
La revolución de la PC cumple 20 años
Hasta el nacimiento de la computadora personal o PC ( personal computer ), el uso de las computadoras se limitaba a las empresas, las universidades y los gobiernos. Hace veinte años, cuando IBM y Bill Gates la trajeron al mundo, la PC invadió los hogares. Hoy, 500 millones de las 1500 familias que pueblan la Tierra la tienen en sus casas. En pocos años más, como la radio o la televisión, se habrá extendido por doquier.
Como lo indicó Bill Gates en el artículo especial que publicó LA NACION el último domingo, la computadora personal no sólo revolucionó la vida personal y profesional de sus poseedores; fue decisiva, además, para el advenimiento de esa red de conexión entre todos los seres humanos sin la restricción de la distancia a la que le damos el nombre de "globalización".
Hacia 1940, cuando aparecieron las primeras computadoras, eran costosos mastodontes a merced de las grandes organizaciones pero no de las personas. En 1958 se lanzó el primer satélite de comunicaciones. En 1981 nació la PC. En 1983 se formalizó la unión entre los satélites y las computadoras en Internet.
El teléfono y el telégrafo, con los cuales comenzó la revolución de las comunicaciones, se desarrollaron a lo largo del siglo XIX. Entre 1958 y 1983, la revolución culminó. Pero no es una revolución sólo porque está cambiando las relaciones "entre" los seres humanos, sino también porque está cambiando "a" los seres humanos. Millones de años separan al homo erectus del homo sapiens . Veinticinco años separan al hombre tradicional del hombre comunicacional. En estos pocos años ha ocurrido en la naturaleza humana un cambio comparable al que ocurrió en millones de años de evolución.
De Maratón al "clic"
¿Cuál es la frontera entre el hombre tradicional y el comunicacional? Hasta que aparecieron el teléfono y el telégrafo, la comunicación entre los seres humanos viajaba al mismo ritmo que el transporte. El mensaje sólo llegaba junto al mensajero.
El atleta que comunicó a los ciudadanos de Atenas la victoria de su ejército sobre los invasores persas en Maratón, no tuvo otro medio de comunicación que sus robustas piernas. No bien dio la buena noticia, cayó muerto. Su sacrificio marcó el límite de las comunicaciones en los tiempos del hombre tradicional. Ya fuera el chasque en su caballo o el capitán en su barco de vela, todos los mensajeros viajaban a la misma velocidad que su mensaje, imitando de una manera o de la otra al guerrero de Maratón.
Cuando aparecieron el teléfono y el telégrafo, el mensaje se anticipó. Desde entonces la velocidad de los transportes, que crecía moderadamente, fue quedando a la zaga de la velocidad de las comunicaciones. El avión, después de todo, no anda tanto más rápidamente que la carreta si se lo compara con la comunicación instantánea de los satélites. Todavía nos lleva más de diez horas viajar de nuestra casa en Buenos Aires a un hotel de Nueva York. Basta un "clic" en Internet, en cambio, para conectar a un argentino y a un yanqui.
Pero, ¿es lo mismo "viajar" que "conectarse"? ¿Qué parte de nosotros no puede seguirnos en las alas de la comunicación? El hombre comunicacional, ¿es acaso un hombre integral como lo era el portador de la buena nueva de Maratón?
Ser y estar
Ese criollo de ley que fue Mario Bustillo solía decir que sólo es auténtico el hombre que "está en su ser". ¿Dónde está, quién es, el hombre comunicacional? Cuando proyecta su imagen por televisión a miles de kilómetros de distancia, cuando emite su mensaje instantáneo por correo electrónico a algún lector distante, queda escindido entre su cuerpo y su imagen. Su cuerpo está donde siempre, en su oficina o en su casa. Su imagen emigra con la velocidad de la luz hacia la retina del receptor. El emisor se ha convertido en un ser "virtual".
Cuando me comunico sin trasladarme, ¿"estoy" aquí y "soy" allá? Algún día, cuando las anticipaciones del "Viaje a las estrellas" se concreten, nos harán viajar en cuerpo y alma hacia otro lugar descomponiéndonos y recomponiéndonos en un transbordador instantáneo. En ese lejano momento el transporte y las comunicaciones, el "ser" y el "estar", se reconciliarán. Sólo entonces renacerá entre nosotros, milagrosamente intacto, el guerrero de Maratón.






