Hungría pone a prueba el proyecto europeo en unas elecciones cruciales para Orban
El premier húngaro, en el poder desde 2010, diseñó un sistema electoral que le asegura chances de mantenerse en el poder, pese a que en los sondeos está detrás de su antiguo aliado Peter Magyar
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BUDAPEST.– Hungría es un país paradójico. La mayoría de esas extravagancias reside en que todo el sistema electoral fue construido para que, en una elección, los votos de la oposición puedan terminar favoreciendo al gobierno. En ese caso, aunque pierda, el gobierno podrá seguir en el poder.
Y este domingo no será la excepción. Este 12 de abril, unos 7 millones de electores son esperados en las urnas en las elecciones legislativas más reñidas de Hungría en más de una década. Peter Magyar, un exmiembro del partido gobernante Fidesz que se convirtió en figura de la oposición, representa el primer desafío genuino al gobierno del primer ministro Viktor Orban en los últimos 16 años. En Europa son muchos los líderes que confían discretamente en la derrota del actual primer ministro. Su salida eliminaría al más persistente obstáculo de la Unión Europea (UE) en una serie de temas, incluyendo las sanciones a Rusia y el apoyo a Ucrania.
Los húngaros deben elegir 199 escaños en la Asamblea Nacional, mientras cinco partidos principales presentan listas nacionales: Fidesz (en el poder), Tisza (partido de Peter Magyar), Mi Hazánk (extrema derecha), Coalición Democrática (DK, centro-izquierda), y el Partido Húngaro del Perro de Dos Colas (MKKP, satírico). Por otra parte, teniendo en cuenta la predicción de los sondeos y la voluntad de cambio de la población de este país de 10 millones de habitantes, varios partidos de oposición (como el Movimiento Momentum, Jobbik, LMP) han decidido retirarse para facilitar la alternancia, reduciendo así el número de formaciones en competencia en comparación con las elecciones anteriores.
Magyar, de 45 años, es el líder de Tisza, formación de centroderecha que las encuestas independientes colocan por delante del Fidesz de Orban por 11 puntos. Sin embargo, a pesar de esta ventaja considerable, los sondeos pueden no captar completamente todas las dinámicas involucradas en esta elección. El avance de Magyar en las encuestas puede pasar por alto las ventajas electorales estructuradas para favorecer a Orban y Fidesz.
Hungría tiene un modelo electoral único que favorece al partido más grande, que durante años ha sido Fidesz. La Asamblea Nacional tiene 199 miembros elegidos mediante un sistema mayoritario mixto en el que los electores emiten dos votos: el primero llena 106 escaños individuales, y el candidato con más votos gana el escaño; el segundo llena los 93 escaños restantes, y los votos se emiten para partidos políticos.
Pero, mediante un mecanismo de “votos excedentes”, en lugar de descartar los votos a candidatos perdedores, como hacen la mayoría de los sistemas mixtos, Hungría suma esos votos al total nacional de la lista del partido ganador. Por ejemplo, si Fidesz domina la competencia de miembros individuales, también recibirá votos adicionales para los escaños de lista. Este mecanismo diabólico ayuda a explicar cómo Fidesz aseguró el 68% de los escaños parlamentarios en 2022 mientras solo recibía alrededor del 53% de los votos.
Por lo tanto, Tisza necesitaría superar a Fidesz por más de un 6%, simplemente para asegurar una mayoría parlamentaria, haciendo que la ventaja real que disfruta Tisza sea mucho más ajustada de lo que indican las encuestas.
Las desventajas estructurales para los partidos de oposición también están integradas en el sistema electoral de Hungría. Después de asegurar una supermayoría en 2010, el gobierno de Orban rediseñó los distritos para concentrar a los votantes de la oposición en circunscripciones urbanas más grandes, mientras creaba circunscripciones rurales más pequeñas con votantes inclinados hacia Fidesz. Esto ayudó a Fidesz a mantener su supermayoría en 2014 con el 70% de los escaños parlamentarios a pesar de ganar menos del 45% de los votos.
Pero las preocupaciones sobre la integridad electoral de Hungría van más allá de estos aspectos del sistema. En las elecciones de 2018, el testimonio de más de 170 escrutadores reveló casos de compra de votos, intimidación a votantes, irregularidades en el voto postal, papeletas desaparecidas y problemas técnicos con el software electoral. Por separado, se informó que convoyes de ómnibus transportaron a cientos de titulares de pasaportes húngaros desde Ucrania a través de la frontera para votar por Fidesz, mientras que los registros electorales supuestamente listaban a 110 personas viviendo en una sola casa de dos habitaciones y 200 en una casa familiar de un solo piso. La habitual “compra” de votos ya habría comenzado hace semanas, según diversas asociaciones como Transparencia Internacional.
En ese contexto, los datos actuales de los sondeos merecen tomarse con cuidado. Mientras que las encuestas independientes colocan a Tisza con una ventaja cómoda, las encuestas alineadas con el gobierno muestran una historia diferente, con Fidesz 7% arriba de Tisza. También existen limitaciones estructurales en las encuestas. Los húngaros de la diáspora, que históricamente votan abrumadoramente por Fidesz, no son contados en los sondeos locales pero sí se cuentan en el umbral nacional de votos.
El efecto de la interferencia extranjera también se cierne sobre la elección. Con el apoyo encubierto ruso y el apoyo abierto estadounidense a Fidesz, las encuestas que muestran a Tisza adelante ofrecen solo una visión parcial de las fuerzas que moldean esta campaña.
Nada de esto quiere decir que Peter Magyar no pueda ganar. Hay datos concretos que apuntan a su verdadero impulso. Tisza obtuvo casi el 30% de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo de 2024, mientras que 100.000 personas asistieron a una de sus concentraciones en Budapest el mes pasado. Pero la lección de 16 años de gobierno de Orban es que las ventajas en las encuestas previas a las elecciones por parte de los partidos de oposición no se traducen necesariamente en escaños parlamentarios en Hungría.
Tisza, por su parte, presenta un frente de oposición inusualmente unificado, poniendo al sistema electoral favorable a Fidesz bajo una presión poco habitual.
En todo caso, esta vez, Orban difícilmente puede apoyarse en su balance económico. Porque en los últimos años, el poder adquisitivo de los húngaros se ha desplomado literalmente. Y el símbolo de esa caída es su moneda. En Hungría, país donde no hay euros, la moneda oficial es el forint. Entre 2010, el año en que Orban llegó al poder y hoy, su valor cayó 30%. Ahora es una de las monedas más frágiles de toda la UE. Paralelamente, el costo de vida ha explotado y la inflación ha sido altísima en los últimos años, con un pico de más del 25% en 2023. En diez años, el precio del alquiler de un departamento se duplicó y los salarios no aumentaron. A escala de la UE, Hungría ocupa hoy el último lugar en términos de poder adquisitivo por habitante.
Pero, ¿cuál es la posición de la UE ante las posibilidades de triunfo de Fidesz? Bruselas se ha acostumbrado a que Orban actúe como un obstáculo en casi todas las iniciativas legislativas más importantes del bloque, obstruyendo o ralentizando su implementación. Muchos líderes europeos ven pues las elecciones de este domingo como una solución a sus problemas, pero son conscientes de que la salida de Orban no está garantizada.

Ante esa posibilidad, la UE ha preparado cinco escenarios, que incluyen hasta la eventualidad de una expulsión del bloque.
Bruselas planea neutralizar el chantaje de Budapest tras las elecciones del 12 de abril. Sobre la mesa están la suspensión del derecho de veto, un congelamiento total de los fondos y la suspensión del derecho de voto de Hungría. La opción más radical, ya en discusión, es la expulsión completa del país de la Unión Europea.
Numerosos diplomáticos del bloque aseguran que la UE ha preparado planes de contingencia sobre cómo lidiar con un quinto mandato consecutivo de Orban. Bruselas estaría dispuesta, por ejemplo, a aplicar la votación por mayoría cualificada (QMV), que requiere el 55% de los Estados miembros que representen al menos el 65% de la población de la UE, para asuntos que actualmente exigen decisión unánime, como el presupuesto de la UE para siete años.
Además, países ideológicamente alineados podrían formar “coaliciones” dentro de la UE y hacer un esfuerzo conjunto para abordar temas a los que el primer ministro Orban podría oponerse, como el apoyo militar a Ucrania.
El brazo judicial de la Unión está preparado también para imponer más multas a Hungría, además de la penalización de 1 millón de euros diarios que el país está recibiendo actualmente por violar los términos del Pacto Migratorio de la UE de 2024. Sin embargo, eso podría ser un punto discutible, dado que Hungría ha tenido la gran mayoría de sus fondos de cohesión de la UE suspendidos desde 2021, y ninguno de ellos ha sido liberado desde diciembre de 2023.
También está sobre la mesa la posibilidad de despojar a Hungría de sus derechos de voto dentro del Consejo de la UE en caso de otra victoria de Fidesz. El artículo 7 de los tratados de la UE otorga al Consejo ese derecho, mientras el Parlamento Europeo ya ha activado procedimientos del artículo 7 contra Hungría. Sin embargo, según diplomáticos europeos, es un procedimiento difícil de implementar, dado que requiere la aprobación de los otros 26 Estados miembros, y que el primer ministro Robert Fico de Eslovaquia es un firme opositor. Otro de sus aliados es su homólogo checo, Andrej Babis.

El último escenario en la lista para manejar la victoria del primer ministro Orban es la expulsión de Hungría de la Unión Europea. Una opción extremadamente improbable, pues no existe un mecanismo claro para ello en los tratados del bloque. Si Bruselas tuviera que “ponerse creativo” con la interpretación de los tratados nuevamente, tendría que usar el artículo 50, la cláusula de salida que el Reino Unido activó en 2016, y aplicarla involuntariamente a Hungría.
“Sin embargo, la capacidad de la UE para superar el estancamiento político no debería depender de una elección realizada en un campo de juego desigual en uno de sus Estados miembros”, afirma Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Robert Schuman.
Este domingo aún puede producir un resultado histórico. El partido Tisza de Magyar ha movilizado una oposición más amplia y energizada que cualquier otra que Hungría haya visto en la última década. Pero la elección no termina hasta que se cuenten todos los votos. Los líderes europeos deberían planificar en consecuencia.
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