Llantos de emoción y ovación por la presencia del papa Francisco en el Capitolio

Boehner se mostró muy emocionado por la presencia del Papa en el Capitolio
Boehner se mostró muy emocionado por la presencia del Papa en el Capitolio Fuente: Reuters
Con su fuerte discurso, el pontífice conmovió a varios dirigentes, especialmente al presidente de la Cámara de Represenante, John Boehner, y el senador y candidato presidencial Marco Rubio, ambos republicanos
Silvia Pisani
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24 de septiembre de 2015  • 13:04

WASHINGTON.- No es común ver lágrimas en el Capitolio, el territorio de la batalla política en este país. Pero, con su discurso de casi una hora interrumpido varias veces con ovaciones, el papa Francisco conmovió a más de uno hasta las lágrimas.

Entre los republicanos, se vio claramente conmovidos a John Boehner, el presidente de la Cámara de Representantes y a Marco Rubio, el senador por Florida que aspira a ser candidato a la presidencia.

El caso de Rubio abre interrogantes. Se lo vio con el rostro bañado en lágrimas en el momento en el que el Papa llamó a no temer a los extranjeros porque en este país todos lo fueron en algún momento. Rubio, hijo de refugiados cubanos, es contrario a la reforma migratoria, algo que le ha costado bastante caro entre la población hispana.

Entre los demócratas, se lo vio claramente conmovido al vicepresidente Joe Biden. De por sí, es un hombre emotivo, que en estos momentos está especialmente afectado: su hijo mayor acaba de morir de cáncer.

Sin callarse nada, con un discurso en el que habló de justicia social, de tráfico de armas, de pena de muerte, de inmigración y de la necesidad de una economía al servicio del hombre, entre otros puntos, el Papa captó la atención y generó respeto y escucha por parte de la clase política de este país.

No sólo los legisladores lo escucharon. También estaban los integrantes de la Corte Suprema, funcionarios, gobernadores y miembros de las fuerzas armadas.

Afuera lo esperaron miles de personas. A ellos les habló luego desde el balcón del Capitolio, con un saludo en español primero, y luego en inglés. Dio una bendición a los niños y pidió, como suele hacerlo, que recen por él.

Esta vez sumó también la idea de que "quien no crea o no pueda rezar, me desee cosas buenas". Un llamado a la unidad que fue más que bien acogido en el Capitolio. Incluso, por los más renuentes.

Fue, para Francisco,un "momento Obama ". Ocupó el lugar que suele corresponder al presidente de los Estados Unidos en sus discursos anuales. Con el protocolo habitual, ingresó al recinto con el típico "Señor presidente… ¡el Papa!". Y se ganó a todos con su sencillez, su claridad y su cortesía para decir lo que piensa.

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