El verano trash de Matteo Salvini que, lejos de escandalizar, suma votos

Salvini no pasó desapercibido durante sus vacaciones
Salvini no pasó desapercibido durante sus vacaciones Crédito: DPA
Elisabetta Piqué
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6 de agosto de 2019  • 11:26

ROMA.- Todos recuerdan los veranos italianos de la época dorada del magnate Silvio Berlusconi, el primer ministro más longevo de Italia que en mayo pasado, a los 82 años, fue electo como diputado del Europarlamento. Al margen de sus fiestas en Villa Certosa, su lujosa mansión de Cerdeña, con fuegos artificiales y vedettes, nadie olvida cuando en 2004, durante una visita de su entonces colega británico, Tony Blair, se puso en la cabeza un pañuelo estilo pirata, no sólo para parecer más joven, sino también para ocultar un trasplante capilar.

Pero este año también quedará en los anales por el verano trash de otro político tan carismático como Berlusconi y ahora en la cresta de la ola: Matteo Salvini. El ministro del Interior, viceprimer ministro y hombre fuerte del actual gobierno populista, líder de la ultraderechista y xenófoba Liga, en efecto, en los últimos días de temperaturas africanas también dio mucho que hablar por su estilo.

De vacaciones con sus dos hijos en Milano Marittima, localidad de la riviera adriática, en provincia de Ravenna -muy distinta de la isla de Cerdeña, meca del jet set internacional que frecuentaba el Cavaliere-, Salvini, de 46 años, no cultivó el perfil bajo. Basado en el balneario "Papeete beach", que convirtió en su cuartel general y donde incluso concedió ruedas de prensa, fue protagonista de hechos que generaron grandes polémicas. Controversias que seguramente hicieron levitar su ya alta popularidad.

Salvini armó revuelo cuando salió a la luz que su hijo de 16 años, Federico, fue llevado a dar una vuelta en una moto acuática de la policía. Un cámara del diario La Repubblica logró filmar el momento en el cual, chapoteando en la orilla, el ministro del Interior, en traje de baño, se puso a charlar con unos agentes de patrulla en la costa. Segundos después su hijo, con chaleco salvavidas, se subió a la moto de un policía y desapareció entre las olas del mar. En la filmación también sale a la luz cómo dos guardaespaldas de Salvini, que se autodefinieron policías -pero que no lo eran-, también en traje de baño, intimidaron al periodista para que dejara de filmar una escena no políticamente correcta.

De hecho, luego de salir a la luz la noticia, con respectiva imagen, del hijo del ministro del Interior llevado de paseo en una moto acuática policial -un evidente abuso de poder-, Salvini se disculpó, admitiendo que eso había sido "un error de papá". No obstante, cuando en una posterior conferencia de prensa en el "Papeete beach", el cámarógrafo del "scoop" salió a preguntarle sobre el hecho, Salvini reaccionó insultándolo de mala manera.

Pero fue lo que pasó en el atardecer de otro día de vacaciones en el ya mítico "Papeete beach" lo que para muchos observadores superó todos los límites. A la hora del aperitivo, con mojito en mano y mientras varios jóvenes bailaban sobre una tarima, el idolatrado Salvini, con el torso desnudo, se puso en la consola a hacer de DJ. Y, como para dejar claro su soberanismo -"los italianos, primero"-, hizo sonar el himno nacional italiano, en versión house. A ese ritmo comenzaron a moverse diversas "cubiste" (chicas-modelo) que animan las fiestas del establecimiento balnerario, en tangas-animal print, en una escena que se viralizó en las redes.

Para muchos lo del himno fue la gota que rebalsó el vaso. "El himno nacional se pasa en determinadas circunstancias, bien previstas por el protocolo. Y es necesario que todos se atengan a esas circunstancias", clamó el general de brigada Francesco Maria Ceravolo, que se hizo eco del malestar que esas imágenes, bastante vulgares, por cierto, provocaron en las Fuerzas Armadas. Imágenes que, todos los analistas coinciden, no dañaron en un ápice la alta popularidad del líder de la Liga, que sueña con ser primer ministro (aunque ya actúa como tal).

En traje de baño y chancletas

Salvini, que en las elecciones europeas del 26 de mayo pasado arrasó, al alcanzar más del 32% y duplicando los votos de su socio-enemigo en el gobierno, Luigi Di Maio, líder del Movimiento Cinco Estrelllas, nunca descansó en sus vacaciones en Milano Marittima. En traje de baño y chancletas, siguió en modo campaña -su estado permanente-, mientras hacía de padre de su ya mencionado hijo Federico -de su primer matrimonio- y de Mirta, de 6 años y fruto de otra relación, terminada hace años.

Salvini, en la pileta durante sus vacaciones
Salvini, en la pileta durante sus vacaciones Crédito: DPA

Lejos de escandalizar a los veraneantes italianos con su estilo desenfadado, con la cruz de tau de madera -de los franciscanos- colgada al cuello, llevando hasta el mar sobre sus espaldas a la más pequeña, conquistó a abuelas, señoras y señoritas, pero también a varones de todas las edades. Simpático, malhablado, directo, carismático, xenófobo, macho alfa -su novia es 20 años menor, hija de un ex ministro-, jamás le negó una selfie a los fans que hacían fila al lado de su sombrilla.

Beach-tour para seducir el Sur

Determinado a seguir cosechando votos y a la espera de que salte por los aires su extraña alianza con Di Maio -algo que podría suceder en cualquier momento-, Salvini el resto de su verano trash seguirá haciendo campaña. Hará un "beach tour" por otras localidades de veraneo del centro y sur de Italia, con el fin de seducir a más votantes.

"El Matteo Salvini que toma, baila y canta en el 'Papeete beach' es 'uno de nosotros' o es percibido como tal por al menos el 39% de los italianos", lamentó el editorialista del Corriere della Sera, Aldo Cazzullo, en un artículo que evocó el drástico cambio de estilo vacacional que hubo a lo largo de las últimas décadas entre los políticos italianos. La nota recordó, con foto y todo, que Aldo Moro -líder de la desaparecida Democracia Cristiana y dos veces primer ministro de Italia, asesinado por las Brigadas Rojas en 1978-, solía ir de traje a la playa. Y admitió que lo de ahora refleja "no sólo una evolución o involución de las costumbres", sino "una mutación antropológica de nosotros, los italianos".

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