Mónica Hirst, especialista en política exterior brasileña: “Flavio quiere mostrarse como un perseguido político, pero es prófugo de la Justicia”
La historiadora analizó la histórica remontada de Lula, el desafío de gobernar con un Congreso dominado por la oposición y el impacto de la huida del excandidato a Estados Unidos en la relación con Trump
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RÍO DE JANEIRO.– A casi 48 horas del balotaje que dio la reelección al presidente brasileño y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inacio Lula da Silva, y mientras el senador y candidato del Partido Liberal (PL), Flavio Bolsonaro, volaba rumbo a Estados Unidos con su familia, Brasil aún intenta digerir los resultados del domingo.
En abierto desafío a la orden del Supremo Tribunal Federal (STF) que le prohibía salir del país, según confirmó a LA NACION una fuente próxima al clan Bolsonaro, el senador huyó del país tras negarse a reconocer la derrota. Según el sitio Metrópoles, el gobierno del presidente norteamericano, Donald Trump, fue notificado del viaje, y Folha de S. Paulo informó que Washington habría participado activamente en la salida. En Estados Unidos lo espera su hermano Eduardo, con una orden de captura en Brasil.
En ese escenario, LA NACION conversó con la historiadora Mónica Hirst, especialista en política exterior brasileña que forma parte de la iniciativa académica Conversatorio Latinoamericano, sobre las claves de la victoria del PT, la gobernabilidad frente a un Congreso dominado por el PL, la interna de la derecha y el impacto de la fuga de Flavio en la relación con Trump y con el gobierno del presidente argentino, Javier Milei.
-¿Cómo explica la histórica remontada de Lula? ¿Es una victoria del presidente o una derrota de Flavio como candidato de la derecha?
-Lo explico básicamente por razones domésticas relacionadas con la propia campaña. Por un lado, la campaña abrió la posibilidad de nuevos métodos, nuevos actores y nuevas formas de trabajar sobre la opinión pública, especialmente en la búsqueda de un electorado que no había estado presente en la primera vuelta. Por ejemplo, con André Janones, creador del canal de Whatsapp “Ejercito de Lula”, que fue muy influyente en la campaña. 10 millones de suscriptores no es poca cosa. Pero no creo que eso hubiera sido suficiente si no se hubiera producido una convergencia entre los esfuerzos de la campaña del PT y de los aliados de Lula y un proceso espontáneo de la sociedad brasileña, de movilización, sobre todo, de los jóvenes. Un segmento juvenil que no se identificó con el partido ni con las acciones institucionalizadas, sino con su propia fuerza y con la necesidad que sentía de expresarse políticamente. Fue algo que sorprendió a toda la sociedad brasileña, especialmente al progresismo y a la izquierda. Yo soy historiadora: la historia se movió en Brasil durante estas elecciones.

-¿Cree que empieza ahora un proceso de transición de la izquierda en Brasil, particularmente del PT, hacia una nueva generación?
-El PT es el principal heredero pero no el único de esta transformación que se produjo en la base de apoyo que permitió que Lula volviera a ser presidente. El PT es una parte de ese proceso. Ahora tiene que demostrar que es competitivo, tiene que sumarse a esta reacción espontánea y demostrar capacidad de diálogo, incluso con sectores situados más a su derecha, en el centro, que apoyaron a Lula. Partidos vinculados a una historia conservadora, como el de José Sarney, o dirigentes como él, también apoyaron a Lula. El PT tiene que lidiar con eso como un dato de continuidad, no como un momento excepcional. No puede percibirlo de una manera oportunista, porque esto no fue una oportunidad, fue un mensaje.
-El PL será la principal fuerza en ambas cámaras. ¿Cómo se gobierna con este Congreso?
-Va a ser muy difícil. Este gobierno ya es difícil hoy y el próximo será todavía más complicado, porque la derecha y, en particular, el PL ganaron mucho espacio y mucha voz. Y eso no va a desaparecer. Lo que está ocurriendo ahora con el candidato del PL va a plantear un problema muy grave en términos de legalidad y de compromiso con las reglas del juego democrático. Flavio no solo sufrió una derrota: ahora está protagonizando un bochorno, una vergüenza que, de alguna manera, va a perjudicar el capital político que el PL ganó en estas elecciones.

-¿Ve una disputa interna en la derecha, por ejemplo, entre Tarcisio, Michelle u otros dirigentes?
- Esa disputa ya existe. Por un lado, está una derecha más conservadora, más pesada, más vinculada al Centrão. Es, digamos, una derecha que funciona según las antiguas reglas y costumbres de la derecha brasileña. Por otro lado, existe una nueva derecha, relacionada con la presencia del PL, con su renovada presencia digitalizada y todo lo que ya conocemos. La primera derecha acertó con la apuesta que hizo en relación con Lula. Fue una apuesta arriesgada, podría haber salido mal, pero va a garantizar el diálogo de una derecha de centro con los otros partidos y con el propio PT. Eso es positivo desde el punto de vista de la gobernabilidad. La derecha del PL, la derecha bolsonarista, es muy histriónica. Es populista, solo piensa en el presente, ni siquiera piensa en el mañana. Y siempre está muy desesperada. Por eso, cabe esperar que aparezcan ideas como la posibilidad de un impeachment contra Lula y que se produzcan obstrucciones institucionales realmente complicadas para el avance de las políticas públicas. La vida del gobierno de Lula, de este cuarto gobierno de Lula, no va a ser fácil.
-La situación cambia constantemente, pero ¿cómo cree que puede evolucionar la situación de Flavio? Si se instala en Estados Unidos, ¿qué impacto diplomático podría tener eso en el gobierno de Lula?
-Flavio y su hermano quieren construir una imagen de que son perseguidos políticos. Pero son prófugos de la Justicia. Hay una gran diferencia. La cuestión es que la gravedad de los delitos políticos que están cometiendo contra Brasil quizás sea mayor que la capacidad de la Justicia brasileña para afrontar esta situación en este momento. Hemos tenido que lidiar con un intento de golpe de Estado, con distintas irregularidades y ahora tenemos que lidiar con la negación y la desobediencia. Le pidieron que entregara el pasaporte y desapareció. Es decir, estamos hablando de delitos graves que deberán ser juzgados, pero en un contexto en el que el sistema judicial brasileño está muy contaminado por la política y, por ende, muy desgastado ante la opinión pública. En cuanto a la permanencia de Flavio en Estados Unidos me imagino que eso ya está negociado con el propio Eduardo: que Flavio tenga el mismo estatus que su hermano, pero no creo que vaya a obtener el asilo político. Ahora bien, en cuanto al efecto que esto pueda tener en la relación entre Trump y Lula, no creo que sea mayor. De cualquier manera, tenemos un problema muy grave en lo que respecta a las amenazas contra nuestra soberanía. Durante todo el proceso electoral, incluso antes de que comenzara, hubo manifestaciones de injerencia política desde Estados Unidos. Fueron inéditas por su visibilidad, aunque no por el hecho de que este tipo de intervenciones no se hubiera producido en otros momentos. Podemos recordar claramente el golpe de 1964. Y si se confirma que el excandidato presidencial pasó por la Argentina, estaríamos ante otra manifestación de intervencionismo, esta vez por parte de un país vecino. Ninguna manera podemos aceptar una intervención política ilegal de ese tipo.

-¿Cómo cree que se reconfigurará la relación con Trump durante el próximo gobierno de Lula?
-Primero tenemos que esperar hasta el 3 de noviembre para saber cómo va a quedar la situación del gobierno de Trump. Aunque las elecciones legislativas no van a alterar, en principio, el poder político del Ejecutivo, podría darse una situación en la que la administración estadounidense quiera concentrarse más en la política interna que en la exterior. De cualquier manera, no es una relación prometedora. Estamos prácticamente a 48 horas de la victoria y el gobierno estadounidense todavía no hizo ninguna declaración de reconocimiento del triunfo de Lula.
-¿Y con Milei? ¿Cómo cree que puede evolucionar esa relación?
-Eso no tiene solución y no tiene por qué tenerla. Hay que esperar a que pase. Eso ya no tiene arreglo.
-La mayor parte de la derecha regional felicitó rápidamente a Lula. ¿Cómo interpreta ese pragmatismo?

-Todo el mundo se está comportando muy bien, de manera civilizada, sin poner la ideología por delante, desde una perspectiva pragmática. Estoy realmente muy impresionada, me ha sorprendido para bien.
-Para terminar, como sabe, en 2027 habrá elecciones en la Argentina. ¿Cree que la victoria de Lula podría provocar alguna reconfiguración política en el país, tanto en el gobierno como en la oposición?
-No tengo ninguna duda de que habrá un impacto, una influencia positiva sobre las fuerzas políticas democráticas. Lo único que no puedo afirmar es que esto vaya a encajar de manera completamente sincrónica, porque se trata de procesos políticos internos muy diferentes, aunque exista una orientación ideológica comparable.
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