La captura de Maduro, una bomba en el escenario mundial que abre interrogantes y puede sentar precedentes
Trump dijo que Estados Unidos liderará una transición en Venezuela, pero no dio detalles; los mensajes a China y Rusia
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Tras meses de especulaciones y una creciente tensión militar en el Caribe que mantuvo al mundo en vilo, la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos cayó como una bomba en el escenario internacional. Durante mucho tiempo se dudó si Donald Trump solo estaba lanzando amenazas al aire o si realmente se atrevería a cruzar la línea de una intervención directa en Venezuela. Con su anuncio desde Mar-a-Lago, confirmó que en este segundo y ¿último? mandato está dispuesto a ir por todo y se anotó un importante logro político.
Pero al mismo momento en que despejó las dudas, abrió una nueva ola de interrogantes: ¿Quién gobernará Venezuela a partir de ahora? ¿Habrá una ocupación militar norteamericana? ¿Es el fin del chavismo? ¿Cómo reaccionarán los venezolanos? ¿Qué mensajes les envió a China y Rusia con esta audaz operación? ¿Los países de la región aceptarán esta intervención?
Lo que empezó apenas como una campaña militar contra el narcotráfico, con un despliegue desproporcionado de arsenal —incluido el portaaviones USS Gerald Ford—, ahora derivó en lo que el presidente norteamericano calificó como una “operación brillante”: un terremoto geopolítico que envía ondas a todo el mundo.
Se trata del golpe más impactante desde el bombardeo sobre las instalaciones nucleares de Irán del año pasado, pero en esa ocasión el régimen islámico logró sobrevivir. Ahora, Trump se embarcó en el incierto camino de instalar un nuevo gobierno en un país agotado tras más de dos décadas de chavismo. Dio pocas pistas sobre cómo imagina la transición. En lugar de un traspaso inmediato de mando a las figuras civiles de la oposición, declaró que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela por un tiempo.

Según sus propias palabras, no habrá un vacío de poder, porque un “grupo” de sus asesores más cercanos —entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio, emblema de la campaña de presión contra el chavismo, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth— supervisará la transición junto a dirigentes venezolanos. Ante el coro de periodistas que buscaban más precisiones, Trump dijo que esta apuesta no le costará “nada” a los contribuyentes norteamericanos. Y que su plan es que las empresas petroleras estadounidenses reconstruyan la infraestructura energética y que el petróleo venezolano, las reservas más grandes del mundo, pague la factura de la operación. “Venezuela será grande de nuevo”, dijo.
Las señales más reveladoras de lo que puede estar por venir se encuentran en los comentarios de Trump sobre las figuras clave del régimen y de la oposición. Por un lado, el presidente reveló que Marco Rubio ha estado en contacto con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez. Según Trump, Rodríguez se ha mostrado “esencialmente dispuesta a hacer lo que creemos que es necesario”, una afirmación que contrasta con las denuncias públicas de “ataque brutal” que ella misma emitía en la televisión estatal venezolana casi en el mismo instante. “Maduro es el único presidente de Venezuela”, insistió ella más tarde. Esta posible colaboración sugiere que Washington podría estar buscando una transición basada en el pragmatismo, con elementos del antiguo régimen que garanticen la operatividad del país, especialmente en el sector petrolero.
Pero Trump no se pronunció sobre un tema clave: quién controlará ahora a los militares venezolanos y si encontrará colaboracionistas o no. Tampoco está claro cómo reaccionarán los venezolanos a cualquier tipo de acuerdo político con figuras del chavismo tras 20 años de opresión y en un país empobrecido. ¿Habrá una demanda urgente de elecciones presidenciales?
Esta apertura hacia figuras como Delcy Rodríguez parece un mal presagio para María Corina Machado, la líder opositora y ganadora del Premio Nobel de la Paz. A pesar de que Machado celebró la captura de Maduro como la llegada de la “hora de la libertad” y ha pedido que Edmundo González Urrutia asuma el mandato constitucional, Trump fue tajante. Dijo que sería “muy difícil” que ella fuera la líder de Venezuela porque “no tiene el respeto” ni el apoyo necesario dentro del país. Tras ayudarla a salir de Venezuela hacia Oslo para proteger su seguridad, ahora la Casa Blanca parece no considerarla una pieza fundamental en su diseño de la transición venezolana.
La operación se enmarca también en un giro agresivo de la política exterior norteamericana, bajo la visión de Trump de que el mundo está dividido en esferas de influencia. Para el magnate republicano, el hemisferio occidental es su área de dominio exclusivo, lo que muchos analistas ven como una recuperación y radicalización de la Doctrina Monroe del siglo XIX, que establecía el lema “América para los americanos”. Bajo lo que se ha empezado a llamar la “Doctrina Donroe”, un juego de palabras con su nombre, y en un contexto de declive relativo y ante el ascenso de China hacia el rol de superpotencia, el mensaje es que Estados Unidos será el único que mande en su patio trasero.
Paradójicamente, aunque la captura de Maduro parece un golpe a los aliados de Rusia y China en la región, el mensaje de fondo podría ser bien recibido en Moscú y Pekín. Al actuar bajo la lógica pura de las esferas de influencia y no bajo el derecho internacional, Trump está validando un precedente que beneficia a sus rivales. Para Rusia, la acción de Washington en el Caribe refuerza su narrativa de que tiene derecho a controlar Ucrania por estar en su zona de influencia directa. Del mismo modo, en China, los sectores que abogan por una acción similar sobre Taiwán ven en la operación en Caracas una prueba de que las grandes potencias pueden actuar en sus vecindarios sin que la comunidad internacional pueda —o quiera— detenerlas efectivamente.

“Si pensamos en el escenario global, China se siente en una posición mucho más fuerte debido a este nivel de impunidad, sumado a la capacidad y la voluntad de imponer decisiones en su propio patio trasero: esa es la combinación ganadora”, resumió el analista internacional Ian Bremmer, director de Eurasia Group.
Al normalizar el uso de la fuerza dentro de su propia esfera, Trump proyecta poder, pero también, en cierta manera, debilita los argumentos en contra de la expansión militar de sus adversarios en otras partes del mundo. Dirigentes de la oposición demócrata ya empezaron a alzar la voz contra la operación, después de que el propio Rubio dijo que no le avisó con anticipación al Congreso.
Un último interrogante es si será una intervención aislada o sentará las bases para otras campaña. ¿Seguirán otros regímenes autoritarios como Cuba o Nicaragua? ¿O incluso un país democrático como Colombia? Trump no descartó ninguna opción y dijo que Gustavo Petro deberá seguir “cuidándose el trasero”.
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