La paradoja: la derrota no vence al Tea Party

Silvia Pisani
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17 de octubre de 2013  

WASHINGTON.- Es la paradoja que deja como lección la pesadilla que, ayer, se esquivó a última hora y por los pelos. Esto es, la política convencional, la que conocemos, detesta lo ocurrido.

Pero, por el contrario, el episodio que casi cuesta caro a la economía de Estados Unidos y a las que se mueven alrededor de ella fascina a "las bases" que, en buena medida, movilizan a la sociedad norteamericana y que se expresan a través del movimiento ultraconservador del Tea Party.

"Perdimos, pero era la batalla que había que dar", insistía anoche el senador por Texas, Ted Cruz, el abanderado de la fallida embestida y estrella en ascenso del movimiento que pregona inconformismo frente a Washington y "su burocracia que esquilma bolsillos".

No es un fenómeno nuevo. Pero nunca como ahora a la política "convencional" le había costado tanto contenerlo y doblegarlo. Porque, si era por Cruz y los suyos, hoy Estados Unidos estaría en default y a él le hubiera parecido muy bien.

La energía, el tiempo y el dolor de cabeza que llevó poner las cosas en su cauce fue una de las novedades. Nunca hasta ahora había demandado tanto.

La otra es que, lejos del fracaso y de la humillación, los del Tea Party vivían lo ocurrido ayer con el fanatismo de una experiencia mística y se mostraban dispuestos a volver a hacerlo.

Es gente que se aleja de la política convencional y que vive de cara a sus electores.

Representantes que no duermen en hotel, sino en sus oficinas del Congreso para no causar gastos. Y que proclaman que el mejor gobierno es el más chico y el que menos impuestos cobra. Todo lo demás es el enemigo.

El Tea Party ha votado cerca de un centenar de legislaciones desde que el presidente Barack Obama llegó al poder. Lo de ayer, lejos de desanimarlos, posiblemente les dé más aire.

En esto, las encuestas son engañosas. Porque si bien coinciden en cargar las culpas sobre los republicanos por lo ocurrido, los dirigentes del Tea Party no se consideran necesariamente parte del partido.

"Yo soy más que el partido", confiaba a LA NACION, días atrás, uno de ellos.

Si se analiza su voto, se verá que no siempre acompañaron al bloque republicano y que, en sus discursos -como se repitió anoche, una vez más- son capaces de denostarlo.

Porque cuando el Tea Party vota acuerdos como el de ayer, sale y embiste como un toro, sin ver nada más alrededor. Sus votantes aplauden y adoran a los legisladores y, para ellos, eso es lo que cuenta.

Pocos apostaban ayer a que su estela se apague por esta absoluta y costosa derrota. Ésa es la paradoja que deja la experiencia de estos días.

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