
Fragor en la batalla y en las urnas
Patricio Bernabé LA NACION
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El mundo enfrentará 2009 con el pesado lastre de una crisis financiera de colosales dimensiones. Pero el año que comienza también estará bajo el fragor de los cañones y de las urnas, y ofrecerá otros escenarios. Entre ellos, la llegada de Obama al poder en Estados Unidos, con una expectativa mundial que se verá satisfecha más en los gestos de carácter moral, como el cierre de la prisión de Guantánamo y el fin de la tortura como método válido de interrogatorio a sospechosos, que en espectaculares golpes de timón en política exterior.
La lucha antiterrorista correrá su eje hacia Afganistán y Paquistán, a medida que se replieguen las tropas de Irak. La escalada bélica entre israelíes y palestinos, y el desafío nuclear iraní requerirán también la atención de Washington.
Con su promesa de permitir los viajes de cubanos y el envío de remesas a la isla, las relaciones de Washington con La Habana podrían ingresar en una nueva fase. Este año, además, América latina tendrá un agitado calendario electoral.
En octubre, el oficialista Frente Amplio enfrentará en Uruguay a una oposición en alza. En diciembre, en Chile, la gobernante Concertación irá por primera vez dividida a las urnas, con un candidato socialista y otro democristiano, lo cual beneficiaría al conservador Sebastián Piñera. A ellos se sumaría Bolivia, cuya población deberá decidir en enero, en un referéndum, la aprobación de la nueva Carta Magna, que abrirá el camino a la cita electoral en la que el mandatario indigenista Evo Morales buscaría un polémico primer período, ya que no se tomaría en cuenta el actual. Otro aliado de Hugo Chávez, el ecuatoriano Rafael Correa, arrancaría el año con un plan para reestructurar la deuda externa declarada en moratoria tras dejar de pagar intereses de bonos Global.
La pujante China y la resucitada potencia Rusia tendrán los ojos puestos en América latina. Pekín necesita desesperadamente mantener su ritmo de crecimiento mediante la apertura de nuevos mercados. Pero también el mundo mirará a China en junio, cuando se cumplan 20 años de la masacre de Tiananmen. Los reclamos de más libertades (desde adentro y desde afuera) serán casi inevitables.
El gobierno guiado por Vladimir Putin, por su parte, ya ha dado muestras de una política exterior más agresiva, que alcanza desde lo comercial hasta lo militar. Moscú tendrá otros frentes abiertos: el escudo antimisiles de Estados Unidos en Europa del Este y el desafío de una OTAN ampliada, que recortaría su poder en su zona de influencia histórica. Pese a que la caída de los precios del petróleo podría afectar su economía, Rusia conserva cuantiosos fondos y la llave energética europea por el gas que envía a través de Ucrania es una formidable carta de negociación. Será, en suma, un año de batallas de distinto tenor.




