Jacques Delors: el "Sr. Europa"

Ignacio Colo
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12 de diciembre de 2005  

1994

Primero fue sindicalista; después fue ministro, pero sobre todo fue uno de los principales arquitectos de lo que hoy es el mayor bloque regional del mundo: la Unión Europea. En Francia, su país natal, Jacques Delors es un enigma: cuando todo indicaba que iba a ser presidente, dijo que no.

Personaje público y pudoroso a la vez, su recorrido lo transformó en un político particularmente apreciado en Francia. Delors, que nació en París en 1925, recorrió escalón por escalón el enorme sistema estatal francés antes de ser catapultado a uno de los más altos cargos europeos.

Mientras realizaba sus estudios de derecho y economía en la universidad, Delors dio sus primeros pasos en la función pública en el Banco de Francia, donde también había trabajado su padre. No obstante, su cargada agenda no le impidió continuar con su militancia en las organizaciones juveniles cristianas, que durante sus tiempos de bancario lo llevaría al sindicalismo cristiano.

Católico convencido y partidario de las ideas de izquierda, Delors es también un hombre de su generación, aquella que ingresó en la edad adulta después de la Segunda Guerra, confiando en el resurgimiento del Estado francés.

Así, pasó por los principales escalafones del aparato público de Francia y en 1981 François Mitterrand lo nombró ministro de Economía, cargo que ocupó hasta 1984, cuando pasó a ocupar la presidencia de la Comisión Europea en Bruselas. Es en este puesto donde dejó su huella más profunda, a tal punto que se lo conoce como el "Sr. Europa".

Sus tres mandatos como presidente del principal órgano ejecutivo de Europa estuvieron marcadas por una profunda voluntad de construcción regional. Fue él quien ideó y concretó la supresión de las fronteras internas en el Viejo Continente, quien extendió la cohesión económica y social de la UE y quien sentó las bases de una moneda única.

Padre del Tratado Maastricht (1992), que extiende de forma considerable los atributos de la UE, Delors dejó, en 1994, una Europa profundamente renovada, fortalecida y con 15 países miembro.

2005

Los franceses dicen ver a Delors como les gustaría verse a ellos mismos: trabajador, voluntarioso, fuerte y bueno.

Por eso, el prestigio alcanzado por Delors al frente de la UE -posición que además le permitió quedar al margen de las luchas internas por la sucesión de Mitterrand al frente del Partido Socialista-, su imagen de hombre conciliador y moderado, hicieron que se pensara de él como el candidato ideal capaz de ganarle a Jacques Chirac en las elecciones presidenciales de 1995.

Sin embargo, rechazó el ofrecimiento por una mezcla de razones políticas y personales, a las que seguramente no fue ajena la intención de no interferir en la prometedora carrera de su hija, Martine Aubry (quien al poco tiempo fue ministra del gobierno de Lionel Jospin y ahora es alcalde de la ciudad de Lila).

Siempre presente en el debate europeo por su autoridad en la materia, Delors dirige desde 1996 el grupo de estudios y de investigación Nuestra Europa. También fue presidente del Colegio de Europa de Brujas, Bélgica, entre 1995 y 1999, y desde 2000 se encuentra a la cabeza del Consejo para el Empleo y la Cohesión Social (CERC).

Después de haberse movido durante muchos años por las más altas esferas de la política internacional, de haber sido nombrado doctor honoris causa por 24 universidades, Delors disfruta hoy, un poco más que antes, de sus otras pasiones: ir a ver películas al cine y escuchar conciertos de jazz.

Sin embargo, en junio pasado, debió de haber sentido que se había desmoronado un pilar de su construcción europea: el no de los franceses al proyecto constitucional fue un duro golpe para Delors. "La Constitución debe abrir las puertas a una Europa política, a una Unión Europea con los instrumentos necesarios para que sea más escuchada, más respetada y más fuerte en sus relaciones exteriores", dijo en una entrevista en mayo pasado. Y no fue así.

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