La falta de estrategia, el rol de los medios y señales de cansancio: la mirada de un analista israelí sobre el conflicto
Tras casi dos semanas de combates, Ido Dembin advierte un desgaste incipiente en la sociedad israelí, cuestiona la narrativa dominante en la prensa y alerta sobre la ausencia de un plan claro para el día después
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JERUSALEN.- Ido Dembin, analista político israelí y ex director ejecutivo de Molad, un think-tank liberal de este país, no oculta que está preocupado. Exalumno de la Universidad de Columbia y padre de una niña de un año y medio, como todos los israelíes intenta adaptarse a una rutina marcada por las sirenas que advierten que hay que bajar al refugio. Después de 12 días de guerra, más allá de la euforia de los primeros días, en una entrevista con LA NACION admitió que comienza a palparse cierto cansancio en la opinión pública, criticó la cobertura de los medios israelíes de esta guerra y sobre todo, la falta de dirección estratégica para el día después del gobierno de Benjamin Netanyahu. Justamente por eso, estima que si el régimen islámico no cae, como todo parece indicar, esta no será la última guerra contra Teherán.
-Anunciaron la extensión del estado de emergencia hasta el 26 de marzo, dos semanas más… ¿Cómo ve la situación?
-En verdad, creo que se trata de una precaución y espero que la guerra termine antes de eso. Pero tanto en Israel como en Estados Unidos, los gobiernos están tratando de darse o ganar más tiempo. Y al menos en Israel, el público apoya mucho la guerra y, por lo tanto, no se opone demasiado a esta nueva decisión. Diré, sin embargo, que está empezando a aparecer una ligera fatiga o cansancio de la guerra. Se puede ver un poco en los medios y en las redes sociales. Todavía no es la mayoría, pero siento que hay una sensación de cansancio.

-Hablando de los medios israelíes, leí que también empiezan a surgir críticas por su narrativa de que todo va bien, algunos los acusan de estar mintiendo… ¿Cómo evalúa usted la cobertura de esta guerra por parte de los medios israelíes?
-Honestamente, los medios han estado cubriendo esta guerra de manera muy problemática. La mayoría de los medios de comunicación en Israel, en tiempos de guerra, especialmente cuando se trata de Irán, tienen una tendencia a criticar menos e intentar apoyar, no necesariamente al gobierno, pero sí apoyar la acción que el gobierno está emprendiendo. En otras palabras, la mayoría de los principales medios de comunicación ven la guerra como algo que la mayoría del público apoya, por lo tanto tratan de no hacer demasiadas preguntas o dificultarla o investigar demasiado profundamente, sino que intentan reflejar lo que creen que el público quiere, que generalmente es apoyo, patriotismo, agitar la bandera, etc. Y lo que se ve a menudo es que los periodistas se abstienen de hacer las preguntas importantes y se dejan llevar por la ola nacionalista de vamos a ganar, tenemos que vencerlos. Así que todo se colorea a través de lentes rosas en lugar de hacer preguntas importantes. Y pasa lo mismo con la oposición en Israel, donde uno se esperaría que saliera a preguntar sobre cuestiones como cuáles son los objetivos, qué planes hay para lograrlos y por qué el primer ministro (Benjamin Netanyahu) nunca dio una conferencia de prensa decente. Uno ve a Donald Trump que, en cambio, da entrevistas todo el tiempo y conferencias de prensa en Estados Unidos. Pero Netanyahu no y eso me preocupa mucho.
-¿Como evalúa esta nueva guerra contra Irán?
-Creo que es complicado. El problema con la guerra en Irán no es el uso de la fuerza per se. No creo que valga la pena defender al régimen iraní porque no son buenas personas. El problema es principalmente el hecho de que el gobierno israelí no tiene una dirección estratégica sobre qué hacer el día después de la guerra. En otras palabras, el uso de la fuerza no tiene por qué ser malo, especialmente cuando se trata de alguien como Irán, que expresó claramente su deseo de aniquilar a Israel una y otra vez. Y puedo entender por qué la mayoría de los israelíes apoyan el intento de derrotar a Irán. Creo que el problema para la mayoría de los israelíes es que, como los medios de comunicación no desempeñan su papel, la oposición no desempeña su papel y el primer ministro no da esas actualizaciones al público, la mayoría de los israelíes no sabrían, si uno se detuviera y les preguntara hoy cuáles son los objetivos reales de la guerra y si son alcanzables.
-El problema de la falta de estrategia…
-Sí… Cuando Netanyahu dice que estamos tratando de sembrar las semillas para un cambio de régimen en Irán, no explica cómo lo está haciendo. ¿Es ese un objetivo alcanzable? Si no, ¿qué va a pasar? Y mi impresión por ahora es que hay una buena posibilidad, y odio decirlo pero lo he dicho antes, de que esta no será la última guerra, porque si el régimen no cae y tenemos a Mojtaba Khamenei en lugar de Ali Khamenei, quien, hasta donde sabemos, no es menos radical que su padre, y decide tomar esos misiles balísticos que han sido destruidos, tomar lo que queda del programa nuclear y reconstruirlo aún más rápido, aprendiendo de la lección que Israel y el Estados Unidos va a intentar bombardearlo antes de que lo consiga, podríamos encontrarnos en otra guerra en uno, dos o cinco años.
-¿Fue errada entonces la decisión de atacar a Irán?
- Creo que la manera correcta habría sido capitalizar la fuerza que hemos demostrado durante los dos años y medio que han pasado en Siria, en el Líbano, incluso en Irán, en Gaza, y tratar de llegar a ello y elegir la paz y elegir la normalización con los países árabes, tratar de estrangular a Irán diplomáticamente en su avance, debilitarlo, impedir que vuelva a construir ese eje de resistencia, y tratar de usar algo más allá del poder militar, porque el poder militar sólo no puede hacer mucho sin una solución diplomática. Por eso no me opongo a la guerra sólo porque sea mala, aunque sea mala, sino que la objeto cuando al final no hay un objetivo claro.
-¿Es correcto decir que las relaciones israelíes con los países de Medio Oriente mejoran a medida que continúa la guerra con Irán, porque países como Marruecos, EAU y Bahréin impulsan la cooperación militar con Israel, fortaleciendo las alianzas regionales?
-Mayormente sí. Es un caso clásico en el que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Así, los Emiratos, por ejemplo, ya forman parte de los Acuerdos de Abraham, al igual que Marruecos y Bahréin. Entonces, para ellos, ya existe una cooperación con Israel que está muy sobre la mesa, no es algo oculto. Es una decisión estratégica que tomaron hace unos años y tiene sentido que cooperen ahora contra una amenaza conjunta. Lo interesante es que hay varios países como Kuwait, por ejemplo, o incluso Qatar, que es un país muy problemático para los israelíes porque apoyó a Hamas y ha sido un aliado de Irán. Estos países han sido bombardeados por Irán durante esta guerra, y creo que eso los ha empujado más que nunca al lado de Estados Unidos e Israel. Entonces Israel no tiene relaciones con Kuwait, que no es parte de los Acuerdos de Abraham, pero sí es en gran medida parte del frente de esta guerra. Y eso empuja a Kuwait hacia el lado de Israel, y creo que sería increíble si Israel aprovechara esto para tratar de extender una mano por la paz a estos países con los que ya hemos estado trabajando hasta cierto punto pero con los que no hemos estado trabajando formalmente o no han sido parte de los Acuerdos de Abraham.
-¿Qué espera del otro frente de guerra que se ha abierto con Hezbollah en el Líbano?
- Pienso que el gobierno israelí no está haciendo lo suficiente para extenderle la mano al Líbano, donde el gobierno, por primera vez en años, ha dicho: 'estamos en contra de Hezbollah, ayúdennos a deshacernos de ellos’. Eso se ha ignorado. Pero, independientemente de todo esto, hay algunos países que nunca digerirán que Israel haga algunos avances con los palestinos para normalizar verdaderamente las relaciones con ellos. Y creo que Israel haría bien en reanudar las negociaciones con los palestinos, especialmente con la OLP y la Autoridad Palestina, para intentar, una vez más, asfixiar a Hamás no sólo por la fuerza, sino también reintroduciendo a un actor que sea más legítimo, más moderado y esté dispuesto a negociar con nosotros. Y creo que eso también mostraría al mundo que Israel no es sólo un país belicista, que es en gran medida la imagen que tenemos en este momento.
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