Los cristianos de Irak alertan por el creciente poder de los chiitas
Temen que haya gestos de intolerancia
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BAGDAD.- Todos los domingos, Imad, uno de los poquísimos iraquíes cristianos que viven en este país, toca el violín para acompañar la misa de las cinco de la tarde que el padre Vincent celebra en la capilla católica de San Rapahel, en el barrio de Kerrada.
Como muchos de los 700.000 cristianos que viven en Irak -de los cuales dos tercios son caldeos, es decir, reconocen al Papa, pero tienen un rito distinto-, desde la caída de Saddam, hace casi un año, Imad se siente en peligro.
"Al igual que los musulmanes, los cristianos tenemos miedo de salir de casa. Por cuestiones de seguridad, tuvimos que celebrar la Navidad a las cuatro de la tarde", dice a LA NACION a la salida de la misa, a la que asistieron unas treinta personas, la mayoría iraquíes cristianos, pero también monjas de varias congregaciones, entre ellas dos de la India, con el sari típico que utilizaba la Madre Teresa de Calcuta.
"La situación empeoró: ahora no tenemos ninguna protección, no hay leyes, no hay policía. No tengo miedo, pero nadie nos defiende", se lamenta el padre Vincent, un sacerdote católico belga que vive en Irak desde hace 40 años. Aunque señala que existe un "modus vivendi" con los musulmanes -cuya mayoría, el 60%, son chiitas-, el padre Vincent no oculta su preocupación por el futuro. La sociedad iraquí, famosa por su secularismo, en la anárquica era pos Saddam ha sufrido una suerte de islamización a raíz del creciente poder de los grupos chiitas, tan radicales que intentan imponer a las mujeres el uso del velo.
"Si los grupos fundamentalistas chiitas toman el poder será muy peligroso para los cristianos, porque ellos no distinguen entre religión y política, y porque no son tolerantes", advierte el padre Vincent.
El arzobispo Ferdinando Filoni, representante del Vaticano en Irak, no es tan alarmista, como refleja en una entrevista en la Nunciatura, la única embajada que quedó abierta durante la guerra, junto con la de Cuba, y que ahora se destaca nuevamente por ser la única que no está rodeada de inmensas planchas de cemento antikamikazes, como las demás. "No quisimos medidas de seguridad extraordinarias, hechas de muros, porque, como durante la guerra, queremos seguir estando al lado de la gente", explica a LA NACION monseñor Filoni.
"Como cristianos, gracias a Dios hoy no tenemos divergencias con los musulmanes", asegura este sacerdote italiano con años de diplomacia sobre sus espaldas, que sin embargo admite que "como consecuencia de la falta de ley que impera aquí, hay pequeños grupos chiitas más fanáticos que imponen su modo de ver las cosas".
"En lo formal, los cristianos estamos satisfechos, porque en la Constitución provisoria, que dice que la religión oficial es el islam, se reconocen nuestros derechos como minoría", dice. "El problema nace por ejemplo en Basora o en Bagdad, donde familias cristianas que tradicionalmente venden bebidas alcohólicas fueron atacadas y sus negocios, destruidos", explica. "Pero estas agresiones no tienen que ver con los cristianos, sino se deben al alcohol, que los integristas consideran algo malo", agrega.
"Lo positivo es que no tenemos un conflicto religioso. Si los cristianos tienen miedo es por el mismo motivo que los demás, que tiene que ver con la tensión diaria, las bombas, los secuestros, y los asaltos", destaca. "El Papa (que se opuso con toda su fuerza a la guerra preventiva en Irak, e intentó todo para detenerla) fue ciertamente quien logró desactivar la mina de una guerra de religiones, y de un conflicto entre cristianos y musulmanes", subraya.
Otra mirada
Zuhair Al Toma, un iraquí católico de 56 años, cuyos dos hijos viven en Alemania, y que tiene una hermana monja, ve las cosas de otra manera. "En Irak ha habido un éxodo de cristianos iraquíes en los últimos años. Cerca de dos millones se fueron a vivir a Estados Unidos y Canadá, y todos los que quedamos aquí, católicos (latinos), caldeos, asirios, armenios, sirios, protestantes, tenemos el sueño de irnos. Estamos cansados de ser discriminados, primero por los sunnitas, ahora por los chiitas", acusa. "Soy ex profesor de educación física, tengo casa, dos autos, pero quiero irme de Irak, como hizo toda mi familia, para poder tener una vida normal", dice.
Para Andreas Abouna, obispo auxiliar del Patriarcado caldeo de Bagdad, el malestar de los cristianos tiene que ver sobre todo con la exasperación que produce la caótica situación general. "Es cierto que hay muchos cristianos desesperados, porque creían que todo iba a cambiar de un día para el otro. Pero van a hacer falta años para que la situación se normalice. De todos modos, los cristianos no son los únicos que viven amenazados. Todos los iraquíes necesitamos seguridad", afirma.
- Muchos creen que si las fuerzas de la coalición se van de Irak, la situación podría degenerar en una guerra civil entre chiitas, sunnitas y kurdos: ¿usted qué opina?
-Es demasiado temprano para decirlo. Lo que si sé es que necesitamos que se reconstruya el país. Ellos lo destruyeron, y necesitamos que lo reconstruyan. Ellos son los responsables.

