El sistema financiero es un desastre, pero al menos funciona...
NUEVA YORK.- Uno sabe que las cosas están mal cuando la buena noticia es que el sistema financiero funciona lo suficientemente bien como para que la gente pueda vender sus acciones de una manera más o menos ordenada.
El precio del crudo registró su mayor caída en tres décadas, en Estados Unidos se suspendieron las operaciones bursátiles, y el norte de Italia, una importante región industrial, está en cuarentena: todas pésimas noticias para los inversores.
El shock petrolero de 2015-2016 demostró que el aspecto positivo de los bajos precios del crudo ya no alcanzan para sostener la economía, porque fue compensado por una abrupta caída de la inversión en crudo no convencional.
Para colmo, esas empresas de petróleo no convencional ahora están en la primera línea de lo que podría ser otra ola de incumplimientos de los bonos basura, cuyos rendimientos aumentaron. Según la calificadora S&P Global, en 2016 un conjunto de empresas de energía se declararon en quiebra, con una tasa de incumplimiento del 21% global en los sectores de energía y productos básicos.
En ese entonces los problemas se limitaban a la energía, ya que el porcentaje de incumplimiento de bonos basura era de apenas el 2,3%. Pero esta vez la tensión en el sector petrolero llega junto con un shock en la oferta y la demanda global causado por el coronavirus.
Aquí es donde podemos enunciar lo que nos parece que es una buena noticia: los bancos gozan de una razonable buena salud, y hasta ahora, el sistema de los mercados viene funcionando bastante bien. Hay tensión, pero los indicadores de crisis, como los diferenciales en el mercado de divisas Forex, el dólar interno versus el dólar offshore y la liquidez bancaria, sugieren que la situación no se parece a la de 2008, al menos por ahora.
Los reguladores están más alerta a los peligros que en crisis pasadas, y están dispuestos a actuar con mayor celeridad. El lunes, la Reserva Federal de Nueva York inyectó 50.000 millones de dólares más para los préstamos a un día.
El peligro es que la perspectiva de incumplimientos y la posible recesión ahuyenten a los inversores y a los bancos al punto de que no les presten ni siquiera a las empresas que se encuentran en mejores condiciones. Ese contagio financiero tendría un efecto negativo multiplicador en la economía real, porque las empresas decentes quebrarían ya que no podrían refinanciar su deuda.
En la crisis financiera pos-Lehman Brothers, la escasez de crédito congeló incluso los fondos de money markets y llevó a una escasez global de dólares que aceleró la quiebra de bancos. Hoy no hay señales de que algo similar pueda suceder. De hecho, ayer el dólar cayó a pesar de la corrida para refugiarse en bonos del Tesoro y el yen. En parte, la caída del dólar se debió a que los aterrados corredores de bolsa están pagando préstamos en euros baratos que utilizaron para comprar monedas con mayor rendimiento. Eso fue ayudado por la expectativa de que la Reserva Federal recortará una vez más las tasas la próxima semana, quizás a cero.
Esta vez, el punto de tensión en Estados Unidos no es un sobreapalancamiento del sistema financiero sino el de las empresas. Si las empresas del sector privado no logran refinanciar sus deudas cuando venzan, entonces quebrarán.
Y aunque puedan refinanciar, tendrán que pagar más, ya que el rendimiento de los bonos basura aumentó. Afortunadamente, esas empresas tienden a depender menos que los bancos del financiamiento a corto plazo, así que pueden esperar hasta el vencimiento de sus bonos. Según datos de Refinitv, en los próximos seis meses solo vencen 98.000 millones de dólares de bonos basura a nivel global; y solo 10.000 millones en Estados Unidos.
Los puntos de tensión son diferentes en otras partes del mundo. Ayer se disparó el rendimiento de los bonos italianos, y los españoles y portugueses también estaban en alza, a pesar de que los bonos alemanes cayeron.
La rupia india y la lira turca cayeron frente al dólar, a pesar del beneficio que debería significar un petróleo barato. Las monedas de países que dependen de las exportaciones de materias primas registraron una fuerte caída, mientras que el dólar australiano sufrió un flash crash (desplome súbito).
Mientras tanto, los exportadores de petróleo mantendrán sus presupuestos recurriendo a sus fondos soberanos de inversión.
Es demasiado pronto para predecir si las fallas financieras no multiplicarán los problemas que enfrentan los inversores, y el sistema del mercado financiero requiere un monitoreo de cerca. Pero el hecho de que hasta ahora haya funcionado ininterrumpidamente es una de las pocas luces en medio de tanta oscuridad.
The wall street journal
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