Jean-Claude Hollerich: "Las mujeres deberían votar en el sínodo y llegar a ser cardenales"

El cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo
El cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo Crédito: Página web de la Compañía de Jesús
Elisabetta Piqué
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24 de octubre de 2019  • 09:29

ROMA.- Las veinte religiosas que participan del sínodo sobre la Amazonia a punto de concluir en el Vaticano, no podrán votar este sábado el documento final que se le entregará al Papa, que fue elaborado también con sus aportes en tres semanas de trabajo.

Muchos padres sinodales no entienden por qué y entre ellos está el cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo. En una entrevista con LA NACION, este jesuita de 61 años que vivió en Japón más de dos décadas y habla cinco idiomas, no solo se mostró en favor de que las mujeres religiosas que participan de la asamblea tengan derecho a voto -como ocurre con los religiosos-, sino que fue más allá: aseguró que de haber mujeres-diácono (reclamo que sonó fuerte en estas semanas), debería haber también mujeres-cardenales. "Pienso que cuando uno elige al papa, también las mujeres deberían estar involucradas", dijo.

"Si las mujeres no sienten que son bienvenidas en la Iglesia, en el sentido amplio que implica la bienvenida, entonces la abandonarán", advirtió.

Creado cardenal por Francisco el 5 de octubre pasado, Hollerich, presidente de la Comisión de Conferencias Episcopales de los países de la Unión Europea, destacó la libertad de expresión que hubo en el sínodo y la vitalidad demostrada por los obispos latinoamericanos, mayoritarios en la asamblea. Ante una pregunta sobre el escándalo financiero que sacude al Vaticano en este momento, el purpurado no dudó en asegurar que "si la Iglesia no tiene transparencia, estamos perdidos".

-¿Qué es lo que más lo impactó del sínodo?

-La libertad con la que la gente pudo hablar. Es un bendición que todos pudieran expresarse sin miedo y que no vieran al Papa como a una figura de autoridad, intimidatoria, sino como a un amigo, un hermano. Y esta absoluta libertad en este proceso de sinodalidad me pareció maravillosa. Al mismo tiempo, me ayudó a entender mejor cómo el Papa ve a la Iglesia, con esta visión de un poliedro, desde la periferia y pienso que seguramente la Iglesia en Europa necesita de un input desde afuera, cosa que ví en el sínodo. Aprendí mucho.

-¿Considera que la Iglesia latinoamericana está revitalizando al resto de la Iglesia?

-Me parece que si en Europa escuchamos, podemos llegar a tener esa sinodalidad.

-Se habló de la Amazonia: ¿qué fue lo que más lo sorprendió?

-La violencia que sufren los indígenas. Hay una violencia hacia la naturaleza, la selva y al mismo tiempo hay violencia hacia los grupos étnicos, violencia hacia la gente. Hay muchos mártires por la justicia en sus países, pero ellos no pierden la esperanza. Son personas que luchan y para mí son muy admirables. Y me gustó ver cómo los obispos de la Amazonia están cerca de su gente, sienten el pulso de su gente y que las preocupaciones de su gente son sus mismas preocupaciones.

-¿Entonces le parece que la Iglesia ya es sinodal en la Amazonia, en América Latina?

-Sí, mucho más que en Europa.

-En el sínodo hubo una suerte de enfrentamiento curia vs. resto del mundo, tal como algunos participantes me dijeron?

-Sí, claramente se nota una diferencia de mentalidad y de visión.

-Las mujeres religiosas que participan del sínodo se han quejado porque no pueden votar al final del proceso, algo que consideran totalmente injusto. ¿Usted cree que deberían poder votar?

-Totalmente. No entiendo por qué las mujeres no pueden votar, especialmente si son religiosas, visto que los hermanos religiosos tienen derecho a voto. La presencia de las mujeres es muy importante. Hay muchas más mujeres que en el anterior sínodo sobre los jóvenes y estas mujeres hablan muy francamente, hablan mucho y hablan muy bien. Los hombres las escuchan. Me di cuenta de que cuando tuvimos la cumbre sobre abusos sexuales, en febrero pasado, también fue extremadamente importante lo que decían las mujeres. Tenemos que escuchar a las mujeres. Para mí es normal, pero para algunos es algo nuevo. Y si las mujeres no sienten que son bienvenidas en la Iglesia, en el sentido amplio que implica la bienvenida, entonces abandonarán la Iglesia.

-¿Cree que en el próximo sínodo podrá cambiar el procedimiento y las mujeres obtendrán el voto?

-Espero que sí. Estoy totalmente a favor y ya lo dije en el últimos sínodo. Incluso dije que pienso que sería bueno que hubiera algunas mujeres-cardenales si hubiera mujeres-diácono. Porque pienso que cuando uno elige al papa, también las mujeres deberían estar involucradas.

-En el sínodo muchos obispos pidieron un rol oficial para las mujeres de la Amazonia, incluso el diaconado: ¿es la curia la que se opone?

-Me parece que sí. Pero yo creo que el Espíritu Santo en el sínodo está trabajando para decirnos que las mujeres deberían aportar más a la Iglesia. En mi diócesis tengo a varias mujeres-top en roles de liderazgo: son delegadas espicopales de pastoral social, de nuevas espiritualidades, para la vida religiosa, etc. Ellas son mujeres top. Quiero decir que tienen una espiritualidad más profunda que muchos sacerdotes.

-¿Para usted cuáles serían los indicadores del éxito de este sínodo?

-Me parece que si en el documento final habrá algo sobre la ordenación de hombres maduros casados ( viri probati), si hay algo sobre nuevos ministerios para las mujeres, es decir, nuevos caminos reales, esto va a significar que los que se opusieron no pudieron pararlo y eso ya va a ser muy bueno.

-¿Para usted qué hay en la raíz de esta oposición a una nueva iglesia sinodal?

-Miedo. Miedo a tener que cambiar, empezando por uno mismo.

-Hay quienes dicen que, como el Papa ha sido atacado por el sólo hecho de abrir el debate sobre la ordenación de hombres maduros casados ( viri probati), quizás pueda mostrarse reacio a tomar los pasos necesarios para implementar este cambio.

-No lo sé, porque el Papa va a ser atacado de cualquier manera, cualquier cosa que haga. Hay mucho dinero en su contra, no soy un amigo íntimo suyo, pero pienso que es un hombre que, en la oración, hará lo que piensa que es justo.

-¿En el documento final cuán fuerte será el acento sobre la cuestión ecológica?

-Debería ser muy fuerte, al menos eso espero porque la gente espera esto e incluso afuera de la Iglesia católica hay expectativas en este sentido. ¡Si nuestro planeta es destruido podemos gritar todo lo que querramos sobre curas casados o mujeres-sacerdote, pero el tema es que ya no habrá necesidad de sacerdotes! Así que es el problema más importante y es un problema urgente.

-Se habló en el sínodo del escándalo financiero que sacudió recientemente el Vaticano, con millones de euros del Óbolo de San Pedro que no fueron a los pobres, sino a oscuras inversiones inmobiliarias en el exterior?

-Pienso que la gente que actúa de esta forma tiene que ser echada de inmediato. Se nota cómo la gente reacciona ante los curas: si el cura tiene una novia puede no gustar, pero no se escandaliza, pero si el cura se queda con dinero de la Iglesia, la gente sí se escandaliza mucho. Si la Iglesia no tiene transparencia, estamos perdidos.

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