srcset

crimen organizado

La mafia en Estados Unidos hoy, entre el mito popular y la realidad

Rafael Mathus Ruiz
(0)
1 de abril de 2019  

WASHINGTON.- Dicen en Estados Unidos que la historia de la mafia dio un vuelco el 14 de noviembre de 1957. Ese día, en Apalachin, un pueblo ignoto al oeste de Nueva York , los capos más poderosos del país se reunieron en la casa de Joseph "Joe the Barber" Barbara para una cumbre histórica. Vito Genovese, quien había capturado el control de una de las familias del crimen organizado en Nueva York, había pedido el encuentro. Quería que las otras familias lo reconocieran como jefe, o "Don".

La cantidad de autos lujosos llamó la atención de la policía local, que monitoreaba la casa de Barbara, y bloqueó las rutas y armó una redada que terminó con casi 60 arrestos. Como otros hitos de la mafia siciliana en Estados Unidos, la dantesca escena de decenas de mafiosos intentando escapar llegó a la pantalla, al comienzo de la película Analízame, protagonizada por Robert De Niro y Billy Cristal.

Ese día de 1957, la mafia quedó expuesta, y Estados Unidos ya no pudo negar su existencia, todavía vigente, como quedó demostrado en el reciente asesinato del supuesto jefe de la familia Gambino. Antes, con J. Edgar Hoover, el FBI se había preocupado más por el espionaje y el comunismo que por el crimen organizado. Pero en los años siguientes el Congreso comenzó a poner más atención y a afilar su mira. En 1963, Joe Valachi, miembro de la familia Genovese, se convirtió en el primer mafioso que rompió la omertá, o el código de silencio, al testificar en una audiencia en el Senado que terminó por llamarse "la audiencia Valachi". Para muchos, fue la primera mirada al mundo de la mafia. Al gobierno federal le tomaría igual un par de años más enfrentar a la Cosa Nostra de forma decidida. No ocurrió hasta la década de 1970, cuando los fiscales y los agentes federales, armados con nueva legislación, volcaron todo el peso de la ley sobre las familias. El resultado: aunque la mafia siciliana aún existe, dista de ser lo que era.

"La mafia, la Cosa Nostra, existe en una encrucijada entre el mito popular y la realidad", define Lee Bernstein, profesor de historia en la Universidad Estatal de Nueva York, en New Paltz. "Cualquier declive que se perciba en la mafia siciliana habla tanto de lo que ocurre en la imaginación popular como en el crimen, de las historias en las que estamos involucrados como sociedad como de la actividad criminal real. La historia de Apalachin es un punto de inflexión en ambas narrativas", agrega.

Para ese entonces, las autoridades federales les prestaban más atención a temas que para el gobierno federal revestían una mayor urgencia que el crimen organizado. Eran los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, primero, y, después, de la Guerra Fría. La visibilidad que le dio la cumbre de Apalachin a la mafia "le puso carne y hueso", en palabras de Bernstein, a un mito popular que había existido desde fines de la década de 1920.

La Cosa Nostra, o LCN para el FBI, despuntó en Estados Unidos a finales del siglo XIX, y en un par de décadas se convirtió en una amenaza criminal creciente en varias ciudades del país. A principios del siglo pasado, de la mano de Charles "Lucky" Luciano, la mafia logró dejar atrás años de violencia y abrió una era de prosperidad con la creación de La Comisión, el primer cuerpo que gobernó el crimen organizado en Estados Unidos, formado en 1931.

La primera Comisión estuvo integrada por los jefes de las "cinco familias" de Nueva York, cada una con su territorio: Bonanno, Colombo, Gambino, Genovese -que originalmente se llamaba Luciano, por "Lucky" Luciano, hoy considerado el padre del crimen organizado moderno- y Lucchese; Al Capone, en Chicago, y Steffano Magaddino, en Buffalo.

Los antiguos capos de saco y corbata, de reuniones en La Habana, que gozaron de años de impunidad, supieron copar páginas en diarios, libros y fueron personajes adorados por Hollywood. Hoy, como reflejo de los cambios en el crimen organizado, el último gran juicio en Estados Unidos tuvo en el banquillo de los acusados a Joaquín "el Chapo" Guzmán, jerarca del cartel de Sinaloa de México, quien se prepara para pasar el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad. Uno de los últimos grandes juicios contra un capo ocurrió en 1992, cuando John Gotti, jefe de la familia Gambino, fue condenado a cadena perpetua.

"Una condición para que haya mafia en cualquier país es que haya corrupción. Si la sociedad no es corrupta, el sistema judicial funciona bien y la policía realmente quiere terminar con la mafia, no tenés mafia. Es fácil de derrotar", explica Stefano Vaccara, periodista italiano que enseña dos cursos sobre la mafia en el Colegio Lehman de CUNY, Nueva York. "En Estados Unidos, hasta que Hoover se hizo cargo del FBI las agencias federales casi protegían a la mafia más que la combatían", agrega.

Para Vaccara, el verdadero rasgo que distinguió la época de oro de la mafia fue su vínculo con el poder político. Vaccara también recurre a una referencia popular para graficar este punto: "En El padrino, Don Corleone es mafia porque tiene a los políticos y jueces en su bolsillo", señala.

César Paz, agente especial del FBI (r.) y asesor internacional de seguridad, coloca el origen del declive de la mafia en los años 70. Durante el gobierno de Richard Nixon, Estados Unidos aprobó una ley, conocida por sus siglas "RICO", que se convirtió en un arma clave en el arsenal de las autoridades para enfrentar el crimen organizado. La ley definió una lista de crímenes y les permitió a los fiscales juzgar a individuos conectados a una "empresa", es decir, una organización criminal. A la par de esa nueva ley, más agencias federales comenzaron a combatir a la mafia por su participación en un negocio ilícito particular: el narcotráfico.

Un agente del FBI encarnó el quiebre en los 70: Joseph Pistone, quizá más conocido por su nombre falso, Donnie Brasco, quien -otra vez- le dio el título a otra película, protagonizada por Johnny Depp. Pistone trabajó durante años como agente encubierto. Para Paz, su trabajo marcó un antes y un después en la lucha contra la mafia.

"Pistone fue uno de los agentes más sobresalientes que hayan existido dentro del FBI. Logró aproximadamente 200 arrestos. Su trabajo fue muy reconocido, muy arduo, y marcó la historia de la mafia, marcó una victoria para las agencias por sus arrestos y sus convicciones", apunta Paz.

Si bien en declive, la mafia italiana aún existe. Según el FBI, en la actualidad hay varios grupos activos en los Estados Unidos: la Mafia Siciliana; la Camorra, o Mafia Napolitana; la ?Ndrangheta, o Mafia Calabresa, y la Sacra Corona Unita, o la Unidad de la Corona Sagrada. La agencia federal calcula que estos cuatro grupos tienen aproximadamente unos 25.000 miembros activos, con 250.000 afiliados en Canadá, América del Sur, Australia y partes de Europa. También se sabe que colaboran con otros grupos del crimen organizado de todo el mundo.

La mafia está repartida en las principales ciudades del noreste, el medio oeste, California y el sur del país. Su mayor presencia se centra aún en Nueva York, el sur de Nueva Jersey y Filadelfia. Las principales actividades delictivas, según el FBI, son el narcotráfico -sobre todo el tráfico de heroína- y el lavado de dinero, aunque la mafia está involucrada también en apuestas ilegales, extorsión y corrupción, secuestro, fraude, falsificación, infiltración de empresas legítimas, asesinatos, atentados con bombas y tráfico de armas.

"La mafia nunca descansa. Las cinco familias, La Comisión, todavía siguen activas", apunta Paz. Las familias siguen divididas territorialmente, con una mayor presencia en Nueva York, Nueva Jersey, Filadelfia, Detroit, Chicago y la región de Nueva Inglaterra. Pero hoy la mafia es menos visible, apunta Paz, y además comparte el mercado con la mafia rusa y la mexicana. Ya no tiene la influencia política de antaño, aunque el asesinato a mediados de marzo de Francesco "Frank" Cali, supuesto jefe de la familia Gambino, pueda haber recordado su existencia. La última víctima entre clanes mafiosos había sido Paul Castellano, muerto en 1985 por orden del capo John Gotti.

El declive de la mafia está marcado también por un fenómeno social, remarca Bernstein: los ítalo-americanos se han integrado al país. En Nueva York, Little Italy ha quedado reducida a un puñado de cuadras cercadas por Chinatown, y, como otros estadounidenses, muchos descendientes de italianos han elegido los suburbios. Bernstein agrega que muchos de los "servicios" que ofrecían los mafiosos, como préstamos, ya no son relevantes gracias al acceso al crédito o a la educación.

"La integración está esencialmente completada, por lo que el crimen organizado ya no funciona de esa manera para ellos", señala Bernstein.

El declive de la mafia como amenaza también ha tocado a la forma en la cual la mafia se ve reflejada en la televisión y el cine. Un viaje desde El padrino hasta Los Soprano.

"Con la disminución de esa amenaza, las imágenes en la cultura popular se han convertido en más 'Soprano', más relacionadas con la angustia general de la clase media de los estadounidenses blancos. La imagen -cierra Bernstein- cambió junto con la realidad".

Gotti, líder carismático

  • El jefe mafioso John Gotti dirigió la familia Gambino de 1985 a 1992 y fue, con su estilo jactancioso y sus trajes caros, el último gran capo estadounidense. Fue condenado a perpetua en 1990, pero siguió dirigiendo el clan desde la cárcel. Murió en 2002.

Con sello mafioso

  • El cuerpo de Paul Castellano, líder de los Gambino, yace frente al restaurante de Manhattan donde fue acribillado, en 1985. El asesinato lo planeó Gotti para hacerse del control de la familia.

Un crimen actual

  • La policía corta la calle de Staten Island, donde se encuentra la residencia de Frank Cali, ultimado a mediados de marzo.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.