La deuda con China, un salvavidas con poca alternativa
Emily Flitter Agencia Reuters
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NUEVA YORK.– Cuando se pide dinero prestado siempre es bueno tener un plan B por si algún acreedor importante nos deja en la estacada. Debería ser así cuando se trata de unos pocos miles de dólares o de un billón, que es lo que el gobierno de Estados Unidos le debe a China.
Ahora que el presidente Hu Jintao está en Washington, vale la pena preguntarse cuál es el plan B de los funcionarios norteamericanos, por si algún día las relaciones llegaran a empeorar y Pekín vendiera sus bonos del Tesoro de Estados Unidos.
China es el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos, con alrededor de 900.000 millones en valores del Tesoro, o más de un billón si se cuentan los bonos en poder de Hong Kong. Eso significa que podría perjudicar a los mercados de Estados Unidos si de pronto vendiera grandes cantidades de bonos.
Casi todos los expertos dicen que si hubiera algún signo de eso, el gobierno recurriría a la combinación de convencer al pueblo para que compre más bonos de la deuda, como lo hizo en la Segunda Guerra Mundial, y encontrar países extranjeros amigables que compraran más bonos.
Se podría pedir a los bancos que aumentaran sus bonos del Tesoro y también usar la Reserva Federal para compensar la situación, aunque esto podría convertir cualquier debilidad del dólar en una recesión. Pero para algunos la idea de que China pueda vender de pronto sus bonos de la deuda norteamericana es casi inconcebible.
Después de todo, cualquier debilitamiento de los mercados norteamericano perjudicaría a la economía china, porque Estados Unidos es un mercado muy importante para sus exportaciones.
Esa actitud sólo podría darse a partir de algún enorme aumento de tensiones sobre un tema como Taiwan o la exploración petrolera en áreas en disputa del Mar del Sur de China, incluidos posibles enfrentamientos militares entre ambas naciones. Ese enfrentamiento le facilitaría a Washington apelar al pueblo para que compre bonos de la deuda por razones patrióticas.
Pero Pekín también podría justificar deshacerse de los bonos si el dólar estuviera en caída, tal vez porque Washington no consigue reducir su déficit presupuestario ni su deuda.
"Si los chinos dicen: «No compramos más bonos del Tesoro», eso podría causar enorme nerviosismo en los mercados", dijo Eswar Prasad, economista de la Brookings Institution y ex funcionario del FMI responsable de China.
En 2009, el economista Brad Setser sugirió que Estados Unidos podía establecer líneas de intercambio de moneda de emergencia con sus aliados políticos en el caso de que China abandonara el mercado de la deuda norteamericana.
Pero la lista de países dispuestos a convertirse en compradores probablemente ha cambiado desde que Europa está en crisis. Japón podría hacer alguna compra adicional aunque limitada, dada su deuda interna.
Otros países ya han comprado grandes cantidades de bonos para evitar que el valor de su propia moneda suba, como es el caso de Tailandia y la India. Después están los productores petroleros de Medio Oriente, que tienen alrededor de 2100 millones de dólares en bonos del Tesoro.
No obstante, los analistas creen que si varias potencias prometen respaldar los precios de la deuda norteamericana con adquisiciones programadas, esa actitud podría tranquilizar el mercado de la Tesorería.
Sin embargo, para Estados Unidos el precio podría ser alto. Un banquero que prefirió permanecer en el anonimato sugirió que en un caso extremo, Washington tal vez tuviera que integrar el dólar a una canasta de monedas para garantizarles a los inversores extranjeros que sus compras no se devaluarían súbitamente. Otra solución sería que la Reserva Federal interviniera una vez más.
Después de todo, el tamaño del segundo programa de expansión cuantitativa (QE), con 600.000 millones de dólares, anunciado el 3 de noviembre, es mayor que la cantidad total de bonos que China compró en 2010. Según datos de la Tesorería, las compras brutas de bonos a largo plazo realizadas por China totalizaron alrededor de 260.000 millones desde enero hasta noviembre de 2010, manteniendo a China en la categoría de tenedora más importante de bonos del Tesoro.
Pero las compras de la Reserva Federal sólo podrían funcionar si la inflación siguiera baja y la recuperación económica, lenta. En otro caso, la reacción podría ser adversa, ya que la percepción de que la Reserva emite dinero y devalúa el dólar podría asestarle un gran golpe a la moneda y devaluar otros valores estadounidenses, incluidos los bonos.
Los funcionarios del Tesoro procuran lograr que los ahorristas internos compren más bonos. Pero David Walker, ex auditor general, ve potencial para un intento más fuerte de venderles bonos a los norteamericanos para contribuir a que el gobierno no dependa sólo de acreedores extranjeros.
Eric Stein, de Eaton Vance, dijo que también era posible presionar a los bancos norteamericanos y obligarlos a comprar más bonos como parte de su colchón de capital. "Incluso en este momento, otros países que no puedan conseguir compradores para sus bonos recurrirán a sus bancos nacionales", señaló Stein.




