayan accedido a materiales de fisión para bombas sucias."
Las ex naciones soviéticas, como Georgia, Bielorrusia, Ucrania y Kazakhstán, devolvieron su arsenal nuclear al Kremlin. Pero conservaron las centrales nucleares y materiales radiactivos, más fáciles de trasladar y manipular -y eventualmente robar- que las ojivas o los misiles.
Desde 1993, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) -el organismo de la ONU que verifica la aplicación de tratados de no proliferación- registró 175 incidentes de contrabando de material nuclear.
Con los atentados de septiembre pasado, el almacenamiento de materiales de fisión volvió a ser prioridad de la inteligencia norteamericana. En especial por la cercanía de Chechenia y por los lazos de los rebeldes independentistas con la red terrorista Al-Qaeda.
Generadores robados
Desde marzo pasado las fuerzas de seguridad locales buscan dos generadores radiotermales en Georgia. Primero se creyó que habían sido abandonados, luego se corroboró que habían sido robados. Utilizados como energía de sistemas de comunicación remotos, cada uno contiene hasta 40.000 cápsulas de cesio.
Sólo unos cuantos gramos de ese material servirían para fabricar "bombas sucias". Fabricadas con un dispositivo de explosión y material radiactivo, necesitan menos tecnología y conocimiento para ser producidas. Causan considerablemente menos devastación que una bomba nuclear. Pero provocan terror y también muerte lenta.
Dispersos por el estallido, esos pocos gramos de cesio servirían para contaminar varias manzanas y provocar un caso de cáncer cada cien personas, si el área no es descontaminada de inmediato, según advirtió Henry Kelly, presidente de la Federación de Científicos Americanos, en marzo pasado, ante una sesión del Senado norteamericano que analizaba la amenaza nuclear del terrorismo.
No hay registros, según la AIEA, de que una bomba sucia haya sido utilizada hasta ahora. Pero en marzo la Casa Blanca advirtió que la red de Osama ben Laden posee cesio y otros materiales aptos para fabricarlas.
Menos letales que una ojiva, las bombas sucias no se acercan al nivel de destrucción de un misil nuclear intercontinental, pero, según aseguró Sokov, el alcance de su amenaza es similar. "Su efecto psicológico es igual de incalculable."

