
Los enclaves coloniales de España en el norte de Africa
Por Narciso Binayán Carmona
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"Todo puede ser cambiado -dice un viejo proverbio marroquí- excepto los hijos y los vecinos." Es una excelente definición de las densas, con frecuencia tensas, relaciones amistosas, mediocres o guerreras que entrelazan a través de los siglos la vida entre las dos orillas del estrecho de Gibraltar.
Aquí Africa y Europa se miran una a otra. Desde la modesta altura del peñón de Gibraltar se divisan las costas de la otra orilla, y a la inversa. Apenas en una hora, dos o dos y media se cruza de Algeciras a Ceuta o a Tánger, según el medio (ferry o aliscafo). Una distancia prácticamente igual a la que separa Buenos Aires de Colonia.
Hoy, con la desaparición de los imperios coloniales en Africa, España mantiene aún cinco enclaves en la costa marroquí. Son dos ciudades: Ceuta y Melilla, más el peñón de Vélez de la Gomera, el peñón de Alhucemas y las tres islitas Chafarinas (sumadas no alcanzan a tener un kilómetro cuadrado).
Ceuta y Melilla son recuerdos de la Reconquista de la península y también de la Unión de Portugal a España bajo Felipe II.
Por otra parte, apenas Marruecos recuperó su independencia, el sultán Mohammed V reclamó su devolución. La URSS avaló el pedido, incluyendo, de paso, las Canarias (XVAsamblea de las Naciones Unidas, 1959). Idéntico planteo había hecho, cinco siglos antes, el obispo de Burgos, don Pablo de Santa María en el Concilio de Basilea, en nombre de Castilla. El reclamo serio lo reiteró Hassan II: "Liberad los territorios aún irredentos: Ceuta, Melilla y los peñones".
Ceuta tiene una enorme importancia estratégica. En el año 400 allí desembarcaron los vándalos para la primera y más olvidable presencia germánica en Africa. Desde allí cambió la historia europea: en 709, su señor "el conde don Julián" (Urbano) instó al general árabe Musa a cruzar el estrecho, con lo que se inició la larga y rica presencia musulmana en la península.
A éste siguieron nuevas oleadas de invasores musulmanes (bereberes no árabes), en los siglos XI, XII y XIII. Ya resultó molesta para los mismos árabes españoles y en 1306 fue conquistada por Granada, iniciándose una serie de tomas y contratomas hasta que en 1437 fue ocupada por Portugal. España la conservó cuando los dos reinos se separaron en 1640. Ha sufrido incontable cantidad de sitios y ataques. Fue singularmente importante el asedio de 1694-1727 bajo el sultán Ismail. Inglaterra también intentó tomarla apenas ocupó Gibraltar, y así a través de estos dos siglos. En la última guerra formal (1859-1860), el bronce de los cañones tomados a los moros se utilizó para hacer los leones que custodian el palacio de las Cortes de Madrid.
Menos turbulenta es la historia de Melilla que, como Ceuta, fue tomada en un coletazo africano de la Reconquista. Conquistada por el andaluz Pedro Estopiñán en 1497, ha sufrido una respetable cantidad de sitios como el de 1715-1727 o el de 1774. El comandante español tenía el curioso nombre de Juan Sherlock. Casi cayó en manos del famoso líder Muhammed Abd-el-Krim en 1921, cuando proclamó la república del Rif en el norte de Marruecos (1921-1926) El peñón de Alhucemas lo incorporó España en 1673; el de Vélez de la Gomera, a menos de una cuadra de la costa (1564), debió ser abastecido por submarino durante el sitio de 1921, y las Chafarinas, a 4 kilómetros de la costa, fueron tomadas en 1860.
Reflexión
En la tempestuosa trayectoria de estos cinco enclaves no apareció hasta hace muy poco un intento negociador. En 1994, el rey Hassan señaló que "la solución no podía esperar demasiado para poner fin a una situación anacrónica", en tanto que el primer ministro planteaba en las Naciones Unidas un proceso similar al que se intenta en otros casos, como el de Gibraltar. España habló de un sistema de autonomía, en tanto que Marruecos desea la descolonización. Finalmente, la Unión Parlamentaria Arabe propuso a España en Rabat que se retirara, sugiriendo "la creación de una célula de reflexión para encontrar una solución que garantice la soberanía y los derechos de Marruecos y los intereses de España" (abril de 1995). Ni la OTAN ni la Unión Europea han incluido los enclaves dentro de su "paraguas" aquella, ni de su régimen ésta.
Abd-el-Krim, en 1924, al no poder viajar a Buenos Aires, donde había sido invitado, recordó que su pueblo "está luchando por los mismos ideales que reivindicaban Miranda, Moreno, Bolívar y San Martín". Abd-el-Krim luchó como patriota pero tenía gran simpatía a España, su cultura y su mundo.
Ahora, con la "célula de reflexión", se podrán evitar tantos combates y años de sangre como aquel terrible del "barranco del lobo": "Melilla ya no es Melilla/Melilla es un matadero/donde van los españoles/a morir como corderos" (1909). Al menos así están hoy las cosas.
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