
Irán, en pie de guerra contra la muñeca Barbie
La sustituyeron por la musulmana Fátima, pero las iraníes prefieren al juguete de EE.UU.
1 minuto de lectura'
TEHERAN.- Irán vive en estos momentos una auténtica "guerra de las muñecas". De un lado está la musulmana Fátima; del otro, la occidental Barbie, y el campo de batalla en donde se enfrentan son los bazares de Teherán y el imaginario cultural de las chicas iraníes.
Aunque los sectores tradicionales están cada vez más en guardia contra la influencia de los modelos culturales occidentales y las brigadas de la moral hacen rondas para asegurarse de que las rubias muñecas no estén a la venta, las chicas iraníes siguen prefiriendo estos juguetes "poco islámicos", como las tildó una prohibición de 1996 por sus supuestas "destructivas consecuencias culturales y sociales".
Más allá de que los niños buscan sin cesar juguetes, accesorios y artículos de librería con la imagen de sus dibujos preferidos, como Garfield, Spiderman, Cars o Toy Story, es entre las niñas donde se combate la batalla más importante, porque concierne al modelo femenino que se les ofrece.
A pesar de que sufrió sucesivas prohibiciones, Barbie siguió siendo un éxito de ventas, y por eso Irán se propuso inventar una alternativa a la estilizada muñeca: la "islámicamente correcta" Fátima, no una jovencita sexy, sino una chica mofletuda de grandes ojos negros, vestida con velo y ropa tradicional.
Llegada al mercado hace alrededor de un año, con la recomendación a las familias de alentar su uso, la nueva muñeca fue concebida para intentar triunfar en una misión donde ya habían fracasado Sara y Dara, una pareja alternativa a Barbie y Ken, que fueron lanzados para promover la "cultura nacional" y los "valores morales" infantiles.
Dara es un joven moreno vestido de modo informal y su "hermana gemela" Sara usa ropa tradicional, lleva un pañuelo en la cabeza y tiene en su guardarropas un chador. Pero no tuvieron éxito: Barbie siguió imponiéndose no sólo entre las familias más laicas, sino también entre las más religiosas.
Así como lo hicieron antes, los comerciantes de Teherán continuarán vendiendo la Barbie casi en secreto. Tal vez incluso aprovechen para cobrarla más cara, lo que será el principal desincentivo en la actual crisis económica.
La lucha contra la "intoxicación de valores occidentales" en Irán empezó tras la revolución de 1979. Las quemas de libros, el cierre de universidades para limpiarlas de ideología capitalista, la imposición del hiyab y la prohibición del cine y de la prensa de Occidente fueron signos de la búsqueda de una identidad diferenciada. Sólo algunas películas críticas de Estados Unidos, como las de Michael Moore, llegan a exhibirse en salas comerciales sin pasar por las tijeras del censor.
Agencia ANSA y diario El País





