Europa se prepara para una provocación rusa: por qué la guerra de Ucrania está más cerca que nunca de extenderse a otros países
Una Rusia acorralada podría evaluar intensificar el conflicto en otras regiones
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WASHINGTON.- La guerra en Ucrania podría estar entrando en una nueva y peligrosa fase, ya que una Rusia acorralada parece estar evaluando si intensificar el conflicto mediante ataques limitados o incursiones militares contra países europeos de la OTAN, como los Estados bálticos o Polonia, apostando a que Estados Unidos no intervendría.
“Diría que el riesgo de escalada es real y está aumentando, principalmente porque [el presidente ruso, Vladimir] Putin enfrenta cada vez más presión interna y está perdiendo en el campo de batalla”, me dijo el lunes el exdirector de la CIA William Burns. Funcionarios afirmaron que, durante el último mes, Estados Unidos ha estado compartiendo con sus aliados europeos advertencias sobre el creciente peligro.
Estamos viendo cómo las guerras pueden desbordar lo que los estrategas denominan el “campo de batalla acordado” y convertirse en catástrofes globales. Con Rusia atrapada en una guerra de desgaste en el este de Ucrania, sufriendo más de 30.000 bajas mensuales por los drones de Kiev, el riesgo es que Putin intente romper el equilibrio atacando a la alianza de la OTAN –a la que considera su verdadero adversario– justo en un momento en que Estados Unidos está menos involucrado que nunca en la historia de la alianza.
La preocupación por una guerra más amplia coincide con la cumbre anual de la OTAN, que comienza el martes en Ankara, Turquía. Los líderes europeos desconocen cómo reaccionará el presidente norteamericano, Donald Trump, ante las recientes provocaciones rusas. ¿Respaldará a los aliados de la OTAN y a una Ucrania fortalecida para disuadir las amenazas de Putin? ¿O tomará distancia del conflicto? Los partidarios de Ucrania sostienen que un repliegue de Trump reforzaría la percepción global, ya instalada tras la guerra con Irán, de que Estados Unidos es una superpotencia en declive.
La reunión de la OTAN “es una oportunidad para que la administración Trump demuestre confianza, poder y liderazgo”, sostiene William Taylor, exembajador estadounidense en Kiev. Según Taylor, los recientes éxitos militares de Ucrania le dan a Trump margen para presionar a Moscú hacia un acuerdo que ponga fin a la guerra. Sin embargo, no hay señales de que Putin esté dispuesto a ceder en las cuestiones fundamentales.
Algunos analistas creen que las recientes amenazas de escalada son simplemente una demostración de fuerza del Kremlin. Los servicios de inteligencia aún no observan movimientos reales de tropas rusas hacia las fronteras de la OTAN ni otros preparativos operativos. No obstante, funcionarios aseguran haber detectado indicios de que Rusia está “desempolvando” planes para atacar objetivos de la OTAN y explorando activamente esas opciones.
Amenazas para la OTAN
El conflicto ya se ha intensificado tanto dentro de Rusia como de Ucrania. Los ataques de largo alcance ucranianos han bombardeado instalaciones petroleras rusas, incluido un ataque el lunes contra la mayor refinería del país, en Omsk, en Siberia occidental. Putin reconoció en una entrevista en junio que “estos ataques contra nuestras instalaciones ciertamente generan problemas; eso es evidente” y que estaban provocando “cierta escasez” de energía.
Mientras tanto, Rusia ha incrementado significativamente sus ataques con misiles balísticos contra Ucrania. Kiev fue bombardeada el lunes por la mañana, tras una ofensiva similar el jueves pasado. Funcionarios ucranianos describieron esos ataques como algunos de los más intensos de toda la guerra, en un momento en que el país se está quedando sin misiles Patriot para defenderse.
La nueva preocupación es que la guerra pueda extenderse más allá de las fronteras de Rusia y Ucrania. Los aliados de la OTAN aseguran estar recibiendo estas advertencias de la CIA, que refuerzan sus propios informes sobre el peligro de una escalada rusa. Por ejemplo, el portal polaco Onet informó el 30 de junio que fuentes de inteligencia de ese país advirtieron que “Rusia podría llevar a cabo una provocación armada contra Polonia” para poner a prueba la respuesta de la OTAN. Entre los posibles escenarios figuraban ataques reales o simulados contra estaciones de transmisión eléctrica polacas o una ofensiva encubierta de carácter “híbrido” cerca de la frontera entre Polonia y Rusia.
“Somos conscientes de las amenazas, en particular gracias a la información de nuestros aliados”, respondió el primer ministro polaco Donald Tusk. “No pretendo asustar a nadie, pero los próximos meses pueden ser críticos; especialmente en los países bálticos, estas preocupaciones son muy reales”, agregó.
Los tres países bálticos –Letonia, Lituania y Estonia– analizan cómo responderían ante un posible ataque ruso. Un funcionario europeo señaló, por ejemplo, que si Estonia detectara una unidad de inteligencia militar rusa (GRU) dentro de su territorio, respondería con un contraataque. Según fuentes de la OTAN, la mejor disuasión para los países bálticos consiste en mantener una vigilancia aérea y terrestre eficaz que permita detectar rápidamente cualquier incursión rusa y reaccionar de inmediato.
Kaliningrado, el enclave ruso situado entre Polonia y Lituania, es otro posible foco de tensión. Desde allí, las tropas rusas podrían desplazarse rápidamente hacia el norte o el sur e ingresar en territorio de la OTAN. Sin embargo, funcionarios de la alianza advierten que, si desplegaran fuerzas cerca de la frontera con Kaliningrado para disuadir a Rusia, Putin podría utilizar ese movimiento como pretexto para un ataque.
Otro territorio clave es Bielorrusia. El mes pasado, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky advirtió que, si Bielorrusia permitía que Rusia utilizara su territorio para lanzar ataques, Ucrania respondería militarmente. Tras el reciente éxito de Kiev con drones y misiles de alcance medio sobre territorio ruso, el presidente bielorruso Alexander Lukashenko pareció dar marcha atrás, en una señal de la nueva capacidad de Ucrania para proyectar poder.
El discurso sobre una posible guerra se extiende por toda Europa. El diario francés Le Figaro informó el 4 de julio que los servicios de inteligencia letones habían advertido el 22 de junio sobre “indicios que sugieren que Rusia está preparando provocaciones militares contra los Estados bálticos o Polonia”. El periódico también citó una advertencia emitida el 29 de junio por el Ministerio de Defensa de Países Bajos sobre el riesgo de un ataque militar ruso “dentro del próximo año”.
El Reino Unido también ha sido objeto de maniobras rusas. El Ministerio de Defensa británico reveló el lunes que, el 2 de julio, el portaaviones HMS Prince of Wales fue “interceptado en reiteradas ocasiones” por un avión ruso que “lanzó múltiples sonoboyas en las inmediaciones y no respondió a las frecuencias internacionales de seguridad”. El portaaviones británico desplegó inmediatamente aviones de combate.
Putin debe calcular cuidadosamente su estrategia de escalada. Como me explicó un analista europeo, enfrenta una elección: ¿mantener cualquier acción en el plano “híbrido”, por debajo de un ataque abierto que pudiera desencadenar una respuesta militar de la OTAN? ¿O lanzar un golpe más contundente, confiando en que Trump no responderá y que el compromiso de defensa colectiva del Artículo 5 de la OTAN quedará expuesto como un simple tigre de papel?
Cuando la guerra entra en su quinto año, corre el riesgo de romper las pocas barreras de contención que aún la delimitan. Rusia lanza misiles contra ciudades ucranianas cada vez más indefensas. Los soldados rusos mueren a un ritmo asombroso en el frente, mientras cada día más ciudades e infraestructuras rusas son atacadas. Al mismo tiempo, Europa está en la mira de Rusia y sus líderes debaten cómo prepararse para un conflicto aún más amplio.
¿Dónde está el botón de la desescalada? Esa es una pregunta que, según fuentes de inteligencia, cada vez más oligarcas rusos comienzan a hacerse. Herman Gref, presidente del banco estatal Sberbank, advirtió públicamente la semana pasada que la economía rusa “simplemente no puede sobrevivir durante un período prolongado” bajo las actuales presiones.
¿Quién podría contener esta guerra en espiral y conducir a ambos bandos, agotados y ensangrentados, hacia un acuerdo de paz? La respuesta, hoy como el día de la asunción presidencial, es Donald Trump, el autoproclamado pacificador. En la cumbre de la OTAN en Ankara, el mundo comprobará si realmente está dispuesto a asumir ese papel.
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