Faltan incentivos para dejar de producir

Ian Bremmer
Ian Bremmer PARA LA NACION
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17 de febrero de 2016  

El derrumbe del precio del petróleo tiene en vilo a todo el mundo.

En Estados Unidos, la producción está bajando, pero no tanto ni tan velozmente como esperaban muchos analistas, y las nuevas tecnologías garantizan que la producción norteamericana puede relanzarse de inmediato para aprovechar cualquier rebote del precio, lo que justamente limitaría la duración de cualquier recuperación significativa de los precios. A eso se suma el final de las sanciones contra Irán, y países como Irak y Libia también están produciendo más a pesar de sus turbulencias.

La verdad de fondo es ésta: ningún gobierno tiene incentivo alguno para desacelerar su producción con la esperanza de empujar los precios al alza. Si los sauditas reducen su producción, por ejemplo, es más probable que pierdan mercados y no hagan subir el precio, ya que otros aumentarían su producción para ocupar su lugar. Rusia, acosada por las sanciones y la recesión, no tiene motivos para frenar su producción. Irán, por su parte, hace años que espera poder vender más petróleo, y eso es lo que hará, aunque sea a bajo precio.

Finalmente, justo ahora que el mundo está nadando en petróleo, es probable que el crecimiento de la demanda se reduzca debido mayormente a la desaceleración de la economía de China y de otros mercados emergentes.

¿Qué países tienen más que perder con estos precios? No es de extrañar que las penurias de Rusia atraigan tanta atención. El gobierno ruso obtiene la mitad de sus ingresos de sus exportaciones de energía. Pero el gobierno de Putin todavía tiene mucho dinero en la mano: más de 350.000 millones de dólares en reservas internacionales. También ayuda el 82% de aprobación de que goza Putin, que por el momento puede dormir tranquilo.

Los sauditas tienen más motivos para preocuparse. El gobierno tiene todavía más de 600.000 millones de dólares de reservas, pero son 100.000 millones menos que hace un año, y a menos que la monarquía saudita pueda reformar drásticamente su economía (difícil que ocurra), tarde o temprano se quedarán sin recursos para garantizarles a sus ciudadanos ese apoyo financiero vitalicio al que los acostumbraron. Y esto ocurre en momentos en que la vecina Irán está en alza y en que Estados Unidos se les ha vuelto un aliado poco confiable.

Pero si hay un país que podría enfrentar una crisis real en 2016, ése es Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro atraviesa una severa crisis económica y el Congreso está controlado por una oposición que podría llamar a un referéndum revocatorio. Al país le resultará difícil no caer en algún tipo de default a lo largo del año. Es probable que Maduro ya esté buscando departamento en La Habana.

Pero no todas son malas noticias. El temor a las vacas flacas a veces impulsa a algunos líderes a adoptar actitudes constructivas frente a sus desafíos políticos. Si las facciones en disputa en Libia no logran trabajar juntas para construir y sostener la unidad de gobierno, ninguna de ellas se beneficiará de la recuperación de sus exportaciones petroleras. Además, los bajos precios del petróleo y los riesgos para la paz social también podrían generar una modesta apertura política en Argelia. Lamentablemente, esas esperanzas en Libia y Argelia podrían resultar un triste consuelo si la baja del crudo se eterniza y termina afectando seriamente a economías emergentes más relevantes, como Rusia, Arabia Saudita, Brasil o Nigeria.

Traducción de Jaime Arrambide

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