Ellen Johnson Sirleaf: "Para combatir una pandemia, la verdadera respuesta pasa por las personas en el llano"

Ellen Johnson Sirleaf: "Para combatir una pandemia, la verdadera respuesta pasa por las personas en el llano"
Ellen Johnson Sirleaf: "Para combatir una pandemia, la verdadera respuesta pasa por las personas en el llano" Fuente: Archivo - Crédito: AFP
La expresidenta de Liberia y Nobel de la Paz, que lideró la lucha contra el Ébola en su país, advierte que hay que asegurar que las naciones más pobres "no queden abandonadas a su suerte" y que las soluciones científicas lleguen a todos
Hugo Alconada Mon
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17 de mayo de 2020  

"Para combatir una pandemia como aquella del Ébola o esta del Covid-19, la verdadera respuesta pasa por las personas en el llano", plantea Ellen Johnson Sirleaf, una leyenda viviente de África. Hay que sumar a los líderes comunitarios, dice, "ir hacia la gente", formar equipos, hablar claro y trazar alianzas con otros líderes internacionales. "Se trata de construir confianza", explica. Pero aun así, alerta, puede que no sea suficiente. Ni para los países pobres ni para los desarrollados.

Johnson Sirleaf es una leyenda viviente, sí. Porque fue la primera mujer elegida presidenta en la historia del continente... y ganó luego su reelección. Porque recibió el Premio Nobel de la Paz por sus contribuciones a los procesos de paz en su país, Liberia, tras dos guerras civiles. Porque lideró la lucha contra otra epidemia mortífera, la del Ébola, que mató a 5000 de sus compatriotas. Porque luego asumió roles de liderazgo continentales. Porque...

"No, el privilegio es mío", interrumpe. "Es un privilegio para mí salir de mi propia región, aquí en África, y llegar a personas en otras partes del mundo y poder hablarles", le dice a LA NACION desde su oficina en Monrovia, la capital de uno de los países más pobres del planeta, donde cerca del 85% de la población tiene problemas básicos de subsistencia. Y en ese contexto, ella lideró. Y dio una verdadera lección de liderazgo.

Ahora, a los 81 años, rememora "una experiencia que nadie debe vivir" y que ella vivió, sumergida entre los barrios más marginales de los marginales de su país. Y que revive con LA NACION con la esperanza de que no la repitamos estos días ante el avance del coronavirus, que también golpea con especial enjundia en los asentamientos precarios. La transmite, dice, para que comprendamos que "somos ciudadanos del mundo".

"Sin importar cuán rico seas, puedes estar en peligro, porque el mundo es una aldea global", plantea. Y, aunque evita los nombres propios, queda claro que ciertos jefes de Estado le caen mejor que otros? "Si levantamos muros y ponemos trabas al movimiento de las personas, si impedimos que los científicos y las soluciones lleguen a los países más pobres que están marginalizados, todo eso volverá a perseguirnos, porque hoy vivimos en un mundo interconectado".

-¿Ve margen para establecer una efectiva coordinación multilateral contra el Covid-19 como usted planteó en un artículo que publicó en la revista Time y, luego, en un comunicado conjunto con otros líderes de África? Porque por ahora no parece así?

-Pienso que la experiencia del Covid-19 y el hecho de que haya alcanzado a todo el mundo llevarán a una nueva comprensión sobre la necesidad de una cooperación global en todo lo que hacemos. Pero, al mismo tiempo, nuestra experiencia muestra que, sea lo que sea que hagamos para combatir una pandemia como aquella del Ébola o esta del Covid-19, la verdadera respuesta pasa por las personas en el llano. Pasa por los líderes de las comunidades, por las autoridades locales, porque ellos encarnan la primera respuesta, son quienes entienden la cultura, las tradiciones y costumbres de sus comunidades, como así también pasa por las instituciones del sistema de salud, a través de las enfermeras y de los enfermeros que asumen los riesgos y gran parte de la responsabilidad de identificar los síntomas o responder a estas enfermedades.

-Al menos por ahora, sin embargo, tanto el G-7 como el G-20 no parecen reaccionar como usted plantea y desea? Más bien parecen ausentes de esta crisis global, a diferencia de lo que ocurrió en 2008?

-Permítame apoyarme en mi experiencia con el Ébola. Cuando irrumpió en nuestro país no teníamos la capacidad para responder y tuvimos que apelar al mundo, a tal punto que redacté una carta, que difundió la BBC, diciéndole al mundo que este virus no era una amenaza para el oeste de África, sino una amenaza global. Y lo que dijimos fue verdad, porque pronto se propagó, primero por toda Liberia, luego por Nigeria, después a Estados Unidos y, entonces sí, Estados Unidos prestó atención. El presidente [Barack] Obama respondió nuestro llamado, nos envió soldados para construir hospitales militares y a expertos del CDC [Centro para el Control y Prevención de Enfermedades] y del NIH [Instituto Nacional de Salud], como así también recibimos respuestas de todos nuestros socios bilaterales. Y déjeme decirle que también contamos con algo excepcional: el sector privado, que a menudo prefiere quedarse en un segundo plano y seguir adelante con sus negocios, pero en aquella ocasión trabajaron con la Unión Africana y proveyeron recursos para que muchos jóvenes africanos viajaran a Liberia desde países que habían sido afectados antes por el Ébola, como la República Democrática del Congo en los 60. Esos muchachos unieron fuerzas con nuestros jóvenes y fueron a los lugares más pobres de nuestro país, llevando suministros, ayudando a los enfermeros. ¡Cuán maravilloso fue! Y le recuerdo: en aquel momento, nadie hablaba de buscar una vacuna para el Ébola, aun cuando daba vueltas desde los 60, hasta que llegó a Estados Unidos. Entonces sí aparecieron el apoyo y el financiamiento para encontrar una vacuna, ¡aunque por supuesto que para cuando la encontraron ya era demasiado tarde para nosotros! ¡Para entonces ya habíamos resuelto el brote! Pero al menos resultó útil para la República Democrática del Congo. Y ahora, porque el Covid-19 es una amenaza global, veremos mayores esfuerzos, más investigación, más cooperación entre científicos para hallar una vacuna. Ahora, parece que el G-7 no está respondiendo, porque los países que lo integran tienen sus propios problemas con el contagio y han puesto su foco de atención en ellos mismos, pero ahora comprenden que si no resolvemos esto de una manera global y cualquier parte del planeta es abandonada a su suerte, no tendrán forma de evitar que terminen afectados otra vez. Así que creo que esta vez el G-20 debe ser más eficaz y todos los países miembros deben presionar al G-7 para que tengamos una respuesta global a esta amenaza global.

-Al luchar contra el Ébola, usted comenzó imponiendo el aislamiento, pero pronto detectó que no era efectivo para la realidad liberiana y entonces cambió de estrategia, delegando la responsabilidad en las comunidades. ¿Algo así podría resultar efectivo contra el Covid-19 en determinados países y en ciertas áreas de otros países?

-Creo que ahora estamos viendo un poco de eso, pero no hasta el punto de lo que fue durante la epidemia de Ébola. Sin embargo, déjeme hacer una distinción: en muchos países desarrollados tienen los recursos para lograr que sus ciudadanos se queden en sus casas y apoyarlos mientras dure ese confinamiento. Pero nosotros no tenemos ese lujo. En los países pobres tenemos muchísima población en comunidades superpobladas, muchos viviendo en viviendas muy pobres. Y aun así esta gente muestra su agradecimiento hacia los médicos, los enfermeros, hacia todos los que están asumiendo riesgos, como así también hacia las mujeres que ahora no solo siguen adelante con sus tareas habituales, sino que deben hacerse cargo de sus casas, de sus hijos, de ser su maestra, su proveedora? Y vemos también cierta apreciación hacia quienes suelen estar marginados en la sociedad. ¿Llevará esto a un mundo mejor? ¿A un mundo más humano? Sí, estoy ciento por ciento segura. Porque a veces, cuando pasa el peligro, volvemos a nuestros viejos hábitos y prácticas, pero creo que esta vez habrá un poquito más de conciencia, algo más de comprensión e incluso de miedo. Creo que al fin comprenderemos que si levantamos muros y ponemos trabas al movimiento de las personas, si impedimos que los científicos y las soluciones lleguen a los países más pobres que están marginalizados, todo eso volverá a perseguirnos, porque hoy vivimos en un mundo interconectado a través del transporte y de la tecnología. ¡No podrán impedir que las personas crucen las fronteras! ¡No podrán impedir que las epidemias se propaguen! ¡Lo mejor que podemos hacer es trabajar juntos para prevenirlas! Y, habiendo dicho eso, trabajar juntos ante esta pandemia no será suficiente. No lo será si no construimos un sistema de prevención, redes de saneamiento de agua en los países pobres y mejores sistemas de salud en países en vías de desarrollo, si no capacitamos mejor a los encargados de los primeros cuidados, incluyendo a enfermeros, paramédicos, personal sanitario y comunitario, y debemos concentrarnos en aquellos que han quedado atrás. De otro modo, sin importar cuán rico seas, puedes estar en peligro, porque el mundo es una aldea global.

-Basada en su experiencia durante la epidemia del Ébola que mató a 5000 personas en Liberia, ¿qué sugerencia podría aportarles a los líderes que afrontan el Covid-19?

-[Calla por unos segundos]. Un líder debe asumir la responsabilidad y hacerse cargo. Debe dar el ejemplo. Si quieres que la población confíe en las medidas que estás adoptando, ellos deben ver que sos parte de la comunidad. Y no importa cuán fuerte sea o cuánta educación tenga, un líder debe construir un equipo. No puede hacerlo todo solo. Cuando lidias con una pandemia necesitas médicos, científicos, expertos capaces de trazar proyecciones y evaluaciones, y tener una buena comunicación con el público, siempre con información confiable, basada en evidencias, aportada por quienes integran el sistema de salud, de modo que la gente no tenga miedo y sienta que puede confiar en ti cuando les hablas. Y, como dije antes, debes reconocer a los líderes comunitarios, a los referentes del sector informal que realmente entienden el lugar y la cultura en que se mueven. ¡Debes escucharlos y sumarlos al proceso consultivo! También necesitas trazar alianzas para desarrollar un equipo global, y eso significa contactar a otros líderes, trabajar juntos, identificar objetivos comunes para combatir juntos el virus o mitigar los contagios. Y todo esto debes hacerlo con confianza en tu habilidad para estar allí afuera, en la primera línea, y lograr que la gente supere sus miedos y crea que lo que estás haciendo es para su beneficio y para beneficio de la nación. ¡Motivarlos para que cumplan con las pautas! Puedes intentarlo todo, pero si no confían en lo que estás haciendo? ¡todas las reglas y pautas no significarán nada, porque buscarán la forma para desobedecerlas! Todo eso es parte del liderazgo, y a veces es tan difícil cuando un líder trata de que su gente haga lo correcto? Pero un líder se precia de no pensar demasiado en la próxima elección o en su popularidad, sino que lo hace porque es lo correcto para tus ciudadanos y tu país.

-Y déjeme ir al otro extremo, también sobre la de su experiencia con los sectores más carenciados de Liberia, ¿cuál fue el abordaje más adecuado que encontraron ante el avance del Ébola en su equivalente a nuestras villas miseria?

-Sea allá, en la Argentina u otros países de América Latina, o acá o en las zonas más pobres de Estados Unidos, debes ir hacia la gente. No alcanza con un mensaje por radio o ser visto por televisión o enviar a tus ministros. ¡Tienen que encontrarte, con ellos, donde ellos están! Tienes que ver cómo viven? Acaso no tengas los recursos para mejorarles su situación, ni se convertirá en un lugar desarrollado por tu mera visita, ni ellos tampoco esperan eso. Pero debe quedar claro que vas porque quieres transmitirles que comprendes cómo están y cómo viven, y que estás haciendo lo que puedes para mejorar su situación con tu limitada capacidad y tus limitados recursos. Se trata de construir confianza. Quienes te reciben a menudo no acuden en busca de dinero. Solo quieren ver que te interesas por ellos, que vas en busca de ellos y que quieres verlos en su ambiente. Eso solo los alivia y ayuda a construir confianza en tu liderazgo.

-¿Hay alguna pregunta que no le he planteado y que a usted le gustaría responder?

-Sabes? pienso que? [El silencio se extiende por unos segundos y su tono de voz se torna más sombrío]. No me has preguntado cuál fue el momento más triste de mi experiencia con el Ébola [calla otra vez]. Te diré que fue visitar hospitales y clínicas, y ver cadáveres en las calles, muchos de ellos en las cercanías o incluso en los jardines de los hospitales, obviamente muertos mientras intentaban obtener ayuda. Ayuda que no podían darles porque los médicos también habían muerto, las enfermeras habían muerto y los hospitales estaban cerrados. Esa fue una experiencia que nadie debería vivir. Debemos encontrar la manera de ayudar a los países que lo necesitan, hallar los recursos y ayudarlos a montar los sistemas sanitarios para que, cuando afronten estos desafíos, sus pueblos no queden abandonados a su suerte hasta morir, sino que puedan encontrar alivio, cura y apoyo. Y eso solo puede lograrse a través de las Naciones Unidas, a través de la cooperación entre países. Somos ciudadanos del mundo.

Biografía

Primera mujer elegida jefa de Estado en la historia de África, Johnson Sirleaf fue galardonada con el Nobel de la Paz por el proceso de pacificación en su país

  • Ellen Johnson Sirleaf nació en 1938 en Liberia, estudió en el College of West Africa y luego completó sus estudios en Estados Unidos, en el Madison Business College y en la Universidad de Harvard
  • En 1971 retornó a Liberia para asumir como viceministra de Finanzas, trabajó para el Banco Mundial en el Caribe y América Latina, y volvió a su país en 1979 para asumir como ministra de Finanzas
  • Tras el golpe de Estado de 1980, que asesinó al entonces presidente y casi todo su gabinete, debió exiliarse por cinco años; al volver en 1985 se involucró en la política y en 2005 se convirtió en la primera mujer elegida jefa de Estado en la historia de África
  • En 2011 ganó el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos en los procesos de pacificación en su país tras dos guerras civiles y obtuvo su reelección presidencial; desde 2016 encabeza la Comunidad Económica de Estados del Oeste de África

Recomendación para aprovechar el tiempo

-Dado que los argentinos están forzados a permanecer en sus casas debido a la cuarentena desde hace semanas, ¿qué les sugeriría que hagan? ¿Leer libros, ver películas, escuchar música? ¿Qué está usted haciendo en su escaso tiempo libre?

-[Risas] Bueno? para el tiempo libre, sugiero encarar alguna autobiografía que siempre hayas querido leer pero nunca hayas tenido tiempo para hacerlo. En estos momentos estoy leyendo No Higher Honor, de Condoleezza Rice [por la exsecretaria de Estado y consejera de Seguridad Nacional de Estados Unidos]. Quiero ver cómo ella afrontó todo lo que debió pasar en los Estados Unidos de los 60 y cómo lo superó. Y lo otro que sugiero es un hobby. En mi caso, he vuelto a los rompecabezas. Solía armarlos antes de ser presidenta, cuando estaba en el exilio? los armaba, los enmarcaba y los colgaba en la pared. Ahora, mi visión y mi mente no son tan agudas como hace 15 o 20 años, pero todavía encuentro placer en ellos. Antes eran de 3000 piezas, pero ahora he decidido empezar por uno de 1000 piezas para, al terminarlo, pasar a otro de 1500 o 2000 piezas. De hecho, alguien, sabiendo de mi amor por los rompecabezas, me envió uno que tengo acá, en mi oficina, de 2000 piezas. Es una caja enorme? ¡La enviaré a un museo! [Carcajadas] ¡Cada vez que la veo, pienso: "Ambición, ambición, ambición".

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