La guerra también es cosa de mujeres
Por Alberto Armendáriz Para LA NACION
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NUEVA YORK.- Los ataques terroristas contra los Estados Unidos el 11 de septiembre cambiaron la forma en la que vemos el mundo. Y en el camino también parece haber cambiado la manera en que los medios informan sobre este nuevo mundo: nunca antes se habían enviado tantas periodistas mujeres a cubrir una guerra.
Son ellas, norteamericanas, europeas y latinoamericanas, quienes desde las pantallas de televisión y desde las radios están llevando al mundo cada vez más las noticias del frente de batalla en el norte de Afganistán y del contexto en que se desarrolla el conflicto en Paquistán.
El fenómeno es más llamativo si se tiene en cuenta que trabajan en sociedades musulmanas, donde las mujeres tienen limitados sus derechos y donde, uno cree, les sería más difícil acceder a la información.
Algunas, como Ashleigh Banfield, de la NBC, se cortaron el pelo o se lo tiñieron para llamar menos la atención. Y la mayoría viste camisas largas, pantalones sueltos y dupangas (largos pañuelos para cubrirse la cabeza). Buscan así mantener un perfil bajo y pasar inadvertidas entre la población local.
Allí están, entre tantas otras, la veterana corresponsal de guerra Christiane Amanpour, y Mariana Sánchez Aizcorbe, de CNN y CNN en Español respectivamente; Kate Clark, Susanna Price, Catherine Davis y Jacky Rowland, todas de la BBC; Ashleigh Banfield, de la cadena NBC; Amy Kellogg, de Fox; Elizabeth Palmer, de la CBS; Hilary Brown de ABC; Ana Fernanda Valderrama de la cadena Caracol; Tristana Moore, del británico Channel 4 News, y Zubeida Malik, de Radio 4. Se han convertido en las otras caras y voces de la guerra; rostros más frescos que prefieren las historias humanas a las meramente militares, pero que no dudan en ir a la línea de fuego cuando es necesario.
Y los diarios no se han quedado fuera de esta tendencia: LA NACION envió a Elisabetta Piqué al norte de Afganistán y a Silvia Pisani a Paquistán; Clarín tiene en aquel país a María Laura Avignolo; The New York Times, a Jane Perlez; el español El País, a Angeles Espinosa; el Corriere della Sera, a Maria Grazia Cutuli; Le Figaro cuenta con Arielle Thedrel; The Sunday Express, con Yvonne Ridley (quien el mes pasado logró ingresar cubierta con una burka; fue detenida por unos días y luego liberada); The Sunday Telegraph, con Christina Lamb, y el Financial Times, con Michaela Wrong.
Entre los colegas, Kate Clark, de la BBC, está considerada una de las personas mejor informadas sobre lo que pasa en Afganistán hoy. Clark era la corresponsal de la cadena británica en Kabul hasta marzo último, cuando fue expulsada por el gobierno talibán. "Trabajaba bajo muchísima presión y agonizaba con cada palabra porque podía causar problemas a mis fuentes", dijo Clark a LA NACION poco después de instalarse en Islamabad, desde donde todavía informa, gracias a sus contactos, sobre las terribles condiciones en que viven las mujeres afganas.
Christiane Amanpour, quien ha informado desde Irán, Bosnia, Ruanda, Kuwait y Afganistán antes de que cayera en control de los talibanes, señaló que en agosto último intentó ingresar allí, pero se le negó la visa por ser mujer.
Para adaptarse
"Es como estar en la Edad de Piedra", resumió la argentina Elisabetta Piqué. "Si sos una mujer occidental te ven con mucha curiosidad, como si fueras una extraterrestre. A mí, estando sucia y vestida totalmente tapada, me miraban como si fuera la Cicciolina . Y si los mujahiddines de la Alianza del Norte -con los que estábamos los periodistas- decían que se había acabado el té en el campamento, aparecía milagrosamente si la que lo pedía era yo", comentó la enviada de LA NACION luego de volver del frente de batalla en el norte afgano.
Banfield, de la NBC, decidió cortarse la rubia cabellera y teñírsela antes de partir para Islamabad. "No es lo que mejor me queda, pero la seguridad está primero", dijo esta joven canadiense que cubrió desde muy pocas cuadras de distancia el derrumbe del World Trade Center, en Nueva York. "Viajé bastante por el sudeste asiático y por Medio Oriente, y sentí siempre que ser rubia era una molestia -estimó-. Cuando en NBC me dijeron que me mandarían un traje antibacteriológico y un chaleco antibalas, me di cuenta de lo seria que era la situación y decidí que el pelo se tenía que ir."
Cubrir la campaña de bombardeos norteamericanos desde el vecino Paquistán también resulta riesgoso. Varias periodistas denunciaron que fueron atacadas con palos y piedras durante manifestaciones. Y aun vestidas con ropa tradicional, muchas afirman haber recibido "más de un pellizcón" cuando estaban trabajando.
Una ventaja
Sin embargo, para Christina Lamb, enviada especial del Sunday Telegraph a Peshawar, ser mujer en la región es justamente una ventaja. "Los hombres no se toman a las mujeres tan seriamente, así que nos dicen cosas que no les dirían a otros colegas masculinos -dijo-. Además, los militares y los policías paquistaníes se sienten intimidados cuando una mujer les levanta la voz."
Las mujeres periodistas también agregan otra dimensión al conflicto, estimó Mariana Sánchez Aizcorbe, de CNN en Español. "Las mujeres nos acercamos más a la historia, nos relacionamos más con temas como la maternidad, los niños, los heridos y los refugiados. Tenemos otra manera de sentir las cosas; ni mejor ni peor que la de los hombres, simplemente diferente", indicó a LA NACION esta peruana con experiencia en Kosovo, Timor Oriental y Etiopía-Eritrea.
"Yo, en mi caso, siento una fuerte indignación que me desborda. Si viera estas escenas por televisión en mi casa, estaría estrellándome la cabeza contra la pared -dijo Sánchez Aizcorbe-. Siento la necesidad, la obligación moral de estar acá, decir y hacer algo, participar para que el conflicto no empeore".
Las mujeres van más allá de la información técnico-militar, cuentan historias que de otra manera no saldrían a la luz. El envío de tantas mujeres al frente de guerra, ¿se trata de una decisión editorial, entonces? "No -aseguró Scotti Williston, profesora de Televisión de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, en Nueva York-. Lo que sucede es que ahora hay más mujeres que se dedican al periodismo y se las ve más. Es parte del desarrollo natural".
Según Williston, que fue jefa de la corresponsalía de CBS News en El Cairo y en Roma y cubrió Medio Oriente durante varios años, en las escuelas de periodismo norteamericanas el 70% de los estudiantes hoy son mujeres.
"El gran cambio se va a dar cuando estas chicas no sólo sean presentadoras de noticias en un estudio o reporteras frente a la cámara, sino que también ocupen puestos a la par de los hombres -señaló Williston- Entonces sí notaremos una diferencia en la información que recibimos."
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