Medio Oriente enfrenta la guerra total que siempre temió y nunca quiso
Todos los países de la región, salvo Israel, advirtieron a Estados Unidos sobre las consecuencias que tendría el ataque, y ahora miran la situación con miedo
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BARCELONA.- La principal consecuencia geopolítica de la invasión de Irak en 2003 por parte de Estados Unidos fue el reforzamiento de Irán como única potencia regional capaz de desafíar la hegemonía estadounidense en Medio Oriente.
A medida que Teherán estrechaba lazos y armaba una red de milicias afines en toda la región, se empezó a perfilar el fantasma de una guerra total que enfrentaría a Irán y sus aliados, el autodenominado “eje de la resistencia”, y Estados Unidos, y que incendiaría a todo Medio Oriente.
Aquel escenario, que provocaba escalofríos desde Beirut a Abu Dhabi, ya está aquí. En las capitales de la región, sus gobiernos hacen ahora cálculos de cómo les afectará el conflicto confiando en que la actual debilidad de Teherán limitará su alcance y los daños que provocará.
Los primeros países directamente afectados por la conflagración han sido los países del Golfo Pérsico que tienen bases norteamericanas y se hallan más cercanos geográficamente a Irán, es decir, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar.
De hecho, la cadena qatarí Al Jazeera tuvo que detener durante unos segundos un debate en directo porque comenzaron a sonar de forma estridente los mensajes de alarma de los teléfonos celulares de sus periodistas ante la inminente llegada de un misil iraní.
Durante la breve guerra del pasado verano contra Irán, la base qatarí de Al Ubeid, la principal base aérea estadounidense en la región, ya sufrió el impacto de un misil. Sin embargo, en aquella ocasión, el ataque fue coreografiado.
Washington había sido advertido con antelación y el ataque tenía como objetivo real desescalar la crisis más que servir de venganza. Esta vez, la situación es diferente, y el alcance de los ataques es más ambicioso, lo que significa que también lo serán las pérdidas económicas, así como también probablemente lo será la pérdida en vidas humanas. De momento, una persona ya ha muerto en Abu Dhabi, la capital de los Emiratos, debido al impacto de los restos de un misil iraní interceptado en el aire.
También pueden ser afectados aquellos países con milicias afines a Irán, como Irak, el Yemen de los hutíes o el Líbano de Hezbollah, considerada el principal activo de Teherán antes de la guerra contra Israel del año pasado.
De hecho, Israel ha bombardeado una vez más el sur del Líbano en las últimas horas, y los libaneses contienen la respiración ante el temor de que Hezbollah responda a los ataques y se involucre en el conflicto. Las consecuencias para un país devastado por la guerra y la crisis económica serían nefastas.
Entre los expertos, hay consenso a la hora de señalar que ningún país de la región, con la excepción de Israel, deseaba esta guerra y, por eso, intentaron disuadir a Donald Trump de iniciarla. Ni siquiera la veían con buenos ojos aquellos países más tradicionalmente hostiles al régimen de los ayatollahs, como Arabia Saudita o Emiratos. “La mera percepción de inestabilidad tiene unos costos significativos. Desde la perspectiva del Golfo, un conflicto prolongado que cree mayor inestabilidad en la zona más cercana es una gran amenaza”, sostiene la analista Monica Marks, profesora de la rama de la universidad NYU en Abu Dhabi.
Las consecuencias económicas a medio plazo pueden ser astronómicas para los países del Golfo. Por el momento, varios ya han cerrado su espacio aéreo. El peor escenario sería que Irán lograra bloquear el estrecho de Ormuz, por donde transita un 20% de la demanda global de petróleo. Ahora bien, Estados Unidos ha desplegado un tercio de su flota militar y debería ser capaz de impedirlo. En cualquier caso, incluso aunque Irán lo intentara y fracasara, podría alterar el tráfico de petroleros atacando a los barcos con proyectiles desde su costa. Los hutíes ya han demostrado en Yemen con sus ataques en el Mar Rojo que no hace falta ser una gran potencia militar para interrumpir el tráfico marítimo.
Aparte de los efectos en el comercio del “oro negro”, una guerra prolongada minaría seriamente los planes para diversificar sus economías que, con mayor o menor medida, están aplicando todas las petromonarquías del Golfo. Probablemente, el esfuerzo más conocido es el impulsado por el príncipe heredero saudita, Mohamed Ben Salman, con su Visión 2030, que pretende alejar al país de su dependencia del petróleo. Una de sus apuestas es el turismo, un sector muy sensible a la percepción de inseguridad. Asimismo, la posición de los Emiratos Árabes como hub del comercio regional deriva en buena parte de su comercio con un Irán bajo un estricto régimen de sanciones. Si el vecino persa se hundiera o se convirtiera en una especie de Estado fallido, la economía emiratí se resentiría.
Consciente de su inferioridad militar, con su ataque contra objetivos en los países del Golfo, Teherán podría querer detener la guerra con otros medios. “[Los iraníes] Están intentando atraer a otros países en esta guerra. Quieren incrementar el costa para estos países, probablemente con la esperanza de que presionarán a la administración para detener la guerra”, apuntó a la cadena Al Jazeera, Mohanad Selum, profesor de Estudios Estratégicos del Doha Institute.
Ahora bien, la capacidad de influencia de estas capitales sobre Washington es bastante limitada, como demostró el infructuoso intento de frenar las hostilidades de Omán, el país que ejercía de mediador en las conversaciones de paz entre Irán y Estados Unidos.
Horas antes del bombardeo, su ministro de Exteriores, Bader bin Hamad Al Busaidi, reveló en una entrevista en la cadena CBS estadounidense que Teherán había realizado una concesión clave que habría impedido la obtención del arma nuclear. “Estamos hablando de una capacidad cero de almacenamiento [de uranio]. Sin eso, no se puede fabricar una bomba... un acuerdo de paz está cerca”, declaró Al Busaidi. De todos los países del Golfo, Omán es el único que ha condenado sin ambages la agresión estadounidense de esta madrugada.
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