Fatiga de cuarentena: el distanciamiento social flaquea en EE.UU. y temen un rebrote

El distanciamiento social, invisible en las playas de California.
El distanciamiento social, invisible en las playas de California. Fuente: AFP - Crédito: Apu GOMES
Rafael Mathus Ruiz
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27 de abril de 2020  • 17:37

WASHINGTON.- Estados Unidos nunca se encerró del todo, pero, aun así, el país ingresó en su séptima semana de dispar y tibio aislamiento con claros síntomas de "fatiga de cuarentena". A medida que el hartazgo de la gente avanza, y los estados empiezan a relajar restricciones y a permitir que vuelvan a abrir los negocios, más personas empezaron a moverse con mayor amplitud.

Un análisis de la Universidad de Maryland concluyó que, desde mediados de abril, luego de Semana Santa, la gente empezó a alejarse cada vez más de su casa, luego de vivir poco más de un mes en "aislamiento", y el distanciamiento social comenzó a flaquear, un giro que, para los epidemiólogos, atenta contra la ofensiva desplegada para frenar la pandemia del nuevo coronavirus .

"Durante las primeras cinco, seis semanas desde mediados de marzo, nos fue bien. El distanciamiento social aumentó, o se mantuvo estable", describió a LA NACION Lei Zhang, director del Instituto de Transporte de Maryland en la Universidad de Maryland. "Luego, el martes 14 de abril, después de Pascua, por primera vez comenzamos a observar una caída en el distanciamiento social. No es en uno o dos estados, es en todo el país", alertó.

Zhang dirige un proyecto vital en la batalla contra el coronavirus. Su equipo diseñó una base de datos que permite analizar el movimiento de la gente en todo el país tomando datos de los teléfonos celulares. Con esa información, construyeron un índice de distanciamiento social que va de 0 –la vida antes de la pandemia– a 100, el "distanciamiento social perfecto". Estados Unidos, donde nunca se implementó una cuarentena nacional estricta como en Italia, Francia, España o la Argentina, llegó a 51. Pero a mediados de abril empezó a caer, y el viernes pasado el índice bajó hasta 44, con una notable dispersión territorial: en Washington, D.C., se ubicó en 69, el pico para el país, mientras que Wyoming, un estado rural, donde la gente suele moverse más que en las ciudades, tuvo el peor registro, 23. En el sur y en el centro es más bajo que en las costas.

Para Zhang, el giro fue "un poco desconcertante" porque el distanciamiento social logró aplanar la curva de contagios. Estados Unidos pareció bajar la guardia. "Estamos viendo fiebre de la cabaña o fatiga de cuarentena. No es fácil quedarse en casa, especialmente tener que quedarse en casa por más de un mes. Es un cambio de comportamiento importante", indicó. El análisis de Zhang confirmó además que el país nunca paró del todo.

"Nuestros datos muestran que aún más de la mitad de los estadounidenses no se quedan en su casa. Y miramos otros datos, como el tráfico. En todo Estados Unidos, los vehículos que circulan por las rutas bajó aproximadamente un 20 por ciento. No nos estamos distanciando socialmente a los niveles de otros países", indicó.

Largo aislamiento

El encierro a medias de Estados Unidos comenzó el 16 de marzo, casi dos meses después de que se registraran las primeras muertes por Covid-19 en el país. Ese día, el presidente, Donald Trump, presentó sus "lineamientos" para imponer el distanciamiento social y le pidió a los norteamericanos que se queden en su casa, salvo para tareas esenciales, como compras en el supermercado o la farmacia. Los estados empezaron a emitir después, uno tras otro, sus propias órdenes de confinamiento.

El análisis de la Universidad de Maryland confirmó el creciente cansancio que parecen sufrir los norteamericanos con la política, un fenómeno atado a lo que psicólogos llaman "fiebre de las cabañas", o "cabin fever": un estado emocional que conjuga irritabilidad, apatía, pérdida de motivación, angustia y un sentimiento de vacío y soledad causado por un aislamiento prolongado en un mismo lugar.

Una reciente encuesta de la agencia AP indicó que un 61% de los norteamericanos respalda las órdenes de permanecer en su casa, mientras que sólo el 12% cree que van demasiado lejos. Pero entre los republicanos ese apoyo es menor: un 22 por ciento, cree que las órdenes son muy duras. Ese mayor rechazo se vio en las protestas que despuntaron en varios puntos del país en las últimas semanas, en las que se pudo ver con claridad que la mayoría de los manifestantes eran también simpatizantes del presidente, Donald Trump.

"Creo que es seguro, aunque sea una carga para todos", dijo Carl, 65 años, jubilado, afroamericano, quien vive ahora con su hermana, mientras mataba el tiempo en un banco en Logan Circle, una de las plazas de Washington. En un día frío y nublado, Logan Circle estaba casi vacía. Pero un día de sol suele estar atestada de gente, sobre todo los fines de semana. Carl se mostró "¿Viste esa m… en California? Abrieron las playas, se llenó de gente. No lo ves en Nueva York. Nueva York es un pueblo fantasma, nadie en las calles", describió.

Varios estados ya comenzaron a transitar el camino de la reapertura. Georgia, Mississippi, Tennessee, Oklahoma y Carolina del Sur se convirtieron en los primeros lugares, en el sur del país, en permitir que ciertos negocios vuelvan a operar, como restaurantes, peluquerías, salas de bowling, cines, salones de belleza o locales de tatuajes.

Zhang ha compartido sus números con epidemiólogos y dice que están preocupados por el declive del distanciamiento social porque eso lleva a nuevos contagios. "Después de una o dos semanas, eso significa un aumento de nuevos casos, y más muertes", advirtió.

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