
Lealtad y discreción, las armas de Laura Bush
Sin provocar polémicas, la primera dama se compromete con la campaña electoral; habla de la guerra y del arsenal de Saddam
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WASHINGTON.- Durante tres años, Laura Bush ha sido una recatada primera dama que promovió causas como el hábito de la lectura y la salud femenina. Pero si algo la hace enojar es que la consideren como una primera dama de los años 50.
"¿En serio que leyó eso?", preguntó incisivamente la señora de Bush, entrevistada en su oficina del Ala Este de la Casa Blanca. "¿Quién escribió eso? ¿Alguna buena amiga mía? ¿Alguien que también me entrevistó?", añadió.
El hecho es que Laura Bush ha pasado a ejercer un nuevo protagonismo como una prominente sustituta de su esposo en su campaña para la reelección. Mientras se intensifican las presiones políticas sobre la Casa Blanca, una primera dama popular y que no provoca controversias logró, con perfil bajo, recaudar 5 millones de dólares para la campaña política de su esposo, lo defendió vehementemente frente a las críticas demócratas, y demostró estar más comprometida con la política de la Casa Blanca de lo que indica su imagen pública.
Durante la entrevista de casi una hora con The New York Times, la señora de Bush calificó de "obviamente políticas" las acusaciones demócratas respecto de que su esposo, en los años en que debió cumplir servicio en la Guardia Nacional, estuvo "ausente sin permiso oficial"; afirmó que Bill Clinton dio crédito, igual que su esposo, a los mismos informes de inteligencia sobre las armas de Saddam Hussein, y describió a Karl Rove, el principal asesor político de George W. Bush, como una figura no tan poderosa como creen "los charlatanes".
Aun cuando defendió enérgicamente las políticas de su marido, la señora de Bush también reveló que podría haber cierta distancia entre marido y mujer respecto de algunas cuestiones.
Laura se negó a responder si estaba a favor de una enmienda constitucional para prohibir el matrimonio entre homosexuales, que los grupos conservadores esperan que haga el presidente. "Creo que dejaré que sea él quien diga lo que hará", respondió. Cuando se le insistió para que expresara su opinión, dijo: "Puede que tenga opinión formada al respecto, pero no la revelaré". La señora de Bush además contradijo a su esposo sobre su declaración de que no lee diarios y que delega a sus colaboradores para que le preparen lo que él llama "noticias objetivas".
"Por supuesto que lee los diarios", dijo Laura, y añadió que juntos, mientras toman un café en la cama y luego, en la mesa del desayuno, recorren las páginas de cinco diarios de circulación nacional. "Hemos leído diarios durante años. Es nuestro rito matinal, desde que nos casamos", sostuvo.
Los colaboradores de Laura Bush afirman que una de sus frustraciones es que siente que la dejaron de lado y que la consideran una primera dama anticuada que dedicó la mayor parte de su vida a la carrera de su esposo y a criar a sus hijas gemelas.
Logros
La semana pasada, en un almuerzo para mujeres que recaudó 230 mil dólares para la campaña de Bush-Cheney en Georgia, la señora de Bush enumeró varias cosas que había logrado su esposo: su reacción frente a los atentados del 11 de septiembre de 2001, su plan de medicamentos para personas mayores, y la ley "Ningún niño rezagado", cuyo propósito es revolucionar el sistema de enseñanza. Y concluyó refiriéndose a lo que la Casa Blanca considera la mayor fuerza electoral del presidente Bush: lo que hizo por la seguridad nacional.
"Quizá lo más importante es que el liderazgo del presidente hace hoy que los Estados Unidos sean un lugar más seguro", exclamó.
Laura indicó que pudo silenciar la actividad de lo que llama el "departamento privado" de la pareja, en los pisos de arriba de la Casa Blanca. "Sin embargo, siempre tenemos conciencia de que éste es el lugar de trabajo además del hogar", continuó.
"Somos como cualquier matrimonio. Hablamos de todo, de nuestras hijas, de las mascotas, de lo que haremos el fin de semana. Luego, por supuesto, hablamos de la campaña", agregó.
La primera dama dijo que con su esposo habían conversado varias veces sobre David Kay, el inspector que afirmó que los informes de inteligencia sobre las armas de Saddam eran falsos. Laura advirtió: "Mi esposo tuvo los mismos datos de inteligencia que tuvo Clinton, los mismos que tuvo el Congreso".
La señora de Bush agregó que la comisión para investigar las fallas de los servicios de inteligencia era "una idea realmente buena". Pero se enojó cuando se le preguntó si había recomendado a su esposo que tratara de prevenir las críticas.
"No, nunca le hice marcar el paso", aclaró. "¿A eso se refiere?", preguntó.
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