Los Zorreguieta: vascos pioneros en tiempos de la colonia
Su familia seguirá la entronización desde el country Pingüinos, en el partido de Ituzaingó
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Máxima Zorreguieta podrá haberse convertido en una "holandesa nacida en la Argentina", pero aquí pocos como ella y su familia encarnan tan cabalmente el criollismo local: aquel grupo de precursores vascos desembarcados en tiempos de la colonia, asimilados rápidamente y erigidos en testigos privilegiados de la conformación de una nación.
Es curiosa, aunque lógica, la "conversión"de Máxima, la mayor de cuatro hermanos, fruto de la segunda unión de su padre, Jorge Zorreguieta, con la hija de un reputado médico rural: si algo le inculcó su padre, además del apego al campo y la pasión por la nieve y el esquí, fue el orgullo de pertenencia a la sangre vasca de la primera oleada. Esa que hoy está presente en casi un 10% de la población argentina y que él mismo se encargó de rastrear y estudiar como uno de los miembros fundadores, y luego presidente, de la Fundación Vasco-Argentina Juan de Garay.
Las raíces de los Zorreguieta hablan de un fuerte liderazgo, según documenta el libro Los vascos en la Argentina . Descienden de ese grupo de adelantados lanzados al Río de la Plata e internados "tierra adentro". Expulsados de su tierra por la pobreza del suelo y la costumbre del mayorazgo, en la que sólo el hijo mayor heredaba los bienes de los padres y el resto de los hijos debía forjarse un porvenir, sus ancestros se establecieron en Salta a partir de 1790.
Hubo entre ellos un comerciante próspero; luego, un destacado político, historiador y senador salteño: Mariano Zorreguieta. También, un bisabuelo que rompió con la pertenencia geográfica, se radicó en Buenos Aires y culminó como intendente y ministro de Obras Públicas de Mendoza. Se llamaba Amadeo Zorreguieta. Y es a la mujer de éste, Máxima Bonorino, descendiente del rey Alfonso III de Portugal, a la que la monarca le debe su nombre, que significa "la grande". La sangre italiana también se cuela por el lado de su abuela paterna, Cesina Stefanini.
María del Carmen Cerruti Carricart, la madre de Máxima, reforzó la herencia vascofrancesa.Los Carricart provienen del poblado de Ainharp, en los Pirineos atlánticos. Por el lado paterno de su madre, Máxima tiene linaje genovés. Jorge Horacio Cerruti, su abuelo, era un descendiente de italianos de la Liguria. Fue un conspicuo médico y cirujano que al casarse se estableció en Pergamino. Tuvo cinco hijos, y la más chica, Marcela, es la madrina y hasta el día de hoy confidente de la flamante soberana. Fue ella la responsable de enseñarle a Máxima a taquear y a montar a caballo.
Los Cerruti cultivaron la vocación médica, transmitida por generaciones y combinada con el interés por la política: el bisabuelo de la flamante soberana, Santiago Cerruti, pertenecía a la clase acomodada de San Nicolás, se educó en Italia y a su regreso combinó el ejercicio de la medicina con la actuación política. Como afiliado de la UCR, fue líder de la disidencia partidaria. Un férreo opositor a Hipólito Yrigoyen, a quien le atribuía un excesivo personalismo. Llegó a ocupar un cargo de concejal. Pero se retiró cuando sobrevino el golpe de 1930. Fue Jorge Horacio Cerruti, el abuelo de Máxima, quien de alguna manera posibilitó la unión de los padres de Máxima. Como médico rural, conocía a todos los pergaminenses. Jorge Zorreguieta no lo era, pero jugaba allí al polo y frecuentaba los campos de su suegro los fines de semana. Lo acompañaba su primera esposa, Marta López Gil, con quien tuvo tres hijas, con las cuales Máxima mantiene una excelente relación.
La primera profesión de Jorge Zorreguieta fue el comercio exterior, que ejercía en un estudio de la Capital. Por intermedio del médico Cerruti, María "Pame", la madre de Máxima, cambió el bucólico Pergamino por un trabajo en la gran ciudad. Fue la secretaria de aquel estudio de tres despachantes de aduanas, entre los que se encontraba su futuro marido.
A pesar de la oposición de sus padres, una nueva pareja se formó. No pasó mucho tiempo hasta que los padres de Máxima se fueron a vivir juntos al departamento de la calle Uriburu, en Recoleta, que hasta el día de hoy comparten. Máxima llegó al año de aquella unión. Un año más tarde nació Martín (40), restaurateur y dueño de un reducto emblemático en Villa La Angostura: Tinto Bistró. Debieron pasar diez años hasta que nació Juan(30), ingeniero graduado en la UCA, en pareja con una austríaca y residente en Viena.
Inés (28), psicóloga, graduada en la Universidad de Palermo y la más protegida por Máxima, llegó dos años después.
Se sabe que ninguno de ellos la acompañará hoy: gran parte de la familia, a excepción de Juan, seguirá la entronización por TV, recluida en el country Pingüinos, en Ituzaingó. Sus amigos incondicionales, Federico Braun, dueño de La Anónima, y su esposa, María Freixas, los acompañarán en la intimidad de esa celebración.
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