La retórica de Donald Trump cambia el bullying en las aulas

Donald Trump
Donald Trump Fuente: AP
Su lenguaje incendiario, muchas veces condenado por racista y xenófobo, se infiltró en las escuelas norteamericanas y modificó conductas
Hannah Natanson
Perry Stein
John Woodrow Cox
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15 de febrero de 2020  

WASHINGTON.- Dos chicos de jardín de infantes del estado de Utah le dijeron a un compañerito de origen hispano que Donald Trump lo enviaría de vuelta a México. En una escuela de Maine, un grupo de adolescentes se burlaron de una compañera que usaba hiyab diciéndole: "¡Fuera musulmanes!". En Tennessee, otros estudiantes entrelazaron los brazos para imitar el muro fronterizo que propone el presidente y así impedir el ingreso a la escuela de estudiantes no blancos. Y en Ohio, otro grupo de secundarios rodearon a una alumna de sexto grado de primaria y le dijeron: "Este es el país de Trump".

Desde la llegada de Trump a la presidencia, su lenguaje incendiario, más de una vez condenado por racista y xenófobo, se fue infiltrando en las escuelas de todo Estados Unidos. La forma en que muchos chicos hostigan a sus compañeros varió y hay chicos de preescolar que imitan los insultos del presidente y el gesto cruel que acompaña sus palabras.

Según el análisis de 28.000 informes periodísticos hecho por The Washington Post, desde principios de 2016, en más de 300 oportunidades las palabras de Trump, los cantitos de sus seguidores en los actos de campaña y hasta el apellido del presidente fueron usados como agravio o insulto por estudiantes y personal escolar para acosar o molestar a chicos en las escuelas. Según el mismo relevamiento, el blanco de por lo menos tres cuartas partes de esos ataques fueron hispanos, negros o musulmanes.

Por otra parte, el análisis revela que durante el mismo período se registraron más de 45 situaciones de acoso contra alumnos que manifestaban su apoyo al presidente.

En los últimos cuatro años se reportaron públicamente casi dos incidentes por semana de clases. Sin embargo, como la gran mayoría de los casos de bullying nunca aparecen en los medios, la cifra refleja apenas una fracción ínfima del total. La cifra tampoco incluye los miles de insultos, esvásticas y epítetos raciales no vinculados directamente con Trump, pero que la actitud del presidente habría exacerbado.

"Desde la elección de Trump la situación es mucho más difícil", dice Ashanty Bonilla, una chica mexicano-estadounidense de 17 años de Idaho, que el año pasado fue tan acosada por sus compañeros que tuvo que cambiar de escuela. "Escuchan esas cosas de boca del presidente y les parece que está bien. Si lo dice el presidente, ¿por qué ellos no?"

Consultada sobre el "efecto Trump" en la conducta de los chicos en las escuelas, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Stephanie Grisham, señaló que la primera dama, Melania Trump -que lleva adelante una campaña de denuncia contra el acoso en las redes sociales- alienta a tratarse con respeto.

"La primera dama sabe que el bullying es un problema universal que será difícil de eliminar por completo", respondió Grisham por mail. "Pero ella continuará trabajando en nombre de las próximas generaciones, a pesar de la insistencia de los medios en culparla por acciones y situaciones que están fuera de su control".

La mayoría de las escuelas no hacen un seguimiento del fenómeno de bullying relacionado con Trump, y la encuesta del gobierno federal sobre 6100 estudiantes de 2017, últimos datos oficiales disponibles, no incluían una pregunta al respecto. En esa encuesta, uno de cada cinco chicos de entre 12 y 18 años informó haber sido víctima de bullying en la escuela, la misma cifra que en la encuesta anterior, en 2015.

Sin embargo, una encuesta online de 2016 realizada a 10.000 docentes de los niveles básicos realizada por el Centro Southern Poverty Law señaló que más de 2500 docentes "describieron incidentes específicos de discriminación y acoso que podían vincularse con la retórica electoral". En 476 de esos casos, los acosadores usaron la frase "levantar el muro", y en 672 se habló de "deportación".

Así como Trump apunta repetidamente contra los latinos, lo mismo hacen los que hacen bullying en las escuelas. De los casos relevados por The Washington Post, la mitad tuvo como víctimas a latinos.

En uno de los casos de abuso más extremo, un chico de 13 años de Nueva Jersey le dijo a un compañero de clase mexicano-estadounidense de 12 años que "todos los mexicanos deberían irse del otro lado del muro". Al día siguiente, el 29 de junio de 2019, el mismo chico de 13 años atacó a su compañero y a la madre, Beronica Ruiz, hasta dejarla inconsciente en el piso, según Daniel Santiago, abogado de la familia. Santiago se pregunta qué rol juega en todo esto la constante denigración que hace Trump de ciertas minorías.

"Cuando el presidente sale en televisión diciendo que los mexicanos son violadores y delincuentes, los chicos no tienen la capacidad cognitiva para entender que está actuando como un político", señala Santiago. "El lenguaje del presidente importa y mucho".

El hijo de Beronica Ruiz está bajo tratamiento psicológico y sigue sufriendo pesadillas sobre una experiencia que tal vez le lleve años superar. Pero los expertos dicen que el lenguaje discriminatorio tiene la capacidad intrínseca de dañar a los chicos, especialmente a los de color, que ya empiezan a sentirse marginados desde chicos.

"El daño es grave, tanto física como psicológicamente", dice Elsa Barajas, que fue terapeuta de más de 1000 chicos en el Departamento de Salud Mental de Los Ángeles.

Diagnósticos

Como consecuencia, entre los alumnos hispanos la terapeuta diagnosticó insomnio, pérdida de interés en la escuela, y dolores de estómago y de cabeza sin causas orgánicas que los expliquen.

Para Ashanty Bonilla, ese daño arrancó con la respuesta que recibió a un solo tuit que compartió hace diez meses.

"Opinión impopular", tuiteó Ashanty, de 16 años, alumna de la Secundaria Lewiston, en una zona rural de Idaho. "Me enferma la gente que apoya a Trump y después se va de vacaciones a México".

Un compañero de clase, que es blanco, hizo una captura de pantalla del tuit y lo posteó en Snapchat al lado de una bandera confederada. "Opinión impopular, pero: me enferma la gente de México que entra legal o ilegalmente a Estados Unidos", agregó en un mensaje que se viralizó rápidamente entre los estudiantes.

A la mañana siguiente, al llegar a la escuela, Ashanty fue rodeada por media docena de estudiantes. "Sos ilegal, volvé a México", le dijeron. "Malditos mexicanos". Una amiga la llevó a almorzar fuera del campus, pero al volver al estacionamiento, Ashanty notó que el auto estaba rodeado de gente. "Trump Republicano 2020", habían escrito en el polvo del vidrio de atrás.

También ataron el auto a una camioneta con una cuerda. Con las manos temblorosas, trató de desatarla pero no pudo y se largó a llorar mientras notaba que todos le apuntaban con las cámaras de sus celulares.

Durante el último mes de clases, apenas asistió al colegio, y ese verano empezó a sufrir migrañas y ataques de pánico. En agosto, sumida en la desesperación, Ashanty se tomó 27 pastillas de un frasco de antidepresivos. Tuvieron que trasladarla en helicóptero hasta un hospital a 180 kilómetros de distancia.

Un día después de las elecciones de 2016, la hija de Donnie Jones iba caminando por el pasillo de la escuela secundaria a la que asiste en Florida, cuando un docente les advirtió a ella y a dos amigas -las tres de primer año y las tres de raza negra- que Trump "las va a mandar de vuelta a África".

El distrito suspendió al docente durante tres días y a continuación lo transfirió a otra escuela.

"La gente ahora se atreve a decir cosas que hasta hace un par de años no decía", reflexiona Jones, y agrega que tiene miedo de lo que pueda pasarles en la escuela a sus dos hijos menores, de 11 y 9 años, si este año Trump es reelegido presidente.

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide

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